NK13. Sandvik-Trondheim. Unos que vienen y otros que van

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Es lo que tiene la ruta hacia Nordkapp, que unos vienen y otros van. A unos se les nota en la mirada que están a punto de conseguir un sueño, y otro ya tienen -tenemos- esa cara de tranquilidad de haberlo conseguido. Eso he visto en Adrián [diría que se llama así, la verdad es que soy muy malo para los nombres], un malagueño y su 750 que nos hemos encontrado en una gasolinera cerca de Trondheim.

-¿Vienes o vas? -le he preguntado simplemente. Es curioso, a tantos kilómetros de casa, y ya a unos cuantos de Nordkapp, esa simple pregunta la entiende cualquiera.

-Voy -me contestó mientras se ponía su traje de agua. -Llevo tres semanas de viaje dando vueltas por el sur de Noruega, y ahora ya me voy para arriba.

Y hablamos de los que se habla en estos casos. Que si camping para arriba, que si hitter para abajo. Que si joder cómo llueve, que si hace frío… Es el primer español en moto que nos encontramos y claro, todos teníamos ganas de hablar. Ahí, en medio de la gasolinera. Ni me fijé si había coches haciendo cola detrás nuestro. Lo primero es lo primero. Pero empecemos por lo primero.

Hoy el día me ha sorprendido. Mirando por la ventana desde nuestro cuarto del centro de rehabilitación de alcohólicos no se veía un carajo. “Como siempre”, pensé. Pero al subirnos en la moto se podían esbozar algunos retales de azul cielo. Hacía tanto tiempo que no veía ese color que hasta me ha hecho ilusión. A poco de salir a la carretera, el sol lo ha iluminado todo. Los verdes eran más verdes, los azules de los lagos, mucho más azules. Del agua emanaba ese humillo de evaporación que le da un toque de misterio encantador. Encantador si hay sol, porque yo me encuentro ese humo saliendo de un lago de noche cerrada, y lo siguiente que espero es que salga un zombie de debajo de la tierra. O en su defecto, Michael Jackson cantando Thriller. Que no sé qué da más miedo. Pero de día, el humillo molaba.

La carretera E6 ha sido muy divertida. Para seguir a ritmo de 80 km/h, que es lo que está permitido, ni tenías que frenar en las curvas, que se sucedían una tras otra. Pequeñas subidas y bajadas, lago aquí, bosque allá… Todo muy bonito. 19ºC en el termómetro. Impensable. Pero todo lo que empieza se acaba. Y al sol le ha dado por desaparecer nuevamente. Entonces las nubes grises no dejaban ver las aguas tan azules ni los bosques tan verdes. De hecho, ya no había ni el humillo. Pero molaba igual. Molaba tanto que hoy hasta hemos hecho el aperitivo con un refresco y unas patatas. En una gasolinera. Toma glamour. Pero molaba igual. O más, incluso.

Trondheim también ha molado. Ya sin lluvia, aunque aún con nubes. Las casas de madera en los canales de la ciudad tienen colorido ya sea con sol o sin él. Hemos dado un agradable paseo por el centro. Andando, que a veces va bien y todo.  Hoy llevamos la mitad del viaje. Y hemos visto un montón de cosas. Ya voy haciendo sitio para el otro montón. El montón de cosas de los que vuelven.

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