Archivo de la categoría: Por España

Una ruta por… Segovia


Nuestro paseo de ese fin de semana nos deparó un par de agradables sorpresas en forma de agradables carreteritas secundarias en las que disfrutamos de la ruta. Pero no adelantemos acontecimientos, y pongamos el contexto.

El contexto era «ola de calor extremo en toda España», con lo que a la postre serían cifras récord de temperaturas para el mes de Mayo en toda la historia de registros meteorológicos. 35º a la sombra para el sábado, vamos. Así que nos pusimos nuestros trajes de verano, nuestro chaleco refrigerado por agua (una maravilla) y… al lío!

Comenzamos con un clásico, como es el cañón del Río Mesa, comenzando desde el embalse de la Tranquera. Para mí, uno de los cañones más espectaculares de la península, por lo cerrado y escarpado de sus paredes. Si no lo conoces… ya tardas! Parada a hacer la foto de rigor en Chaorna, un pueblecito incrustado en la pared de la montaña y seguimos hacia Sigüenza, donde no paramos por la cantidad de veces que hemos dormido allí y visto al Doncel.

La iglesia de Sta. Mª de la Varga nos sorprendió. Se encuentra a las afueras de Uceda. Es una bonita iglesia románica… a la que le falta la mitad frontal, además del tejado. Y que han reconvertido en cementerio! Digna de ver. Además de ahí mismo sale una antiquísima y empinadísima calzada romana que conserva varios tramos de piedra.

Santa María de la Varga

La ruta por los pueblos negros de Madrid comenzó torcida, ya que en Patones de Arriba no pudimos ni parar la moto, de la cantidad de coches que inundaban hasta los arcenes de la carretera. Decidimos dejarlo para otra ocasión. Seguimos hacia la Sierra del Rincón, que me sorprendió de la cantidad (millones de millones) de flores de jara que inundaban de blanco todo lo que abarcaba la vista. Además de ello, las vistas de las laderas de las montañas enmarcaban una carretera ratonera, que a decir verdad se nos hizo un poco bola a esas alturas de ruta que ya llevábamos. Los pueblos… pues pse: demasiado remodelados y restaurados, convertidos en segunda vivienda de urbanitas con cierto poder adquisitivo. Al menos paramos en La Hiruela, donde el poder lo ejercían los miles de mosquitos que pululaban por sus calles de piedra.

Y acabamos en Segovia, en las afueras, justo cuando las tormentas descargaron con fuerza, mientras nosotros las observábamos desde la seguridad del hotel. El Venta Magullo, donde cenamos con la presión de sustituir a nuestro habitual Mesón José María y su ribera del Duero «Pago de Carraovejas». No fue lo mismo, pero los postres bien vale que si pasáis por allí, os deis un homenaje.

El domingo amaneció con temperaturas mucho más agradables. Chaleco en la maleta e incluso nos tuvimos que parar a poner un forro. La primera parada, a presentar nuestras nuevas Ducati al Acueducto de Segovia. Paramos justo en su base, y con la atenta mirada de los policías locales, a los que perjuramos que solo era una foto y nos largábamos, inmortalizamos el momento.

Riaza, de la que utilizamos su plaza para abrigarnos algo más, sirvió de inicio de una espectacular carretera, con un trazado muy divertido y un asfalto perfecto que nos llevó a Madriguera y su espectacular color rojizo y luego a Somolinos, con curiosas formaciones rocosas. Paramos el Albendiego para volver a admirar el impresionante ábside de la iglesia de Santa Coloma, donde ya estuvimos hace unos años. Después, la última parada fue en Medinaceli, para conectar ese acueducto romano de Segovia donde comenzaba la ruta, con el Arco del Triunfo de Medinaceli, previamente a meternos en la autovía y acabar la ruta.



En definitiva, sorpresón en las carreteras de la Sierra del Rincón, así como en la SG-V-1111 entre Riaza y Madriguera. No os las perdáis. Tenéis los enlaces de las rutas en Wikiloc ahí abajo (y el vídeo del fin de semana ahí arriba).

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El bucle vasco-navarro

Este fin de semana disponíamos de algo más tiempo de lo que nos viene siendo habitual, y pudimos salir de ruta tanto sábado como domingo. Así que nos levantamos pronto y aprovechamos esos dos días de ambiente primaveral.

