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De la A a la Z: Badajoz

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Cambio de letra y paso a comentar los lugares más destacados que hemos visitado de la provincia de Badajoz. Lejana provincia, por cierto. Al menos para mí. Y eso implica que tampoco es que haya ido muchas veces, ni que la haya explorado en profundidad. De hecho he estado únicamente 2 o 3 veces, y de pasada. Pero no os preocupéis, está en la lista de futuribles.

La capital Badajoz me sorprendió cuando hice el primer Punta a Punta, el de 2014 entre Alicante y Estoril. La verdad es que ni entramos, pero desde la circunvalación, al otro lado del Guadiana, pude ver las espléndidas murallas que rodean el casco viejo. Me dije que algún día habría que volver, pero aún no se ha dado el caso.

serenaLo que sí he recorrido un par de veces son los alrededores del Embalse de la Serena. Muy recomendable recorrer la EX-332, donde nos encontraremos con una curiosa isla (formada por la subida de aguas del embalse, claro) a la que se accede por sendos puentes, y donde la carretera se vuelve unidireccional y puedes darle vueltas indefinidamente en sentido contrario a las agujas del reloj. Cuanto menos, curioso.

IMG_1785Y si seguimos por esa carretera hacia el norte, nos encontraremos con Puebla de Alcocer y su estupendo castillo en todo lo alto. No dudes en subir hasta él por las empinadas callejuelas: las vistas del pantano son espectaculares.

Por Mérida hemos pasado también un par de veces, aunque también tenemos pendiente una visita a su zona romana. El teatro romano aún nos espera, aunque no así su acueducto, que poco o nada tiene que ver con el de Segovia.

Y Zafra, donde pasamos media tarde deambulando por sus callejuelas. Su Plaza Grande, llena de arcadas, es pintoresca. Igual que su castillo, ahora convertido en Parador.

Y por último que puedo reseñar, un pueblo que no es más que prácticamente un apeadero de ferrocarril, pero que por motivos personales tenía ganas de visitar: Almorchón. Y es que pocas veces los que tenemos apellidos raros encontramos referencias geográficas al mismo.

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De la A a la Z: Álava

Con motivo de haber completado la lista de provincias peninsulares recorridas en moto, comienzo aquí un ligero repaso conmemorativo. Desde estas pocas líneas viajaremos una por una a cada una de ellas, remarcando lo que más me ha impactado. Conviene incidir en que esto no es una guía de viaje ni pretende serlo, sino que son ligeros apuntes que, si bien el viajero ávido de experiencias puede utilizar para nuevas ideas en sus rutas, solamente pretende avivar mi memoria. ¿Dispuesto? ¡Comenzamos!

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Álava tiene únicamente un gran fallo: Está demasiado cerca de Zaragoza, nuestra base de operaciones. Eso significa que no le he prestado suficiente atención, y que durante las rutas del fin de semana ha sido un mero lugar donde pasar la noche del viernes. Aún así hemos pasado ratos memorables.

Vitoria, su capital es una ciudad sorprendente con varios puntos de indiscutible importancia. Su almendra medieval es uno de ellos, ya que las estrechas calles muy comerciales están repletas de vida a cualquier hora. La catedral de Santa María (la catedral vieja) estuvo de restauración bastante tiempo, pero creo que es una joya gótica de especial interés. Asómate también a la plaza de la Virgen Blanca, verdadero centro neurálgico de la ciudad. Amplios espacios irregulares, con lugares pintorescos en todos sus rincones. Además Vitoria cuenta con interesantes y sorprendentes murales a todo color en muchos de sus edificios. No te los pierdas! Y para cenar, nada mejor que el restaurante IKEA, donde rodeado de una decoración en madera diseñada por Mariscal te encontrarás sorpresas culinarias de primer nivel en un ambiente muy distendido.

¿Y en el resto de la provincia? Me quedo con la Rioja Alavesa y sus bodegas, donde el diseño arquitectónico se ha empleado a fondo. Bodegas como la del Marqués de Riscal en Elciego o Ysios en Laguardia bien merecen una parada.

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Salto del NerviónLas salinas de Añana también nos sorprendieron, aunque recuerdo que el día fue lluvioso. Múltiples terrazas ascendían por la colina haciendo reposar el agua para extraer sal. A los que venimos de las orillas nos sorprende ver este tipo de instalaciones lejos del mar.

