La Ruta Turca. De Karaman a Göreme. 18JUL2019

Y por fin llegamos. La Capadocia era el destino final del viaje. El punto más alejado suele coincidir con el lugar más exótico y diferente a lo que es tu hogar y tu zona de confort. Y en este caso así es. Porque lo que hemos visto hoy es sin duda algunas de las cosas más alejadas a nuestro pequeño mundo que conozco. Y todo empezó con el desayuno de la mañana en Karaman.

Porque ya es extraño que de todos los -pocos- huéspedes que nos alojábamos en ese hotel con pretensiones (Nadir Business, le habían puesto de nombre), todos excepto Belén eran hombres. Turcos, de esos que se echan eructos sonoros en la habitación con paredes de papel de fumar. Extraño cuanto menos.

Y a cuarenta kilómetros, entre nubes negras amenazadoras que luego no lo fueron tanto y asfalto malo tirando a pésimo, nos encontramos con las casas excavadas de Manazan**. Sorprendentes, más que espectaculares. Pero sin duda, únicas. Puedes subir por unas pasarelas de madera y visitarlas por dentro, e incluso subir algunos niveles si la linterna del móvil y las agallas te son suficientes para compensar la oscuridad y lo desconocido.

Pero a escasos cuatro kilómetros de ahí, el pueblo de Taskale*** me pareció casi surrealista. En el lateral de la montaña comenzamos a ver puertas y paredes de ladrillos que tapiaban cuevas habitadas. Hasta que aparece la gran pared repleta de pequeños ventanucos formando un rascacielos irreal. La roca muestra pequeñas hendiduras estratégicamente situadas para poder encaramarse a los ventanucos más elevados. Y el resto del pueblo estaba igualmente sumido en el siglo XVII. Pero vivo, con habitantes que iban y venían con sus rebaños o con sus aperos de labranza. Parece que hemos viajado tanto en el espacio como en el tiempo.

Y ya tras unos cuantos kilómetros anodinos, mezclando carreteras desdobladas y alguna que otra autopista (esta vez sonaron las alarmas en el peaje, tendremos que solucionar el tema entre mañana y pasado si no queremos tener problemas), llegamos a la ciudad subterránea de Derinkuyu**. No voy a decir que es espectacular, porque no lo es. Pero si excepcionalmente asombrosa. Porque comienzas a bajar por unos túneles minúsculos y vas viendo niveles laberínticos llenos de pequeñas habitaciones, y sigues bajando niveles y niveles… Dicen que hay más de 8 niveles y que se baja a más de 85 metros de profundidad. Lo dicho, no es espectacular, pero no había visto nada igual.

Y poco después, saliendo de una curva, nos encontramos a la Capadocia*** en su máxima expresión. El castillo excavado de Uçhistar aparecía ante nosotros, rodeado ya de las típicas rocas cónicas excavadas con pequeñas ventanitas. Y si seguíamos cuatrocientos metros más allá, desde el mirador veías Göreme y todas sus formaciones rocosas en una imagen que me explotó la cabeza. Sin duda, ya guardada en la memoria como el reciente amanecer con globos en Pamukkale. Capadocia está ya (sin verla en profundidad, que a eso dedicaremos el día mañana) en uno de los top5 mejores lugares que he visto.

Y a partir de ahora, estaremos cada vez más cerca de casa. Más cerca del trabajo, de las rutinas y de los problemas cotidianos. Pero por supuesto no será un retorno en línea recta. Seguiremos viendo cosas sorprendentes. Seguiremos intentando llenar esa estantería de recuerdos imborrables. Y lo más importante, afrontaremos los problemas cotidianos con otro talante, después de haber superado la cantidad de aventuras y vivencias que nos ha deparado (y posiblemente nos siga deparando) este viaje. Vivir para viajar o viajar para vivir. En este caso el orden de factores no altera el producto.

La Ruta Turca. De Pamukkale a Karaman. 17JUL2019

Quizá la noticia del día es que no ha pasado nada extraño. Que ya es mucho decir, teniendo en cuenta lo que llevamos pasado en este viajecito. Hoy el sol me ha despertado a las 6:30, justo para ver cómo se elevaban los globos sobre la blanca silueta de Pamukkale. Imagen que quedará en mi mente, como la del amanecer en el desierto de Erg Chebbi en Marruecos o las auroras boreales de Islandia.

