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La Ruta Turca. De Bergama a Pamukkale, pasando dos veces por Smirna. 16JUL2019

Hay quien dijo que los viajes se hacen no para ver cosas sino para que pasen cosas. Pues ya puedo afirmar que este de Turquía es un pedazo de viaje. Hoy ha vuelto a pasar eso de que se te cae el alma a los pies, piensas que tienes encima un problema irresoluble, se juntan tres tipos hablando en turco, te medio solucionan la vida pero tú aún no te lo crees, y al cabo de dos horas y 200 kilómetros de más te das cuenta de que al final todo se ha arreglado y solo has perdido esas dos horas

Todo empieza en Bergama, donde después de comprar un candado para Merkel, la Renacida por 20€ (con alarma y todo…) salimos dirección Éfeso. Pero lo importante de hoy no fue que vimos las ruinas, la excepcional biblioteca de Celso incluida, o que perdimos las pegatinas de Turquía que acabábamos de comprar. No. Lo importante tampoco fue contemplar las casas de colores que adornaban el paisaje de Kusadasi. Para nada.

Lo realmente excepcional del día es que la aventura nos volvió a poner a prueba. Belén dice que la moto hace un ruido al frenar, y me doy cuenta que prácticamente se ha comido toda las pastillas de freno delantero. Hierro con hierro, vamos. Estamos a unos 150km del destino de hoy (Pamukale) y dudo que tengan allí pastillas de freno. De momento estamos parados frente a un bar en un pueblo cualquiera de esos por los que pasa la carretera. Se acerca un señor al vernos mirar la rueda de la moto y pregunta qué pasa. A partir de ahí se desencadenan una serie de acontecimientos que para mi son la esencia de los viajes. No las columnas corintias del Ágora de Éfeso.

Acabamos en una tienda que venden motocultores, donde el señor del bar, el dueño de la tienda y otro que aparece de vete a saber dónde frenéticamente llaman desde sus teléfonos a mecánicos, servicios oficiales BMW, etc… para localizar unas pastillas nuevas. Les oigo gritar indignados al saber que no hay ningún servicio BMW de motos a 200 kilómetros a la redonda…

No me digas cómo, acabo con un papel con una dirección casi ininteligible escrita.

—Ves allí, en Esmirna. Allí puede que tengan las pastillas —me dijo el tercer hombre, que era un ganadero de la zona y que chapurreaba el inglés mezclado con alemán.

Y ahí me ves, con las pastillas de la moto de Belén en la mano, que nos montamos en la Merkel para retroceder 100 kilómetros en busca de pastillas. Y para ir más rápìdo, decidimos ir por autopista de pago… de esas que necesitas una pegatina, o un telepass o vete a saber qué necesitas y que aún no tenemos. Y me vuelves a ver andando un buen trecho por la autopista, sin pasar las barreras de peaje, para preguntarle a unos policías que estaban al otro lado.

—Pasa sin problemas. Tienes 15 días para registrarte en el sistema en una estafeta de correos —me dijo.

OK, problema solucionado.

Y la dirección resultó ser correcta. Y se me encendieron los ojos al ver tres BMW medio desmontadas en el taller de mala muerte de Esmirna. Y allí estaba el mecánico, esperándome con las pastillas correctas preparadas para darme. Otros 20€. Y cuando ya me montaba en la moto, tuvo que enseñarme su preciosidad de BMW de los años 30 que estaba restaurando. Se le iluminaban los ojos cuando nombrabas esas letras: Be-eme-uve… Y a mí se me iluminaba la cara.

Y al cabo de una hora ya estaba todo resuelto, y volvíamos a rodar en dirección a Pamukkale. Quién dijo que la vida era una caja de bombones? Pues hoy el mío tenía licor dentro. Porque si este fuera mi primer viaje en moto, con todo lo que llevamos pasado, os aseguro una cosa: o me olvidaba de los viajes para siempre, o me enganchaba a esa adrenalina de tal manera que no hubiera podido dejarlos nunca más. Afortunadamente a estas alturas de mi vida, veo las cosas con más calma. O no.