Los primeros 150 kilómetros fueron anodinos. Bueno, todo lo anodinos que pueden ser los kilómetros con dos Ducati Multistrada, donde cada adelantamiento y cada roscada de puño supone una sonrisa en la cara. Llegamos al primer punto previsto, La Basílica de San Gregorio Ostiente. Se encuentra en lo alto de un monte muy cerca de Los Arcos, donde está el circuito de carreras. Mira que pasamos solo por la carretera, pero me da a mi que Los Arcos tiene mucho encanto. De hecho me lo apunté para volver. Pero hoy tocaba subir a San Gregorio. Pista asfaltada estrechísima y con mucha pendiente, que se iba elevando rápidamente sobre los preciosos campos de colza que están en esta época del año en todo su esplendor. Y arriba… la pequeña iglesia, con un sorprendente pórtico barroco con sus columnas salomónicas y todo. Como desproporcionado, me pareció. Y cerrada. Y eso que me había cerciorado de los horarios. Allí no había ni el tato. Pero no nos importó mucho. Las vistas lo suplían todo.

A pocos kilómetros de allí, siguiendo una divertida carreterita de montaña, se encuentra el Santuario de Codés, punto de partida de múltiples excursiones por la montaña navarra. El entorno es maravilloso, con las escarpadas montañas rodeando todo el santuario… que también estaba cerrado. Pero tampoco nos importó, porque lo que veníamos a buscar era la foto con las montañas. Pero vamos… que sorprende.

Ya enfilando hacia el norte, y extasiados con la verdura de las montañas navarro-euskaldunas, nos fuimos acercando a la ermita de la Antigua…. que estaba ya cerrada cuando llegamos casi a la hora de comer. ¡Pero bueno! ¿Qué planificación es ésta? Pero tampoco nos importó, porque ya la habíamos visto hace unos pocos años, y en realidad comimos muy a gusto en la ladera verde que rodea la ermita.

Continuamos hacia el norte, atravesando riberas de ríos, colinas y montañas vascas, hasta llegar a Lekeitio. Allí solo íbamos a ver el Cantábrico… y a comenzar una de las carreteras más impresionantes de nuestra geografía: la BI-3438 (y luego GI-638) desde Lekeitio a Deva. Curvitas de esas para bailar con tu moto, entre los bosques de eucaliptus y la escarpada costa del Cantábrico. Cada vez que venimos aquí a rodar cargamos las pilas para muchos meses.

Nos paramos nuevamente en Zumaia, para ver la ermita de San Telmo, pero para bajar a la playa y conocer de cerca la verdadera joya de esta zona: el flysch. Lascas y más lascas de roca que cortan la montaña, la playa y el mar como si de un cuchillo se tratara. Todo un hallazgo que nos sorprendió aunque ya lo habíamos visto de lejos en multitud de ocasiones. No dejéis de bajar a la playa de Zumaia en cuanto podáis.

Y ya para el hotel, que esta vez era un sencillo B&B en plena carretera entre Errenteria y Pasaia. Cenaríamos de lujo en el Yola Berri de Pasajes de San Juan, con unas maravillosas vistas a la ría. Ojito a la hora de aparcar la moto, que ponen multas si la dejas en la acera. 32€ con pronto pago nos soplaron…

Al día siguiente tocaba el viaje de retorno. Sin nada muy organizado, en el último momento elegimos la GI-3420 (y luego NA-4000) que va de Oyarzun a Lesaka. ¡Qué festival de verdes nos dimos! Fueron 80 kilómetros de ensueño, rodeados de bosques, lagos, rayos de sol filtrándose entre las hojas… y un asfalto y un trazado envidiables. ¡Sin duda este tramo entra de pleno derecho en mi lista de los TOP 5! Pasamos por el valle de Baztán y seguimos hasta Pamplona por la variante de la Nacional, esquivando los insulsos túneles e intentando exprimir al máximo el fin de semana. Y desde Pamplona, por las rutas habituales llegamos a comer en Zaragoza, después de un fin de semana muy aprovechado de los que hacía muchos meses que no disfrutábamos.