Pamukkale** y su travertino era uno de los objetivos principales del viaje. Así que le teníamos muchas ganas. Y el día, con esas vistas desde la ventana comenzaba pero que muy bien. Pero como suele pasar cuando le tienes muchas ganas a algo, luego te acaba decepcionando un poco. Porque te imaginas pozas y pozas de agua azulada sobre fondo blanco, y allí agua solo hay en las que llenan para las fotos. Fotos que es imposible hacer de la cantidad de gente que hay chapoteando… En fin, cosas del siglo XXI.

Lo que sí que fue una gran sorpresa fueron las ruinas de Hierápolis*** que se encuentran justo al lado. De hecho la entrada a los dos lugares es combinada. Además de ser bastante grande y conservar algunos edificios bastante imponentes, lo que verdaderamente imponía era su teatro. Y mira que de lejos me parecía otro más, incluso de bastante menor tamaño que el de Pérgamo. Pero al entrar y ver todas sus gradas intactas, y el frontal del escenario con todas sus columnas, te da un subidón. Valió la pena la caminata hasta lo más alto de la colina para verlo. Sí señor. Me deja un buen sabor de boca.

Y luego, carretera y manta. Mucha carretera y poca manta, a pesar de que hoy el día ha estado más fresco e incluso nos ha llovido algo. Por enésima vez en lo que llevamos de viaje, nos hemos vuelto a saltar la planificación para recuperar un par de días de los tres perdidos. Hemos prescindido de la zona de Anatolia, en el sur de Turquía para ir llegando más directos a la Capadocia, destino principal del viaje. Y por eso hoy no han habido más visitas turísticas. Al menos la carretera durante un tiempo ha dejado de ser desdoblada y presentaba algunas curvas y buen asfalto. Y los paisajes han comenzado a ser dignos de lo que se espera de ellos: algún salar, algún lago y algunas montañas. Esto ya es otra cosa.

Hemos llegado a Karaman, una ciudad nada turística donde ni en la recepción del hotel ni en el restaurante hablan inglés. Pero nos hemos entendido, como suele suceder. Es curiosa la doble sensación de inquietud, al no saber si te van a entender, y de satisfacción, al encontrar ese punto exótico que busca cualquier viajero. Y mañana llegaremos a la Capadocia pero antes pasaremos por un par o tres sitios que creo que nos van a sorprender. Pero eso será mañana.

La Ruta Turca. De Bergama a Pamukkale, pasando dos veces por Smirna. 16JUL2019

Hay quien dijo que los viajes se hacen no para ver cosas sino para que pasen cosas. Pues ya puedo afirmar que este de Turquía es un pedazo de viaje. Hoy ha vuelto a pasar eso de que se te cae el alma a los pies, piensas que tienes encima un problema irresoluble, se juntan tres tipos hablando en turco, te medio solucionan la vida pero tú aún no te lo crees, y al cabo de dos horas y 200 kilómetros de más te das cuenta de que al final todo se ha arreglado y solo has perdido esas dos horas

Todo empieza en Bergama, donde después de comprar un candado para Merkel, la Renacida por 20€ (con alarma y todo…) salimos dirección Éfeso. Pero lo importante de hoy no fue que vimos las ruinas, la excepcional biblioteca de Celso incluida, o que perdimos las pegatinas de Turquía que acabábamos de comprar. No. Lo importante tampoco fue contemplar las casas de colores que adornaban el paisaje de Kusadasi. Para nada.

Lo realmente excepcional del día es que la aventura nos volvió a poner a prueba. Belén dice que la moto hace un ruido al frenar, y me doy cuenta que prácticamente se ha comido toda las pastillas de freno delantero. Hierro con hierro, vamos. Estamos a unos 150km del destino de hoy (Pamukale) y dudo que tengan allí pastillas de freno. De momento estamos parados frente a un bar en un pueblo cualquiera de esos por los que pasa la carretera. Se acerca un señor al vernos mirar la rueda de la moto y pregunta qué pasa. A partir de ahí se desencadenan una serie de acontecimientos que para mi son la esencia de los viajes. No las columnas corintias del Ágora de Éfeso.