La Ruta Turca. De Bari a Meteora. 10JUL2019

Cuarta vez en Albania y la cosa cada vez está más europea. Lo que hace 8 años eran caminos de tierra con pretensiones de carretera durante decenas de kilómetros, hoy era una magnífica autovía. Bueno, de esas autovías donde cruza gente, aún ves algún burro y de pronto tienes un cruce. Pero autovía. Incluso a la tercera, hemos encontrado una gasolinera que se podía pagar con la VISA. Cada vez quedan menos territorios comanches.

Hasta el ferry de Bari a Dürres casi sale puntual. Y ha llegado solo con una hora de retraso. La idea de hoy era atravesar de norte a sur Albania para llegar a Meteora, ya en Grecia. Y así lo hemos hecho, salvo pérdida del GPS donde aún no habían metido un trozo de esa nueva autovía, y hemos tenido que volver atrás 20 kilómetros.

Hemos comido, como venimos haciendo siempre que visitamos Albania, en una de las múltiples gasolineras abandonadas que te encuentras a pie de carretera. Abandonadas por todos menos por los pájaros que habían anidado en el tejado, y por un maldito mosquito que insistía en picarnos. Albopictus o tigre, no se ha dejado ver tanto. Al final hemos tenido que usar palabras mayores: DEET al 50% y ya ha dejado de acercarse. Las hormigas con aspecto de escorpión ya era otra cosa. Pero parece que iban a la suya.

En la frontera con Grecia ha comenzado a llover algo más intensamente. Pero tampoco tanto. De hecho toda la mañana ha estado nublado dejando unas temperaturas de lo más agradables. En esas que estaba lloviendo algo más y nos hemos desviado para ver las gargantas de Vico**. Son interesantes porque al parecer son las más profundas del mundo, teniendo en cuenta su anchura. Y la verdad es que verlas ha valido la pena, a pesar de los cuarenta kilómetros que nos añadía a la ruta. Además, hemos visto tortugas. Bueno, una y media, si contamos las tortugas atropelladas como media tortuga.

En definitiva, que tenemos hotel con vistas a los monasterios de Meteora***. Mañana vais a flipar con las vistas desde la ventana. Ahora le dejo el iPad a Belén y nos vamos a ver la puesta de sol desde los monasterios. Corrijo, que se ha nublado todo. Directos a cenar que Belén está muerta de hambre.

La Ruta Turca. De Matera a Bari. 09JUL2019

—Pero esta reserva es para dos personas con dos motos— dijo el encargado del check-in del ferry que nos debe llevar a Albania.

—Ya —le dije —Pero sólo llevamos una moto.

—¿Averiada? —dijo inocentemente.

—No. Robada —dije con cara de pena mientras él ponía cara de sorpresa. Como si fuera sorprendente que te roben la moto en Sicilia. A mí me suele pasar.

—OK, no hay problema, señor —dijo. —Pero… Los billetes son para mañana.

Pero comencemos por el principio. Desayuno en Matera***, con unas vistas excepcionales de la ciudad rupestre. Por la noche ya pudimos recorrer una parte, y durante la mañana pudimos constatar que es uno de los mejores lugares del viaje, de momento. Escalera arriba, escalera abajo, te vas encontrando con infinidad de pequeñas fachadas con su puertecita, que acaba estando excavada en la roca. Algunas en mejor conservación que otras. Y tras visitar una de sus iglesias rupestres, excavadas y con frescos en la húmeda roca, llegamos a la catedral, en todo lo alto. Y si piensas que ahí se acaba todo, te equivocas. Porque del otro lado de la montaña las pequeñas edificaciones excavadas siguen y siguen casi hasta el infinito. Es el Sasso de Matera.