Nuestra asignatura pendiente la tenemos con el Salto del Nervión, en la frontera con Burgos. Dicen que es el salto de agua más alto de la península, pero la única vez que intentamos verlo estaba completamente seco. Así que deberemos volver en alguna época más propicia.

En definitiva, una ciudad sorprendente y una provincia con muchos alicientes, a los que además deberemos añadir un sinfín de carreteritas que pierden entre verdes colinas y los preciosos caseríos vascos.

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Toulouse, Concorde y Zaragoza. Retorno al Este. Cap. 26 y final.

Hemos pasado nuestro última mañana de viaje viendo aviones. Mira, soy así de friki. El museo Aeroscopia de Toulouse abrió sus puertas hace algo más de un año, y tenía muchas ganas de verlo. Sobre todo para admirar al Concorde, y los otros aviones que allí se exponen. Pero de eso ya hablaremos más adelante en otro blog.

Pues no, al final no hemos pillado el Concorde para volver a Zaragoza. Hemos ido por carretera y tal. Por cierto, menudo calorazo solo pasar el túnel de Bielsa! Hemos batido el récord del viaje, con 37,5ºC!! Y yo que temía por las temperaturas balcánicas!

Lo que sí me ha parecido supersónico es cómo se han pasado de rápidas estas cuatro semanas. Ha sido un viaje intenso y muy variado, casi día a día. Casi 10.000 kilómetros de ruta, catorce países y muchos recuerdos. Como el romanticismo de la Piazza San Marcos de Venecia, desde ahora siempre muy especial para nosotros. O el silencio incómodo en la base aérea abandonada de Zeljava, en Croacia. Me quedo con el encanto de Mostar y su puente, en Bosnia y Herzegovina. O la grandiosidad del Piva Canyon en Montenegro, el encanto de la puesta de sol en el lago Ohrid de Macedonia, o las montañas de Belogradchik de Bulgaria. Recordaré siempre los monasterios pintados de Rumanía y las vistas de la ribera del Danubio en Budapest, Hungría. O el paseo a media tarde por Bratislava en Eslovaquia, y la majestuosa plaza de Oloumoc. Y como no, Hallstatt, el pueblo de postal de Austria, los imponentes Dolomitas y el Passo San Boldo de Italia, o las imperdibles Gorges del Tarn en Francia. 

Hemos atravesado los Cárpatos dos veces, los Alpes, los Dolomitas y los Pirineos, y las motos no han dado ni una sola queja. Y por supuesto he de acordarme de la valentía de Belén, que como en otras ocasiones se ha lanzado a la aventura por países complicados para conducir como Albania, Bosnia o Rumanía. Además, ha tenido que aguantarme 28 días, y eso es de mucho mérito ya de normal. Así que imagínate lo que ha sido en mi estado. Porque no lo he dicho en ningún momento, pero una hernia discal me ha hecho la pascua durante todo el viaje, dejándome como un auténtico inválido en cuanto me bajaba de la moto. Por todo ello, gracias, Belén.


Y gracias a vosotros, que me habéis aguantado las crónicas, las fotos desde la habitación del hotel o los restaurantes al aire libre. De verdad, es duro ponerse a escribir a las once de la noche, pero es impresionante la fuerza que dáis para hacerlo y compartir lo que ha sido nuestro viaje. Gracias de verdad. 


Y ahora qué? Pues a hacer coladas. Que la lavadora ya está pidiendo que le saquemos la primera tanda de ropa sucia. Y en un par de días, el resumen estadístico y de gastos del viaje. En unos días, los vídeos del viaje. Y durante los próximos meses, toda la información turística que he recopilado la iré desgranando en el blog El Rutómetro de Jaus. Estáis invitados.

Y como decía aquél, vámonos a la cama que esta gente querrá irse a casa. Buenas noches!

Lulú? Se mua. En Francia! Retorno al Este. Cap. 24.

A ver, que hoy estoy reivindicativo. Se me ha pegado algo de la revolución francesa y hoy van a rodar cabezas. Pero comencemos por el principio. Y el principio no es otro que pasar a Francia desde Italia, rodeados por montañacas de esas que te quitan el aliento. Como vienen siendo los Alpes, vamos. 


Y a eso que sigues la carretera y te encuentras el desvío hacia el Galibier. Pues para allí que nos hemos ido, rodeados de glaciares con nieves perpetuas por carreteritas estrechas con un desnivel muy importante y sin quitamiedos. De esas que molan, vamos. 