Acabamos en una tienda que venden motocultores, donde el señor del bar, el dueño de la tienda y otro que aparece de vete a saber dónde frenéticamente llaman desde sus teléfonos a mecánicos, servicios oficiales BMW, etc… para localizar unas pastillas nuevas. Les oigo gritar indignados al saber que no hay ningún servicio BMW de motos a 200 kilómetros a la redonda…

No me digas cómo, acabo con un papel con una dirección casi ininteligible escrita.

—Ves allí, en Esmirna. Allí puede que tengan las pastillas —me dijo el tercer hombre, que era un ganadero de la zona y que chapurreaba el inglés mezclado con alemán.

Y ahí me ves, con las pastillas de la moto de Belén en la mano, que nos montamos en la Merkel para retroceder 100 kilómetros en busca de pastillas. Y para ir más rápìdo, decidimos ir por autopista de pago… de esas que necesitas una pegatina, o un telepass o vete a saber qué necesitas y que aún no tenemos. Y me vuelves a ver andando un buen trecho por la autopista, sin pasar las barreras de peaje, para preguntarle a unos policías que estaban al otro lado.

—Pasa sin problemas. Tienes 15 días para registrarte en el sistema en una estafeta de correos —me dijo.

OK, problema solucionado.

Y la dirección resultó ser correcta. Y se me encendieron los ojos al ver tres BMW medio desmontadas en el taller de mala muerte de Esmirna. Y allí estaba el mecánico, esperándome con las pastillas correctas preparadas para darme. Otros 20€. Y cuando ya me montaba en la moto, tuvo que enseñarme su preciosidad de BMW de los años 30 que estaba restaurando. Se le iluminaban los ojos cuando nombrabas esas letras: Be-eme-uve… Y a mí se me iluminaba la cara.

Y al cabo de una hora ya estaba todo resuelto, y volvíamos a rodar en dirección a Pamukkale. Quién dijo que la vida era una caja de bombones? Pues hoy el mío tenía licor dentro. Porque si este fuera mi primer viaje en moto, con todo lo que llevamos pasado, os aseguro una cosa: o me olvidaba de los viajes para siempre, o me enganchaba a esa adrenalina de tal manera que no hubiera podido dejarlos nunca más. Afortunadamente a estas alturas de mi vida, veo las cosas con más calma. O no.

La Ruta Turca. De Alexandropolis a Bergama. 15JUL2019

—¿Y este tío de qué trabaja? —se ve que le preguntó el vendedor de billetes del ferry al turco afincado en Holanda que me hacía de traductor.

—Dice que es médico —contestó tras preguntármelo a mi. El vendedor de tickets puso una cara de incredulidad.

—¡Pero si se lía hasta con el cambio! —dijo aludiendo a mi primera transacción en liras turcas. —Pregúntale por mi prótesis de rodilla. Hace diez años que me la pusieron y no sé si me la voy a tener que cambiar pronto.

Y así fue cómo me vi envuelto en una conversación médica esperando el ferry a Çanakkale, atravesando el estrecho de Dardanelos entre Europa y Asia. Muy surrealista todo.

Pero lo surrealista comenzó al entrar en Turquía. Bueno, más que surrealista, realidad esperada. Kilómetros y kilómetros de caravana de gente que parecía casi haber pasado la noche en los camiones y los coches que esperaban. Tras preguntarle a un policía, procedimos a avanzar como podíamos entre las filas interminables de vehículos. Las maletas nuevas de Belén no nos hicieron ningún favor esta vez. Pero conseguimos pasar la frontera en un par de horas tras pasar tres garitas. POR FIN ESTAMOS EN TURQUÍA! Objetivo conseguido! Y mira que ha costado! Hace una semana nadie hubiera apostado que llegaríamos a Turquía con las dos motos!

La primera parada fue para sacar liras turcas en un cajero de vete a saber qué población. Avanzábamos rápidamente por autovías con buen asfalto, y aunque no es lo que más me apetecía, el hecho de recuperar el tiempo perdido en la frontera no me parecía nada mal. La segunda parada fue en un puesto de carretera, comprando unas pavías (que yo siempre he llamado nectarinas, pero la influencia aragonesa me está pudiendo) y un tomate para comer más adelante. Y la tercera parada fue para atravesar a Asia en ferry. Y tras responder a la consulta médica y unos quince minutos de ferry (el séptimo y último del viaje), llegamos a Asia.