Y después de un buen rato de subir escaleras, un buen trecho de moto para descansar. El siguiente punto de ruta es Lecce**. La verdad es que había eliminado algún que otro punto para poder ver con tranquilidad Matera. Pero Lecce parecía importante. El calor y la necesidad de comprar una batería externa decente nos hizo parar en las afueras de Brindisi. 37º o 38º. Y Lecce… bueno, la plaza del Duomo estaba bien, y el anfiteatro también. Y además allí vimos los primeros nubarrones de todo el viaje.

Diez minutos después estaba diluviando. Y nosotros en la moto. Los chubasqueros… los chubasqueros los tiene LaMerkel. O mejor dicho, un siciliano que espero le salga un sarpullido cuando se los ponga. Pero agradecimos mucho la lluvia. 15 minutos de lluvia, 20 minutos mojados, pero la temperatura bajó a los 24ºC casi durante una hora. Y eso es muy de agradecer.

Con todo eso llegamos a Alberobello***, la verda muy justos de tiempo para coger el ferry. Nos dimos un paseo rápido por la sorprendente localidad de los tejados cónicos de piedra. Demasiado rápido para mi gusto, pero me gusta llegar con tiempo a los ferrys… Pero quizá no con un día de adelanto.

El final de la historia es que el chico del check-in del ferry nos cambió los billetes para hoy, sin coste alguno. Y media hora más tarde habíamos pasado aduana y estábamos ya embarcados. La verdad es que teníamos miedo por los históricos retrasos de este ferry, pero hoy va medio vacío (o menos) y todo está muy tranquilo.

Y ahora a navegar, y mañana a atravesar Albania de norte a sur. Mañana comienza otra etapa del viaje muy diferente.

La Ruta Turca. De Catania… a Catania. 07JUL2019 (Merkel in memoriam…)

Pues mira que iba a escribir un blog de esos emotivos, rememorando todas las vivencias que hemos pasado “LaMerkel” y yo… Pero… ¿qué quieres que te diga? ¿Va a servir de algo que nos pongamos bobalicones? Pues no. Lo que hay que hacer en esta vida es afrontar las cosas que te vienen, lamentándose lo mínimo y seguir luchando para disfrutar. Así que nada de lloriqueos.

Pero pongamos a los lectores que no me siguen en otras redes sociales (o los que lo lean en el futuro) en antecedentes: la pasada noche me robaron la moto en Catania. Oh, sí. Todos tenemos amigos a los que le han robado la moto y sabemos lo que se siente cuando ves el candado destrozado en el suelo de la acera. Y un cuerno. No os lo podéis ni imaginar. Y eso que yo venía concienciado desde que salí del hotel, porque Belén lo había notado desde la ventana mientras desayunábamos.

Es curioso cómo la memoria se retroactiva cuando ha pasado algo. Quizá si no me la hubieran robado, no recordaría la cantidad de cosas que recuerdo de esa noche. La mala gente de los alrededores, el comprobar si estaba el candado,… cientos de detalles que no servirán para nada.

¿Y ahora qué? Pues… ¿qué va a ser? En que te roben o no la moto, poco puedes decidir. Pero en lo que sí puedes tomar decisiones es en lo que quieres que te afecte. Podría seguir cabreado, refunfuñando mientras intento que repatríen la moto de Belén y que nos repatríen a nosotros en un avión, dando por concluido el viaje y las vacaciones. Pero también podría buscar soluciones a llevar el equipaje de los dos en la GS de Belén y seguir viaje. ¿Vosotros qué haríais? Nosotros lo tuvimos claro desde el primer momento.

Nos hemos quedado un día en Catania por si tuviéramos la suerte de que apareciera. Hemos dado 1000 vueltas por los alrededores (y no tan alrededores) esperando el milagro… pero en unas pocas horas ya hemos decidido que mañana compramos unas maletas a la moto de Belén (aprovechando que lleva ya los anclajes, no creo que resulte muy complicado) y tema equipaje solucionado. Pillando mañana autopistas y sin hacer mucho turismo, podremos recuperar el día perdido (el martes por la noche tenemos ferry pagado a Albania).