Hemos seguido a Grenoble con algún que otro temor a que la carretera estuviera cortada, porque llevaba varios kilómetros viendo el cartel de Grenoble tachado. Al final solamente era un corte para los camiones y autocaravanas. Nosotros pasamos sin problemas. Y después a comer ensalada de tomate, que con el calor apetece más que los fideos esos de sobre. Además, se nos ha acabado el gas del hornillo. Y aquí rueda la primera cabeza: señor del Decathlon que me vendió la moto de que los hornillos Primus los encontraría más fácilmente en Europa que los de la marca CampinGaz, NO TIENE NI IDEA! En Austria e Italia me cansé de preguntar por los recambios de bombonas Primus, Y NI UNO TENÍA. En cambio de CampinGaz… A patadas! Menos mal que me gusta la ensalada de tomate. 


Tenía pensado pasar por las Gorges de la Bourne. De hecho hemos pasado por allí. Pero ha sido un lapsus mío, porque lo que realmente buscaba era Combe Laval. Y por mucho que seguía la ruta del GPS, el espectacular cañón no aparecía. He tenido que buscar y buscar para encontrarlo finalmente. Y es que pasar por ahí vale la pena.


La cosa ha sido que tras desviarnos unos míseros 18 kilómetros, los 120 que faltaban para destino se han convertido… en 200! A ver, señor Garmin: Si desde el punto A faltan 120 kilómetros, desde A+18 no pueden faltar 200km. Si hace falta, me hace usted dar la vuelta y vuelvo por donde he venido. Además, me ha calculado una hora de llegada que ni yendo en bicicleta. Guillotina también hoy para el GPS.


Y luego ha llegado la cena en Alès, que así se llama el pueblo donde estamos. Debe ser que nuestro idioma nativo italiano nos ha confundido, pero de 4 platos que hemos pedido (la carta estaba en francés, evidentment) NO HEMOS ACERTADO NI UNO! Eso sí, buenos estaban todos. Así que voy a pasarme la noche practicando. Lulú? Se mua.

De Bérgamo a los Alpes. Retorno al Este. Cap. 23.


A ver, que me encanta Italia. Y no solo por el dominio natural del idioma del que hablamos ayer, sino por todo. Lo latinos que son, los paisajes cambiantes, los monumentos, la comida,… Todo. Pero qué quieres que te diga? Lo de poner casi todas las gasolineras automáticas me parece una muy mala idea. Y mira que en los países nórdicos son así y nunca tuve ningún problema. Pero la cosa es que en Italia no hago más que tener problemas con las tarjetas. Dos VISAs que llevo, pues ninguna vale, oye. Al final has de hacer cuentas sobre los litros que nos cabrán, porque tampoco tenía cambio. O te toca pagar en el LIDL con un billete de 50 eurazos para pagar un par de tomates y así tener cambio. Lo dicho, que no me mola. Además, carísima. Punto negativo.


Por lo demás, hoy descubrimos Bérgamo. Aunque casi me pierdo. Y mira que me oriento, pero fue bajarme de la moto en la Città Alta, echarle un vistazo al GPS y tenerlo todo controlado. Y a los 10 metros, las cosas no me cuadraban. Tras unos momentos marronáceos de bloqueo, al final decido volver a la moto a por el GPS. Y mira que me fastidia depender del cacharrillo, pero va bien el jodido.


De Bérgamo me quedo, sin dudarlo, con los techos de Santa María Maggiore. Son realmente espectaculares cómo puedes ver en todas las fotos que cuelgo hoy. Y mira que llevamos techos en este viaje! Pues estos estarían dentro del top 5. Y también sorprende que en una misma plaza coexistan dos templos tan grandes como el Duomo y Santa María. Pero bueno, Italia siempre ha sido un desparrame. Que hay que poner una iglesia? Pues toma dos! Que hay que poner un lavacoches? Pues que tenga para veinte coches a la vez! Exageración a tope. 

El resto del día, un coñazo. Carreteritas, rotonda, carreteritas… Y así hasta el infinito pasando por los suburbios de Milán -que no hemos parado porque ya la conocemos- y Turín. Y a partir de ahí, lo mejor: nuevamente el abrazo de los Alpes. Se nos iban acercando por derecha e izquierda hasta casi dejarnos sin puesta de sol. Pedazo picos! Lo que decíamos: desparrame! 