Y en Asia todo seguía igual… pero con más atascos. Se ve que hoy es el día de la Democracia y de la Unidad del País, y hay juerga por todos lados. Nos las vimos y deseamos para poder ver el caballo de Troya de la película Troya que está en Çacakkale*. Y a partir de ahí, la autovía retrocedía treinta años en el tiempo. Se convirtió en una trampa mortal de esas que tiene pasos de cebra, cruces y semáforos cada dos por tres. Difícilmente podías estar más de un kilómetro circulando a 110 km/h. De hecho era especialmente peligroso hacerlo.

Y a cada paso por una población costera, atascazo! Y así una tras otra. El tiempo se nos iba consumiendo y las posibilidades de ver las ruinas de Pérgamo antes de instalarnos en el hotel se iban diluyendo kilómetro a kilómetro. En realidad no soy muy de ruinas. A ver, soy de piedras, pero no de ruinas. Arquitectura con su tejado y todas sus piedras. Y ver Pérgamo, Éfeso, Afrodisias,… y tantos y tantos enclaves arqueológicos como que se me hace bola. Por lo tanto, y debido a que tenemos que recuperar tres días perdidos por un asuntillo de un robo de una moto -recordáis?-, pues como que vamos a limitar bastante las vistas pedrestres.

Paramos a dar una vuelta por Ayvalik**, un pequeño pueblo a orillas del Egeo muy turístico, con una zona antigua donde las callejuelas se hacen estrechas y están llenos de puestecitos y pequeños restaurantes. Allí intimo con la policía, que pensaba que nos iba a decir que no podíamos dejar las motos encima de la acera… pero no. Se han acercado a alabar nuestras BMW. El pobre tenía que patrullar con una Varadero, no como sus colegas de Estambul, que van con GS!

Llegamos a Bergama a nuestro maravilloso hotel con parking privado. La verdad es que por fuera da miedo. Y por dentro, al menos hasta que entras en la habitación. Al menos el parking es seguro: nada menos que el restaurante del hotel. Se apartan unas cuantas mesas y listo! En definitiva, que todo da miedo. Menos la Wifi, que no puede dar miedo porque casi ni la olemos.

La cena… espectacular. Belén es una crack cuando llega a lugares exóticos: coge la carta, le dice al camarero que quiere lo que sale en la foto, y hemos comido de miedo por 5€ cada uno. Y de momento hemos podido prescindir del comodín del kebab. Aunque estando en Turquía… todo se andará.

La Ruta Turca. De Tesalónica a Tesalónica pasando por Estambul, Catania y Corfú. 11-14JUL2019

—Le llamamos desde la comisaría de policía de Lentini, en Sicilia —dijo una voz en italiano —Hemos encontrado su moto.

A partir de ahí, el viaje debe cambiar de nuevo. ¡Ya me dirás! Emociones a parte, en mi cabeza explotaban los datos y las posibilidades. Pero… ¡habíamos recuperado a La Merkel! El único problema es que ya estábamos a más de mil kilómetros de distancia, a dos ferrys, en otro país y a cuatro días de camino en moto. Esta es la historia de la recuperación de mi GS 1200 Adventure, antes conocida como “La Merkel” y desde ahora mismo como “Merkel, la Renacida”.

Todo empezó unos días atrás, el 7 de Julio (San Fermín) en Catania, Sicilia, cuando Belén se dio cuenta mirando por la ventana del hotel, durante el desayuno, que donde habíamos dejado las motos la noche anterior, ahora solamente parecía haber una. Y efectivamente así era. La reconstrucción de los hechos -según los datos de los que dispongo- es aproximadamente ésta:

Entre las doce de la noche y las nueve de la mañana uno o más individuos (ahora sé que uno de ellos era de origen ghanés y tenía 41 años) se acerca a la moto con no muy buenas intenciones. Lo primero que hace es romper la tapa que cubre la batería para comprobar que no tenga ningún cable extra conectado. Por si fuera una alarma. Cuando ve que no, procede a cortar con una sierra radial de mano el candado del disco delantero. Al forzar el manillar para romper el clausor, se percata de que hay unos cables extraños en la zona, y procede a comprobarlos. Finalmente respira tranquilo al ver que solamente son los cables de alimentación del GPS. Una vez liberada, y con ayuda de alguien, se dispone a meter la moto en la furgoneta que espera en doble fila.