Así que… gracias por todo, Sra. Merkel. Al parecer Salvini (o la mafia siciliana) ha podido con usted.

Nota: para los que no lo sepáis, desde que la tengo hace ahora 4 años y 10 meses la moto se llama “La Merkel”: alemana, gorda y tetas caídas. ¿Se podía llamar de otra forma?

La Ruta Turca. De Caltagirone a Catania. 06JUL2019

A ver, que hoy había más cosas para estar contento que para estar agobiado: Hemos visto varios pueblos de tres estrellas, hemos comido a la orilla del mar, hemos disfrutado de un Nestea casi helado que recordaré en años,… Pero mira, me he cruzado a mitad de tarde, vaya usted a saber por qué. Y eso que Belén ha intentado animarme, pero no he estado a la altura de las circunstancias. Supongo que algo de calor he pasado. Y medio deshidratado que estaba…

Hoy el día ha transcurrido por Ragusa***, un pueblo espectacular donde su zona baja quedó devastada por un terremoto, y les dio por restaurarlo. Lo que impresiona es la cantidad enorme de casitas, tejaditos, callejuelas y placitas que hay, a todo lo que te da la vista. No se acaban nunca. Y todo eso lleno de escalones. Nos estamos haciendo adictos a las escalinatas.

El segundo punto de visita era Marzamemi**, un pequeño puerto pesquero atunero que tiene una plaza de lo más coqueta y tranquila, a pesar de los múltiples restaurantes que tiene. Creo que está más pensado para la noche que para el mediodía, pero hemos disfrutado de su Nestea halado que hemos conseguido in extremis porque cerraban el súper, y de una comida ligera a pie de mar Mediterráneo.

Noto*** ya me la esperaba monumental, pero me ha sorprendido aún así. Si vas por la calle central, durante centenares de metros no paras de encontrarte iglesias, catedrales, palacios, teatros,…. Un despilfarre de barroco! Un pueblo para disfrutar a pesar del calor que seguía haciendo. Y allí es donde me he comenzado a cruzar.

Y llegué cruzado a Siracusa y su casco antiguo que ocupa una isla. Ni los waterpoleros en piragua, ni las múltiples bodas, ni Belén intentando que comiéramos y bebiéramos algo me han sacado de este estado de pesimismo que no me merezco. Solo me hacía falta echar una mirada a mi alrededor, a pesar de que nuestro hotel en Catania no era el que elegimos en un primer (ni en un segundo) momento… cosas de booking y de overbooking… Pero no está mal. Digo que miro a mi alrededor, veo las fotos del espléndido día de hoy, veo a Belén disfrutando de unas merecidas vacaciones, miro el calendario y veo que aún nos quedan más de veintipico días de viaje… Y qué más quiero??? Se acabaron los días cruzados. Lo prometo.

La Ruta Turca. De Palermo a Caltagirone. 05JUL2019

Sin querer dar lecciones de economía que no puedo dar, el coste de oportunidad va sobre de lo que renuncias cuando haces una elección. Porque muchas veces no puedes hacer dos cosas a la vez. A su vez, el valor intangible de las cosas se refiere al valor incuantificable de dicha cosa. Pues bien, hoy hemos tenido que utilizar la economía aplicada en unas cuantas ocasiones. Pero vamos por partes.

Ayer el paseo nocturno por Palermo*** fue de lo mejorcito de lo que llevamos de viaje. Cena ligera de ensaladas mediterráneas, paseo por calles muy animadas, y el descubrimiento de la Catedral de Palermo. Y mira que el mes pasado la dibujé para mi serie de #undibujoaldía, con lo que me había tenido que empapar de sus detalles pero… en directo es simplemente espectacular. Recargada pero no en exceso -o quizá sí-, con múltiples elementos dispuestos con armonía pero con una chispa de locura: torres, cúpulas, más torres, almenas redondeadas… Un desparrame de detalles.