Los archivos .gpx de las rutas de ambos días los podéis encontrar en Wikiloc:

Sábado
Domingo

Un día por… El Moncayo

A ver, que seguimos  con la tendencia de viajes de un solo día, y esta Semana Santa planteamos una ruta para rodear el Moncayo. Que en realidad es un decir, porque al Moncayo se le admira más desde lejos, surgiendo como un macizo solitario espolvoreado de las últimas nieves del invierno. Pero dejemos la cursilería a un lado y vamos a lo que vamos: Si vas por su parte suroeste verás unas carreteritas estrechas y bacheadas ideales para testar las suspensiones de las Multistradas. Si bien mi 950 S tiene el tarado estándar algo duro para mi gusto, la posibilidad de escoger entre cinco tipos de dureza me permite ponerlas algo más blandas en su mapa “Touring”. Menos mal de las vistas, con pueblos colgados de las faldas del Moncayo como Purujosa, porque la carreteras se nos presenta con curvas muy bacheadas, asfalto lleno de parches y gravilla en infinidad de puntos.

Ya en la provincia de Soria nos dispusimos a enfrentarnos con el Puerto de Piqueras que nos acercaba a Logroño, pero antes teníamos que pararnos a ver el Castillo de Magaña. Te lo encuentras así de sopetón, al salir de una curva. En lo alto, como toca estar a un castillo que se precie. Tienes una zona parar parar justo al lado de un viejo puente. Muy recomendable. Y eso que como ya viene siendo habitual, no subimos al castillo.

Pues lo dicho, sierra de Cebollera para arriba, algo de fresco en el Puerto de Piqueras (que recorrimos íntegramente por sus ocho o diez tornanti, pasando del moderno túnel que lo atraviesa. El mirador… pse. Luego, por la zona de Cameros y tras comer el ya habitual bocata de tortilla de atún de Belén rodeados de vacas y terneros que nos “deleitaron” con su concierto de cencerros, llegamos al mirador del cañón del río Leza. Espectacular, sobre todo si te da por asomarte al abismo.

La tarde se nos pasó entre darnos cuenta que ya habíamos estado en Cornago, en volver a ver el monasterio de FItero, ya en Navarra, conocer el milagro del Bardal (que paso de transcribir aquí, que lo explico en el vídeo) y hacer una visita rápida a Corella. Teníamos previsto volver por Tarazona y Vera del Moncayo, para que la vuelta al mismo quedara perfectamente delimitada, pero mira,… que al final decidimos llegar a Zaragoza de día dejarlo quizá para otra excursión de esas del día. Que hay más días que longanizas.

La ruta de Valencia

Cuando tienes pensada una ruta, pero en el último momento la cambias debido a las condiciones meteorológicas, pueden pasar dos cosas: que aciertas… o que te equivocas. Tras un viaje planificado para retornar a Cuenca y visitar algunos pequeños puntos de interés que no conocíamos, la ola de frío polar que azotaba la zona nos hizo cambiar la ruta el día anterior, buscando las temperaturas más cálidas del Mediterráneo, viajando hasta Valencia. De momento, era todo un acierto. El viento intenso, con rachas de hasta 80 km/h nos quitó la razón y convirtió la ruta en todo un suplicio, caída en parado incluida. Como tenemos el compromiso de contaros tanto lo bueno como lo malo de estas nuevas -para nosotros- Ducati Multistrada, os cuento en el vídeo las consecuencias de una caída en parado con estas motos… Serán tan frágiles como parecen?

Un día por… Navarra

Nos disponíamos a realizar un tipo de ruta que nunca antes habíamos realizado: un día de moto saliendo y llegando el mismo día a Zaragoza. Eso lógicamente limita mucho la distancia a la que podíamos llegar, pero por otro lado nos permitía visitar lugares cercanos a casa a los que nunca accedemos por la necesidad de salir disparados hacia localizaciones más lejanas. Sea como fuera, aquí tenéis lo que da de si un viaje de un día en moto por Navarra.

Las rutas de este verano

Disfrutando de nuestros primeros campos de lavanda

Sí, ya sé que igual es un poco tarde, pero aprovechando que he tenido que realizar mantenimiento en la página (a alguno le ha dado por hackeármela), me he dado cuenta que había hecho difusión por otras redes sociales pero no había colgado aquí los vídeos de los mini viajes que hemos hecho este verano.