Una GS Adventure con el depósito lleno y tres maletas pesa como un muerto. Y así lo comprueban al meterla en la furgoneta, ya que se les vence a la derecha, rozando la maleta de aluminio izquierda y destrozando el intermitente delantero del mismo lado. Intentando enderezarla, se les cae hacia la izquierda rompiendo el cubremanetas derecho. Pero finalmente la tienen dentro de la furgoneta -presumiblemente también robada.

Luego comprobarían qué había dentro de las maletas laterales: nada. En el topcase encuentran un GPS Garmin Montana, que desprecian, y una batería externa de 16.000 mA que se ve que les hace gracia. Les vendrá bien para cargar el móvil, que a esas horas de la noche ya estaba algo tieso de batería. “La próxima vez robaré una furgoneta con un cargador de mechero”, pensó. Intenta descubrir qué hay en la bolsa impermeable que está asegurada con una malla metálica en el asiento trasero. “Parece que solo es comida”. Ni se molestó en romper la malla con la radial. Y se fue.

Lo que no supuso nunca es que días después unos policías que habían detectado la furgoneta le siguieran hasta Lentini, una población a unos 25 kilómetros de Catania y le detuvieran, como ya habían hecho otras veces. Al abrir la furgoneta, la Polizia Statale descubre a La Merkel dentro. Doble win.

Cuando llamó la policía, nos encontrábamos a unos sesenta kilómetros más allá de Tesalónica, en Grecia. Rápidamente paramos en una gasolinera y comenzamos a intentar encajar las piezas del puzzle para poder seguir viaje. Había múltiples posibilidades y había que explorarlas todas.

La primera que se me ocurrió fue seguir viaje con la moto de Belén y cambiar la vuelta para recoger mi moto. Era lo más lógico, estando tan lejos de Sicilia. Pero cambiar el retorno suponía perder casi cinco días de viaje. De hecho, más o menos los que perderíamos si volvíamos a Sicilia en avión a por la 1200 y luego continuábamos viaje con las dos motos. Y así además podríamos seguir haciendo la mayor parte del viaje con las dos motos. Decidido. Había que buscar billetes de avión.

Tesalónica-Estambul esa tarde, pasar la noche en el aeropuerto y Estambul-Catania a primera hora de la mañana del viernes. Un taxi hasta Lentini y tendríamos toda la mañana para el papeleo en la policía y arreglar imprevistos. Pensamos que el ferry de Bríndisi a Igumenitsa era el mejor y nos daría tiempo a cogerlo al día siguiente, si avanzábamos lo suficiente con La Merkel a pesar de no haber dormido. Y así fue. Aunque fueron los kilómetros más agónicos -por el cansancio- de todo el viaje. Parábamos en cada gasolinera a tomar un espresso, un red bull o lo que fuera. Pero llegamos.

Ahora estamos atravesando nuevamente el Adriático, esta vez con la 1200. Si todo va bien mañana al mediodía recogeremos la moto de Belén del aeropuerto de Tesalónica y seguiremos camino. Habremos perdido en total tres días en todo el proceso. Un éxito planificando, creo. El domingo seguiremos viaje hacia Turquía, y ya nos encargaremos de recuperar esos tres días en el regreso por Europa. Habrá palizones de kilómetros y deberemos prescindir de unos cuantos lugares a visitar, pero eso no quitará que este viaje sea, sin duda, uno de los que más recordemos para siempre. Sobre todo Merkel, la Renacida.

La Ruta Turca. De Bari a Meteora. 10JUL2019

Cuarta vez en Albania y la cosa cada vez está más europea. Lo que hace 8 años eran caminos de tierra con pretensiones de carretera durante decenas de kilómetros, hoy era una magnífica autovía. Bueno, de esas autovías donde cruza gente, aún ves algún burro y de pronto tienes un cruce. Pero autovía. Incluso a la tercera, hemos encontrado una gasolinera que se podía pagar con la VISA. Cada vez quedan menos territorios comanches.

Hasta el ferry de Bari a Dürres casi sale puntual. Y ha llegado solo con una hora de retraso. La idea de hoy era atravesar de norte a sur Albania para llegar a Meteora, ya en Grecia. Y así lo hemos hecho, salvo pérdida del GPS donde aún no habían metido un trozo de esa nueva autovía, y hemos tenido que volver atrás 20 kilómetros.