Y hoy, a pesar de que habíamos añadido un par o tres cosas más de última hora, la cosa es que no estaban los astros favorables. Al salir de Palermo lo hicimos por la Porta Nuova, que queríamos ver. Bueno, curiosa cuanto menos por las cuatro estatuas que la flanquean. Toda bastante negruzca, cosa que hace que no desentone del resto de la ciudad.

Y el siguiente punto era el puerto atunero de Scopello. Al acercarnos ya me olía yo el fracaso. Carreterita estrecha, y coches en fila… Al final, no había más remedio que parquing de 3€ y bajada al puertecito-playita andando por un camino de tierra. Y ahí entra el coste de oportunidad: Si no nos paramos me pierdo la vista del puertecito que parecía chulo en las fotos, pero si paro pierdo 3€, casi una hora de tiempo y un valor intangible de salud por tener que hacer el paseito en ropa de moto durante una hora… Al final decidimos que nada de Scopello. 0 de 1.

Habíamos añadido también unas ruinas que pillaban de paso, el templo de Segesta. Pero cuando llegamos, nos dicen que debemos dejar las motos en un parquing a 1 kilómetro y coger los autobuses lanzadera. Todo para ver un templo que no estaba previsto, con la cantidad de piedras que ya hemos visto y tenemos previsto ver en los próximos días… Coste de oportunidad de nuevo… y no, a mí no me vale la pena verlo perdiendo una hora o más de vida. Al final, nada de Segesta. 0 de 2.

Otra de las cosas añadidas a última hora esta mañana era un castillo encantado en Sciacca, donde un tipo le dio por esculpir nosecuantas cabezas sin tener mucha idea. Llegamos al pueblo, y después de comer algo de fruta, nos pusimos a buscar el castillo de marras. Y nada, que no. Una búsqueda más exhaustiva en Google nos hace ver que hay que comprar una entrada combinada con un par de museos más de la ciudad, con lo que… nada de castillo encantado. 0 de 3.

A pocos kilómetros se encuentra la Scala dei Turchi**, una formación rocosa blanquecina que forma una especie de gradas que acaban en una playa. En lugar de bajar a la playa, decidimos hacerle fotos desde arriba. No me digas por qué. Supongo que el calor tendrá algo que ver. 1/2 de 4.

Y ya que habíamos tenido poco éxito, nos ha dado por improvisar intentando visitar unos templos romanos cerca de Agrigento que se veían estupendos desde la carretera. El Valle dei Templi, le llaman. Ya que teníamos tiempo, nos hemos desviado y al entrar en el parking para comprar la entrada… pues que estaban haciendo un spot para Dolce & Gavanna y hoy estaba cerrado todo el complejo arqueológico. Una vez que decidimos gastar tiempo y dinero en un bien intangible, nos damos de bruces con el marketing. “Es el mercado, amigo”; que diría aquel. Resultado definitivo: 1/2 de 5.

Pero lo que nos quedamos es con el valor intangible de las vivencias, como disfrutar de una vista casi aérea de Castellamare del Golfo, saborear unas nectarinas que han salido casi gratis cuando Belén se ha encontrado 2€ en el parking, o disfrutar de la brisa a escasos metros de un mar verde turquesa mientras descansábamos nuestras maltrechas posaderas de tanta moto.

Hoy en Caltagirone, veremos seguro una escalinata que nos va a encantar. Este punto lo añadí a mi lista cuando pasó por aquí el Giro del 2018. Para que veáis que el deporte no está reñido con la cultura.

La Ruta Turca. De Nicolosi a Palermo. 04JUL2019

Despertarte, hacer la maleta, desayunar, programar el GPS, pagar la habitación, cargar las motos, conducir, fotografiar, grabar, beber, conducir, fotografiar, beber, poner gasolina, más conducir, llegar al hotel, ducharse, hacer el dibujo, escribir la crónica, salir a cenar,…

Esperas durante once meses un viaje para salir de tus rutinas,… y no te das cuenta y al tercer día ya estableces tus nuevas rutinas de viaje. Son las paradojas de los seres humanos. Pero aún así, cada día es diferente, al menos en los detalles. Porque lo esencial es invisible a los ojos.