El primero fue un corto viaje de tres días por la Alcarria y sus campos de lavanda y también de La Mancha, para volver a disfrutar de los molinos de viento y del placer de ir en moto de forma tranquila, sin la presión de tener que ver cientos de cosas que no conocíamos. Así que nos dedicamos a volver a saborear el placer de una carretera, del sol en la cara o de una buena cena ante un buen vino. De ese viaje salió el siguiente vídeo:

También pudimos escaparnos tres días más algo después y nos fuimos a una zona que es una de nuestros talismanes y que nunca falla: Soria y Burgos. Tras saludar a la catedral que cumplía 800 años y cenar copiosa y maravillosamente a sus pies, seguimos ruta hacia Cantabria y Santander, en busca del Cantábrico:

Y así finalizó el verano 2021. La verdad es que comparado con otros años prepandémicos la cosa ha quedado muy sosa, pero dadas las circunstancias nos supieron a gloria estos dos pequeños viajes. Esperemos encarecidamente -no sabéis cuánto- que el verano 2022 dé para un viaje antológico como los anteriores. Os aseguramos que lo disfrutaremos tanto o más como el primero.

Rodando entre el Románico

Y ya tenía ganas de volver a visitar el románico palentino! Pero había que esperar a que alargaran los días y cesaran las heladas. Y a la primera oportunidad, ahí que nos teníais, danzando entre piedras milenarias!

Desde el Arco de San Miguel, cerca de Sasamón (aún en Burgos), pasando por Moarves de Ojeda, la ermita de Santa Engracia de Cozuelos, la famosa (pero algo sobrevalorada) Ruta de los Pantanos palentinos (la P-210), y teniendo el campamento base en Aguilar de Campóo, hemos disfrutado de lo lindo de la gastronomía, el buen tiempo, los paseos campestres y por supuesto la arquitectura románica de la zona.

Espero os guste el vídeo.

De Valencia a Cuenca

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(vídeo al final).

La verdad es que es la primera vez que me pasa en 9 años. ¿Me estaré haciendo viejo? Llegó el sábado por la mañana y no tenía ni idea de hacia dónde tirar. Y mira que generalmente preparo -igual demasiado- los viajes a conciencia… O igual es que ese fin de semana no deberíamos haber salido, con medio país con alertas de frío, nieve y viento. Ciclogénesis explosiva, lo llaman. Pero tenía tantas ganas de echarme a la carretera para demostrarme que el frío no me asusta, que decidimos salir hacia Valencia el viernes por la noche.

Y lo que comenzó en Zaragoza con sol y 14ºC rápidamente se convirtió en 5ºC y lluvia intensa. Hasta me pareció ver algún copo al pasar por Teruel a -1ºC. Llegamos a Valencia mojados, helados y cansados. Pero al menos habíamos iniciado la ruta. La ruta hacia… dónde?

El Hotel Silken Puerta Valencia*** fue nuestra guarida esa noche, con una curiosa cinta de correr dentro de la misma habitación, que no pude dejar de probar. Para cenar, elegimos al tuntún un gastrobar, el EmBogaBar**. Comida de excelente calidad, servicio muy mejorable y lento. Pulpo espectacular, chanquetes con huevo, entrecot y canelón con rabo de toro, todo amenizado con un Priorat que costaba más de lo que valía. En la cena le seguía dando vueltas a la misma pregunta: ¿Dónde iríamos el sábado?

Y eso mismo era lo que nos seguíamos preguntábamos desayunando un café con leche y una coca casera. Y lo cierto es que lo llevaba en teoría todo planificado: de Valencia a Cuenca, pasando por tres o cuatro puntos que quería visitar. Pero es que la noche anterior, y el resto de la mañana, daban nieve por la zona de Cuenca, y no sabía cómo podría estar la cosa atravesando la Serranía de Cuenca el domingo para volver a Zaragoza. Así que nos planteamos la idea de ir costeando hasta Alicante, ya que por el Mediterráneo no se esperaba nieve… pero sí vientos casi huracanados. Así que ahí estaba el dilema: o nieve, o viento.