Hemos comido, como venimos haciendo siempre que visitamos Albania, en una de las múltiples gasolineras abandonadas que te encuentras a pie de carretera. Abandonadas por todos menos por los pájaros que habían anidado en el tejado, y por un maldito mosquito que insistía en picarnos. Albopictus o tigre, no se ha dejado ver tanto. Al final hemos tenido que usar palabras mayores: DEET al 50% y ya ha dejado de acercarse. Las hormigas con aspecto de escorpión ya era otra cosa. Pero parece que iban a la suya.

En la frontera con Grecia ha comenzado a llover algo más intensamente. Pero tampoco tanto. De hecho toda la mañana ha estado nublado dejando unas temperaturas de lo más agradables. En esas que estaba lloviendo algo más y nos hemos desviado para ver las gargantas de Vico**. Son interesantes porque al parecer son las más profundas del mundo, teniendo en cuenta su anchura. Y la verdad es que verlas ha valido la pena, a pesar de los cuarenta kilómetros que nos añadía a la ruta. Además, hemos visto tortugas. Bueno, una y media, si contamos las tortugas atropelladas como media tortuga.

En definitiva, que tenemos hotel con vistas a los monasterios de Meteora***. Mañana vais a flipar con las vistas desde la ventana. Ahora le dejo el iPad a Belén y nos vamos a ver la puesta de sol desde los monasterios. Corrijo, que se ha nublado todo. Directos a cenar que Belén está muerta de hambre.

La Ruta Turca. De Matera a Bari. 09JUL2019

—Pero esta reserva es para dos personas con dos motos— dijo el encargado del check-in del ferry que nos debe llevar a Albania.

—Ya —le dije —Pero sólo llevamos una moto.

—¿Averiada? —dijo inocentemente.

—No. Robada —dije con cara de pena mientras él ponía cara de sorpresa. Como si fuera sorprendente que te roben la moto en Sicilia. A mí me suele pasar.

—OK, no hay problema, señor —dijo. —Pero… Los billetes son para mañana.

Pero comencemos por el principio. Desayuno en Matera***, con unas vistas excepcionales de la ciudad rupestre. Por la noche ya pudimos recorrer una parte, y durante la mañana pudimos constatar que es uno de los mejores lugares del viaje, de momento. Escalera arriba, escalera abajo, te vas encontrando con infinidad de pequeñas fachadas con su puertecita, que acaba estando excavada en la roca. Algunas en mejor conservación que otras. Y tras visitar una de sus iglesias rupestres, excavadas y con frescos en la húmeda roca, llegamos a la catedral, en todo lo alto. Y si piensas que ahí se acaba todo, te equivocas. Porque del otro lado de la montaña las pequeñas edificaciones excavadas siguen y siguen casi hasta el infinito. Es el Sasso de Matera.

Y después de un buen rato de subir escaleras, un buen trecho de moto para descansar. El siguiente punto de ruta es Lecce**. La verdad es que había eliminado algún que otro punto para poder ver con tranquilidad Matera. Pero Lecce parecía importante. El calor y la necesidad de comprar una batería externa decente nos hizo parar en las afueras de Brindisi. 37º o 38º. Y Lecce… bueno, la plaza del Duomo estaba bien, y el anfiteatro también. Y además allí vimos los primeros nubarrones de todo el viaje.

Diez minutos después estaba diluviando. Y nosotros en la moto. Los chubasqueros… los chubasqueros los tiene LaMerkel. O mejor dicho, un siciliano que espero le salga un sarpullido cuando se los ponga. Pero agradecimos mucho la lluvia. 15 minutos de lluvia, 20 minutos mojados, pero la temperatura bajó a los 24ºC casi durante una hora. Y eso es muy de agradecer.

Con todo eso llegamos a Alberobello***, la verda muy justos de tiempo para coger el ferry. Nos dimos un paseo rápido por la sorprendente localidad de los tejados cónicos de piedra. Demasiado rápido para mi gusto, pero me gusta llegar con tiempo a los ferrys… Pero quizá no con un día de adelanto.

El final de la historia es que el chico del check-in del ferry nos cambió los billetes para hoy, sin coste alguno. Y media hora más tarde habíamos pasado aduana y estábamos ya embarcados. La verdad es que teníamos miedo por los históricos retrasos de este ferry, pero hoy va medio vacío (o menos) y todo está muy tranquilo.