Hemos rodeado el Etna por el sur, y nos ha dejado ver sus penachos humeantes e imponentes. No he dejado de pensar en su hermano de Stromboli, una pequeña isla cercana. No vaya a ser que entren en armonía y le dé por escupir fuego… Pero no. Al menos hoy, solamente vomitaba humo.

Y por delante nuestro, más de 170 kilómetros de curvas. Muestrario de curvas, diría. Unas carreteras muy aceptables y muy divertidas. Pero creo que hoy he muerto de éxito. Que me he cansado de curvas, vamos. El sol aprieta pero no ahoga, al menos es un calor seco, pero todo el día rascando los 35ºC… y eso no acompaña mucho en la diversión curvera.

En cuanto a pueblos, dos a destacar. Petralia Soprana** es, en palabras de Belén “una especie de Aínsa”. Y eso es un gran elogio. Pueblecito encaramado en el risco, con casitas de piedra, algunos palacetes y un par de iglesias muy chulas. Ahí hemos comprado un pan lo más rústico posible, que luego hemos acompañado con una lata de sardinas. El menú de hoy.

Y las curvas siguen y siguen, y yo esperando ansiosamente llegar a la costa para notar algo de la brisa marina. Una brisa y una costa que no llegaban nunca. Hasta que llegaron y nos encontramos con el mar Tirreno de bruces. En Cefalú***, nada menos. Una pequeña población costera, muy turística, llena de tiendas de souvenirs en su parte vieja, pero que no me ha dado sensación de agobio. Su duomo ha aparecido de pronto, y la verdad es que para mí ha sido lo mejor del día. Porque el helado de pistacho… como que no, si lo comparamos con el granitta de ayer. Pero el azul Del Mar y la brisa marina… eso sí que ha valido la pena.

Y finalmente setenta kilómetros de costa para llegar a Palermo, donde dormimos hoy. El tráfico se ha hecho… digamos que caótico por ser suave. Las líneas de las avenidas sirven de poco -de hecho ni se ven-, los coches adelantan por el arcén, en las rotondas tiene preferencia el que primero dispare. Lo normal para Sicilia, supongo. Y como tenemos muchas cosas que ver en la ciudad, y no queríamos dejar la crónica para después, os contaré cómo es en la crónica de mañana. Al menos lo esencial que sea visible a mis ojos.

La Ruta Turca. De Vibo Marina a Nicolosi. 03JUL2019

Cornettos. Eso desayunamos todos los días. Es lo que te ponen en los bed and breakfast. Pero tranquilos. No son helados. Son croissants. Y encima puedes elegir sabores: sin nada, con chocolate o Nutella, con mermelada… un poco más y el primer día se lo pido de ron con pasas.

La costa sur de Italia es turística años setenta. Suciedad en las calles, apartamentos roñosos, hoteles venidos a menos,… pero con ese encanto italiano por lo ruinoso. La carretera de la costa va saltando de pueblo en pueblo hasta llegar a Tropea**. Muy turístico, con playas cuidadas llenas de gente y el atractivo de sus edificios colgados en delicado equilibrio sobre ellas. Nos ha costado encontrar la foto buena. Y la verdad es que no sé si la hemos encontrado.

Había alguna carretera cortada que nos ha obligado a coger nuevamente estrechos caminos asfaltados con pendientes muy pronunciadas, cruces imposibles y tornantis traicioneros. Justo en una conjunción de todos esos elementos Belén la ha liado parda: se ha quedado en medio obstaculizando a los que bajaban, a los que subían o a los que salían de al lado. Porque estábamos solos y de pronto han salido coches de debajo de las piedras. Al final Belén ha solventado el problema de una manera muy profesional, meciéndose con su BMW por donde prácticamente no había. Cómo va aprendiendo!

Luego hemos seguido hasta Scilla**, otro lugar turístico pero con algo más de glamour. Lo fundamental de esta parada era ver el castillo que se adentraba en un risco sobre un Mediterráneo de un azul y verde turquesa que lo flipas.