Hoy dormimos a más de 1000 metros de altura en Oulx, a tiro de piedra de Sestriere. Así que mañana entramos en Francia. Pero tranquilos, que aún nos queda mucho viaje. Buenas noches!

De Mauthausen a Hallstatt. Retorno al Este. Cap. 20.

La vida es un álbum de recuerdos lleno de contrastes. Como el de hoy. Hoy hemos recorrido de un extremo a otro desde lo más mísero de la humanidad hasta paisajes prácticamente celestiales. Desde el horror del campo de concentración de Mauthausen hasta la belleza plácida de pueblecitos como Hallstatt. De 0 a 100 en poco menos de 140 kilómetros.


La llegada a Mauthausen se hace por una carreterita estrecha y empinada. Al alcanzar el final de la colina te topas de frente con la mole gris de sus paredes y sus torres de vigilancia. Después de haber visto Auschwitz, pensaba que esta vez iba a dejar las emociones en el parking, junto a las motos. Pero no ha podido ser. De hecho, no debía ser. Pasear por los barracones, la cámara de gas o el crematorio, la tristemente famosa escalera de la muerte o pasar los dedos suavemente por los miles de nombres allí escritos… Miles de vidas truncadas sin motivo. Y muchas (pero muchas muchas) con apellidos conocidos. Porque al contrario que en Auschwitz fueron muchos los compatriotas que allí terminaron sus días. Y eso te toca.

Pero afortunadamente el día ha dado mucho más de sí. Dejamos atrás (sin olvidar, eso sí) los horrores de Mauthausen para adentrarnos en las verdes colinas y frondosos bosques de las primeras estribaciones alpinas. A pesar de que el cielo está bastante gris, la hierba refulge inundándolo todo con ese verde casi fluorescente. Vamos dando un rodeo disfrutando de los paisajes hasta llegar a, según dicen muchas listas, el pueblo más bonito de Europa.


Hallstatt es simplemente precioso. Cuidadísimas callejuelas a pie de lago, con paredes montañosas repletas de abetos que lo rodean. Absolutamente pintoresco. Las fotos que había visto en decenas de posts  le hacen justicia. No sabría decirte si es el más bonito de Europa (de hecho, resulta algo absurdo clasificar la belleza), pero sí estaría entre mis top 5. A pesar de los japoneses.


Si ya he visto Reine en Noruega (tres veces) y Hallstatt en Austria, prácticamente según internet no me queda nada más bonito que ver en Europa. Así que una de dos: o ampliamos fronteras en próximos viajes o le quitamos la razón a Google e intentamos que el mundo se entere que la belleza la podemos encontrar en infinidad de lugares, muchas veces muy cerquita de casa. Seguiremos buscándola cada fin de semana. 
Y hoy dormimos en Salzburgo. La vuelta que hemos dado esta noche por el centro nos ha hecho cambiar los planes y mañana saldremos algo más tarde a la carretera: apetece ver y fotografiar la ciudad de día. Y ya luego nos metemos en los Alpes y a ver si escribimos con un tono algo más simpático. Porque qué quieres, hoy no me salía escribir de otra manera. 

En Moravia y Brno un día de Gran Premio. Retorno al Este. Cap 19.

Pues sí, después de hacer muchas filigranas planificando para no estar en Brno el día del Gran Premio, ahí nos ves, el mismo domingo de carreras, paseando por la ciudad. Pensaba que sería peor, por los atascos y tal. Pero no hemos visto un alma. Igual estaban todos en el circuito, pero en la ciudad quedaban cuatro gatos. También el hecho de que lloviera a cántaros no ayudaba a que hubiera mucho jolgorio por las calles. 


Si tengo que resumir -que no sé si tengo que hacerlo, pero me apetece porque hoy estoy especialmente cansado-, diría que casi ha sido un día de mierda. De esos que ves poca cosa y lo pasas mal. Y el “casi” lo he puesto porque en realidad ha habido algunos momentos en los que la cosa ha molado. Me voy a centrar en esos momentos, que creo que mola más.


El momento de ver aparecer el castillo de Bouzov entre la niebla ha molado. Llovía y las carreteras eran estrechas y penosas, pero ese momento ha sido guay. Aunque haya tenido que meter la moto en un barrizal para hacer la foto.