Y ahora a navegar, y mañana a atravesar Albania de norte a sur. Mañana comienza otra etapa del viaje muy diferente.

La Ruta Turca. De Catania a Matera. 08JUL2019

Si la aventura es que te vayan surgiendo imprevistos y los vayas solucionando uno a uno, hoy hemos tenido un día repleto.

Después de planificar durante el domingo qué iba a ser de nuestro viaje, todo comenzaba en ponerle unas maletas a la moto de Belén para poder meter todo el equipaje que iba en la 1200. Teníamos hasta los puntos de venta Givi localizados, ya que la 650 ya llevaba los anclajes instalados de esa marca. Al llegar a la primera tienda, resulta que solo tienen una maleta compatible. Una. Y nos hacían falta dos. Así que fuimos a la segunda tienda de nuestra lista. Y allí… no tenían ninguna. Primer problema.

La solución? Bueno, intentaríamos ir con la maleta que tenemos más la que había en la primera tienda. Unas cinchas y podremos llevar también la comida. Pero… segundo problema: falta un tetón en los soporte de maleta, imprescindible para poder llevarlas. Esperemos que en la tienda nos lo solucionen.

Al llegar nuevamente a la primera tienda nos llevamos la sorpresa de que el chico, que parecía un soso, se había tomado la molestia de buscar otras maletas compatibles. Y había encontrado unas Kappa que tenían en stock. Y como se había dado cuenta de que faltaba el tetón, ya había encontrado un recambio. Para que veas que las primeras impresiones no suelen ser buenas.

Además de las maletas, compramos unos guantes que se quedaron con mi GS, un soporte para el móvil y un adaptador de mechero para enchufarlo: todo lo necesario para seguir ruta.

Segundo problema: el cargador de mechero no va. Y el GPS va gastando la. Avería del móvil a marchas forzadas. Me aprendo las instrucciones más importantes mientras salimos de Sicilia en el ferry, degustando in extremos una Aranciana, el plato típico (una bola de arroz rellena de carne y rebozada).

A medio camino, paramos en un pueblo a la búsqueda de un chino o algo parecido donde comprar una batería externa para poder cargar el móvil: ya no nos queda batería y aún no hemos reservado alojamiento. Y tampoco sé cómo seguir la ruta. Finalmente encontramos uno, aunque de poca capacidad, que me da para cargar medianamente el iPhone. Pero conseguimos reservar y usar el GPS de momento.

Otro problema surge en una parada para descansar en un área de la autovía mientras tomamos lo que aquí entienden por un café con hielo: tiene los ojos azules, algo mióticos y se acerca mucho a mi cara para decirme que los napolitanos y sicilianos en realidad descienden de españoles. Lo decía con una seguridad pasmosa y un aliento a alcohol importante. No los lo pudimos sacar de encima en los 15 minutos que estuvimos descansando. No sé ni de dónde salió y mucho menos dónde fue. Pero estar, estuvo.

Así, sin comerlo ni beberlo, hemos llegado a Matera***, recuperando el día perdido en Catania. La verdad es que nos hemos saltado unas cuantas cosas pendientes de ver, pero lo que hemos visto las pocas horas que llevamos en Matera es simplemente espectacular. Mañana nos daremos un garbeo de día, pero promete ser lo mejor que hemos visto hasta la fecha. De momento me quedo con la puesta de sol que hemos podido observar desde la ventana. Y es que así es la aventura: cuando consigues dominarla, te proporciona momentos increíbles.

La Ruta Turca. De Catania… a Catania. 07JUL2019 (Merkel in memoriam…)

Pues mira que iba a escribir un blog de esos emotivos, rememorando todas las vivencias que hemos pasado “LaMerkel” y yo… Pero… ¿qué quieres que te diga? ¿Va a servir de algo que nos pongamos bobalicones? Pues no. Lo que hay que hacer en esta vida es afrontar las cosas que te vienen, lamentándose lo mínimo y seguir luchando para disfrutar. Así que nada de lloriqueos.

Pero pongamos a los lectores que no me siguen en otras redes sociales (o los que lo lean en el futuro) en antecedentes: la pasada noche me robaron la moto en Catania. Oh, sí. Todos tenemos amigos a los que le han robado la moto y sabemos lo que se siente cuando ves el candado destrozado en el suelo de la acera. Y un cuerno. No os lo podéis ni imaginar. Y eso que yo venía concienciado desde que salí del hotel, porque Belén lo había notado desde la ventana mientras desayunábamos.