Vamos a ver, señores italianos: con lo setenteros que sois, cómo se os ocurre poner la cola del ferry directamente para embarcar, suponiendo que todo quisque ha comprado los billetes OnLine? Porque la cosa es que nos hemos puesto en la fila, y cuando arrancaban para entrar en el barco nos han avisado que teníamos que comprar los billetes en el edificio que nos hayamos dejado atrás. La hemos liado parda otra vez retrocediendo. Pero al final hemos llegado al barco.

Mesina estaba colapsada a mediodía. Nos ha costado salir. De hecho toda la costa siciliana que hemos recorrido estaba colapsada. Y con un calor húmedo de esos que te agarra y no te suelta. Hasta que hemos ascendido hasta Savoca**, donde se encuentra el bar Vitelli, que hizo famoso la película de El Padrino. Pero lo mejor del bar era sin duda su granitta de pistacchio, simplemente espectacular y más tomada en la terraza del Vitelli, casi a solas hasta que han llegado las hordas de turistas en autocares. Hemos huído de ahí como hemos podido, por una carreterita aún más estrecha que la de esta mañana, pero realmente espectacular.

De vuelta a la costa y sus atascos, el GPS ha decidido que hagamos unos kilómetros de pista para evitarlos, con vadeo de río incluido! La nota aventurera del día. Y así hemos subido hasta los 1900 metros del refugio del Etna, que rezumaba fumar olas por su cono volcánico. Espectacular la grandeza del volcán, justo el día que José Antonio Tejera (gracias!) me avisa que el volcán Stromboli -situado en una isla a unos 140 kilómetros de aquí- ha entrado en violenta erupción… Toquemos madera, porque ahora mismo estamos en Nicolosi, en la falda del Etna, a escasos 18 kilómetros de su cráter… Pero… La aventura es la aventura. Y mañana el cornetto volverá a ser de Nutella.

La Ruta Turca. De Potenza a Vibo Marina. 02JUL2019

Experto en urbanismo, en impuestos municipales, en instalaciones para minusválidos, en genealogía hispánica. Masajista ayurvédico, osteópata, hotelero del año, experto cafetero y codeándose con ministros. Así es Roberto, el dueño de nuestro hotel. Chileno nacido en la Isla de Pascua, pero italiano por los cuatro costados. Del Real Madrid, con aversión moderada a todo lo que sea blaugrana, y odio desmedido a todo lo argentino, llámese Messi o Papa Francisco. Así es Roberto. Un gran tipo.

En lo turístico la cosa hoy ha ido de pueblecitos encaramados a los riscos. El primero de ellos Castelmezzano***, y la primera grata sorpresa, ya que es mucho mejor al natural que en las fotos que había podido ver. En la falda de una montaña imposible, coronada por rocas de granito. Toma ya. Y a un par de kilómetros en línea recta, pero a más de quince por la estrechísima carretera de montaña se encuentra Pietrapertosa**. Posiblemente perdió la ventaja de ser el primero, o posiblemente tenía un punto menos de espectacularidad, pero se queda claramente en segunda posición. Pero lo que sí nos dejó boquiabiertos fueron las enormes vacas de extremadamente largos cuernos que ocupaban toda la minúscula carretera. Menos mal que tenían ellas más miedo que nosotros.

Siguiendo esos caminos rurales semiasfaltados llegamos a Corleto Perticara*, cerca de una explotación energética de Total, diría que de gas. Los tejados se disponen milimétricamente uno encima de otro, desparramándose nuevamente por la ladera de la montaña. Quizá el único prescindible del día.

Y después, autopista hasta la joya del día, Morano Cálabro***. Con sus colores grisáceos mortecinos ocupaba toda la vista desde abajo. Coronado con alguna iglesia y un derruido castillo, el paseo por sus estrechísimas callejuelas, escaleras, rampas y callejones imposibles que habrían encandilado al mismísimo Escher ha sido sin duda excepcional.