— Pues mira, yo el viento es que no lo soporto— dijo Belén entre sorbo y sorbo de café con leche. Así que el dilema tenía por fin solución: Cuenca nos esperaba.

Primero nos acercamos al centro de Valencia, para admirar una vez más su Catedral* y su famoso campanario, «El Micalet». Puro gótico tardío, con un curioso rosetón triangular.

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Tras unos cuantos kilómetros de autovía, nos desviamos hacia el primer punto, una pequeña cascada que había localizado en Google Maps. Para llegar hasta la Cascada de Domeño* había que recorrer un pequeño camino de tierra, cosa que hicimos sin excesivo problema. Pero lo más sorprendente no fue la cascada en sí -que llevaba muy poca agua- sino cómo el fuerte viento levantaba oleadas de agua del curioso embalse que se abría montaña arriba. IMG_2804

Luego tocaba parada en el cercano pueblo de Chelva**, para admirar la fachada de su iglesia, con un enorme reloj y un campanario pintado de extraños colores. El viento arreciaba mucho. Pero mucho! No había manera de mantener un peinado en condiciones.

La sorpresa inesperada de la jornada fue la carretera CV-390*** entre Tuéjar y Utiel. Recién asfaltada casi en su totalidad, tiene un trazado espectacular, y unas vistas más espectaculares si caben sobre el pantano de Benagéber. Muy recomendable.

Comimos en Alarcón***, donde ya habíamos estado recientemente, pero nos faltaba una visita algo más en profundidad. Después de comer una sopa de cocido, unas chuletillas de cordero y -otro- rabo de toro, nos dispusimos a callejear visitando el par de iglesias interesantes que alberga el núcleo del pueblo. Y por supuesto, no debe faltar la vista desde el mirador de la hoz del Júcar y el castillo. Ya con eso vale la pena la visita.

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Y después de un fuerte viento, llegamos a Cuenca. Esta vez repetimos el Hotel NH Cuenca***, muy recomendable y de precio contenido. Tras descansar y calentarnos, salimos a recorrer las calles en busca de un restaurante. Elegimos El Bodegón***, donde no tuvimos mesa el año pasado. Y a pesar de que eran algo lentos -estaba el local bastante lleno- disfrutamos de lo lindo de una parrillada de verduras, un es-pec-ta-cu-lar sartén con crema de champiñones, huevo y morcilla, y unas setas de cardo a la plancha.

La mañana del domingo comenzaba con algo menos de viento del esperado, pero con -1ºC en el termómetro de nuestras BMW. Dejamos de lado el par de visitas previstas y nos dispusimos a volver a Zaragoza vía ruta del Mimbre -por enésima vez-, disfrutando de la Hoz de Priego*** y de Beteta***. La cuestión era sortear las placas de hielo y admirar todo el paisaje nevado que nos rodeaba hasta llegar a Molina de Aragón. Y luego, ya una vez en la autovía Mudéjar, luchar contra el fuerte viento en contra hasta Zaragoza.

En definitiva, un fin de semana muy gastronómico y con una meteorología adversa que esta vez no nos hizo quedarnos en casa. Aquí tenéis el mini-vídeo que grabamos.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=B9bg9ryHd7g&w=560&h=315]

Inside Cantabria. Cuaderno de viaje

SMR_20131019_Cantabria_010Tras las vacaciones de verano comenzamos nuevamente con nuestras habituales rutas de fin de semana. Y esa semana de septiembre tocó completar algunas cosas pendientes del interior de Cantabria. Comenzando por subir al pueblo de Orbaneja del Castillo, y no solamente su cascada a pie de carretera, recorrer las hoces del Ebro al completo, y posteriormente visitar algunos pueblecitos con algún interés. Y así pasamos por San Martín de Elines, por Aguilar de Campoo (que merecerá una visita más amplia en un futuro), Tudanca, Cosío, Carmona, el parque de Sequoias (verdadero motivo del viaje), Riocorvo o la Colegiata de Santa Cruz. Acabamos en Suances, degustando una cena que rememoraremos durante mucho tiempo en el restaurante Amita.

Y para los frikis a los que os gustan mis dibujillos, aquí tenéis el enlace al pdf del cuaderno de viaje, o podéis buscar otros de viajes anteriores en mi la página de «libro de rutas».