Es curioso cómo la memoria se retroactiva cuando ha pasado algo. Quizá si no me la hubieran robado, no recordaría la cantidad de cosas que recuerdo de esa noche. La mala gente de los alrededores, el comprobar si estaba el candado,… cientos de detalles que no servirán para nada.

¿Y ahora qué? Pues… ¿qué va a ser? En que te roben o no la moto, poco puedes decidir. Pero en lo que sí puedes tomar decisiones es en lo que quieres que te afecte. Podría seguir cabreado, refunfuñando mientras intento que repatríen la moto de Belén y que nos repatríen a nosotros en un avión, dando por concluido el viaje y las vacaciones. Pero también podría buscar soluciones a llevar el equipaje de los dos en la GS de Belén y seguir viaje. ¿Vosotros qué haríais? Nosotros lo tuvimos claro desde el primer momento.

Nos hemos quedado un día en Catania por si tuviéramos la suerte de que apareciera. Hemos dado 1000 vueltas por los alrededores (y no tan alrededores) esperando el milagro… pero en unas pocas horas ya hemos decidido que mañana compramos unas maletas a la moto de Belén (aprovechando que lleva ya los anclajes, no creo que resulte muy complicado) y tema equipaje solucionado. Pillando mañana autopistas y sin hacer mucho turismo, podremos recuperar el día perdido (el martes por la noche tenemos ferry pagado a Albania).

Así que… gracias por todo, Sra. Merkel. Al parecer Salvini (o la mafia siciliana) ha podido con usted.

Nota: para los que no lo sepáis, desde que la tengo hace ahora 4 años y 10 meses la moto se llama “La Merkel”: alemana, gorda y tetas caídas. ¿Se podía llamar de otra forma?

La Ruta Turca. De Caltagirone a Catania. 06JUL2019

A ver, que hoy había más cosas para estar contento que para estar agobiado: Hemos visto varios pueblos de tres estrellas, hemos comido a la orilla del mar, hemos disfrutado de un Nestea casi helado que recordaré en años,… Pero mira, me he cruzado a mitad de tarde, vaya usted a saber por qué. Y eso que Belén ha intentado animarme, pero no he estado a la altura de las circunstancias. Supongo que algo de calor he pasado. Y medio deshidratado que estaba…

Hoy el día ha transcurrido por Ragusa***, un pueblo espectacular donde su zona baja quedó devastada por un terremoto, y les dio por restaurarlo. Lo que impresiona es la cantidad enorme de casitas, tejaditos, callejuelas y placitas que hay, a todo lo que te da la vista. No se acaban nunca. Y todo eso lleno de escalones. Nos estamos haciendo adictos a las escalinatas.

El segundo punto de visita era Marzamemi**, un pequeño puerto pesquero atunero que tiene una plaza de lo más coqueta y tranquila, a pesar de los múltiples restaurantes que tiene. Creo que está más pensado para la noche que para el mediodía, pero hemos disfrutado de su Nestea halado que hemos conseguido in extremis porque cerraban el súper, y de una comida ligera a pie de mar Mediterráneo.

Noto*** ya me la esperaba monumental, pero me ha sorprendido aún así. Si vas por la calle central, durante centenares de metros no paras de encontrarte iglesias, catedrales, palacios, teatros,…. Un despilfarre de barroco! Un pueblo para disfrutar a pesar del calor que seguía haciendo. Y allí es donde me he comenzado a cruzar.

Y llegué cruzado a Siracusa y su casco antiguo que ocupa una isla. Ni los waterpoleros en piragua, ni las múltiples bodas, ni Belén intentando que comiéramos y bebiéramos algo me han sacado de este estado de pesimismo que no me merezco. Solo me hacía falta echar una mirada a mi alrededor, a pesar de que nuestro hotel en Catania no era el que elegimos en un primer (ni en un segundo) momento… cosas de booking y de overbooking… Pero no está mal. Digo que miro a mi alrededor, veo las fotos del espléndido día de hoy, veo a Belén disfrutando de unas merecidas vacaciones, miro el calendario y veo que aún nos quedan más de veintipico días de viaje… Y qué más quiero??? Se acabaron los días cruzados. Lo prometo.