Y por último vuelta a la autopista sufriendo unos 39.5ºC, de momento el récord del viaje. Afortunadamente llegando a la costa ha bajado la temperatura bruscamente casi diez grados, quedándose en unos soportables 30ºC que con nuestro chaleco refrigerante Alpinestars se llevan divinamente.

Hoy dormimos en Vibo Marina -sin estrellas- que a priori nos parecía un lugar de costa turístico y que una vez visto se queda solamente en… un lugar. Mañana más.

La Ruta Turca. De Zungoli a Potenza. 01JUL2019

Nos dio la mano efusivamente cuando llegamos al restaurante. Sin duda era el dueño. A pesar de haber sobrepasado ampliamente la edad de jubilación, ahí estaba al pie del cañón una vez más. Al rato, vino a tomarnos nota.

— Quiero eso de ahí —dijo Belén señalando una apetitosa cazuela llena de mejillones y almejas tapada con masa de pizza que acababan de servir en la mesa de al lado.

—¡Ahh!— asintió el viejo Giuseppe. No sé si se llamaba Giuseppe, pero por qué no? Pues Giuseppe comenzó a navegar por la carta, página arriba, página abajo, buscando dicho plato. Pero que nos daba igual cómo se llamaba, queríamos ese. Y siguió buscando, dando la sensación que no sabía mucho de su propia carta. Pero no dejaba de tener una sonrisa en la boca.

—L’antipasti mixta di vongole e cozze —dijo finalmente con cara satisfecha.

—Pues eso —dije. —Y de segundo, esta pizza —dije señalando con el dedo una de sus pizzas del apartado de pizzas especiales de la dichosa carta.

Ma questa non é una pizza— dijo. Leches, pero si está en la página de las pizzas. —Ma tranquilo, la facchiamo en pizza.

La verdad es que lo que trajeron luego a la mesa ni era una pizza -era un calzone- ni tenía la rúcula y el parmigiano que ponía en la carta. Pero vale, estaba buena.

Y si tenemos en cuenta que luego nos cobró dos veces el servizio de dos personas, podríamos decir que la cena fue un desastre. Pero nada más lejos de la realidad. El trato servicial de Giuseppe y la calidad de los productos fue lo que me queda en la memoria. Y al viejo sentado en su pequeña mesa de despacho, repasando una y otra vez esa carta que posiblemente comience a disiparse ya de la suya.

Esta mañana hemos comenzado nuevamente la ruta, que discurría casi en su totalidad por carreteritas venidas a menos, con esas que tienen mil y una cicatrices. Pero cicatrices gordas gordas. Infinidad de colinas tapizadas de dorados campos de cereal nos rodean durante toda la mañana. Bovino ha sido el primer pueblo. No estaba en los planes, pero ha resultado de los más agradables para pasear, con sus paredes encaladas y su intrincado callejero. Tan intrincado que el agradable paseo casi se ha convertido en una verdadera scape room. Mientras buscábamos la salida del pueblo, los más viejos del lugar nos miraban descaradamente al pasar, supongo que por nuestra pinta de astronautas.

En Calitri había depositado todas mis esperanzas, pero finalmente la vista del pueblo ha sido infinita mente mejor desde lejos que desde dentro. El pueblo, muy caluroso y desierto, no nos ha enseñado gran cosa, a excepción de una fuente en las afueras para refrescarnos.

Venosa, tras la comida a pie de carretera, ha servido para ver el imponente Castillo Aragonés -tengo que buscar por qué se llama así- y para tomarnos un pedazo de helado italiano -claro- de los que quitan el sentido y dan mucha sed.

Y el último pueblo del día ha sido Acerenza, que aparecía en el risco muy altanero y orgulloso. Por dentro no estaba mal, pero no supera, a mi entender, a Bovino.

Y finalmente el hotel en Potenza. Habitación moderna y acogedora, pero barrio aparentemente complicado. De hecho estoy esperando que comience la redada en cualquier momento.