Y también han sido mágicos los momentos en los que las pequeñas carreteritas se metían en frondosos bosques de abetos. Era como meterse en un túnel sin iluminación. De eso no tengo foto, pero son de esos momentos que se quedan grabados en el hipocampo (porque sí, ya está bien de que intentéis grabar cosas en la retina: en la retina no se puede grabar nada). #momentomédicofriki. 

Y tras Brno, Mikulov. Otro pueblo con encanto pero que después de ver Oloumoc sin lluvia, creo que todos los demás pueblecitos de Moravia quedan algo deslucidos: tienen estructura similar: gran plaza rodeada de edificios de colores pastel y en medio un monolito dedicado a la Virgen o a algún otro personaje con aureola de santo.


Después de las mil venturas y desventuras de intentar comprar un adhesivo tanto en Brno (ni una tienda de souvenirs en el centro) como en Mikulov (tuvimos que comprar unos algo patéticos en la oficina de turismo), nos metimos en las autopistas austríacas para pasar la tormenta lo más cómodamente posible a 125 km/h. Ahora estamos en Linz, tras habernos saltado un par de puntos de interés, algunos de los cuales retomaremos seguramente mañana. Porque mañana será otro día. Buenas noches.

El día de los tres países. Retorno al Este. Cap. 18.

Que sí. Que me dijeron que mi bisabuelo dejó de estudiar geografía hasta que los países no cambiaran al menos en 10 años. Y lo que hoy han sido tres países hace unos años habrían sido dos. Y hace muchos más quizá uno. Sé como sea, hoy hemos desayunado en Hungría, comido en Eslovaquia y cenado en la República Checa. No es ningún récord, pero mola.


Hemos comenzado en Szentendre, un pueblecito al lado de Budapest y a orillas del Danubio que se las da de pueblo con encanto. Y no es que esté mal, pero es que viniendo de Budapest, todo queda un poco deslucido. Menos mal que hemos llegado cuando aún no habían desembarcado las hordas de turistas, y los comerciantes recién abrían sus tiendecitas. Porque otra cosa no, pero tiendas de souvenirs habían un rato. 

En Esztergom está el templo católico más grande de Hungría. Pero vamos, que no mata. Hoy era el día de las cosas que no mataban. Y lo curioso es que sin darnos cuenta, hemos atravesado un puente sobre el Danubio y hemos pasado a Eslovaquia. Y mira que teníamos florines húngaros para gastar! Así que media vuelta y hemos vuelto a pasar la frontera. La cosa es que se ve que en Hungría es fiesta y estaba todo cerrado. Hemos usado el comodín de la gasolinera y… Bingo! Los fideos esos yatekomo o komosequieranllamar los teníamos en el primer estante que hemos mirado. Hemos triunfado. Media vuelta y para Eslovaquia de nuevo.


En Bratislava nos hemos tomado un helado. Y poco más. Vueltecita por el centro, repleto de turistas. Compra de la pegatina preceptiva y a la carretera de nuevo. Y en poco más de una hora estábamos en la República Checa. Y qué hacemos aquí? Pues que yo he visto que por aquí está la región de Moravia, y me mola el nombre. Así que para allá que nos hemos ido. Seguro que Belén os contará que todos los caminos conducen a Brno, pero nosotros hemos intentado evitarlos, que mañana por aquí hay Gran Premio de MotoGP y seguro que todo está a petar. Hemos recalado en Oloumoc, un fantástico pueblo con unas enormes plazas monumentales. Allí hemos olvidado la caca de perro que había en el ascensor del hotel (no me preguntéis, que no tengo más datos) con unas magníficas carrilleras al vino y un carpaccio que quita el hipo.

Mañana dan lluvias, a ver si son pocas porque tenemos que volver a cambiar de país. Buenas noches.

Budapest te deja sin habla. Retorno al Este. Cap. 17.


Quien no ha estado en Budapest de noche, no tiene ni idea de lo que es una ciudad monumental. Mira, que se quiten las demás. Y eso que hay. Que si París, que si Roma, que si Barcelona… Pero llegar a Budapest en la hora azul, atravesar el Puente de las Cadenas y quedarse sin habla al contemplar ese Parlamento a los pies del Danubio es… simplemente mágico. Y eso que no era mi primera vez.

Esa sensación sobre todo te la llevas cuando unas horas antes, simplemente unas horas antes, estabas en medio de las montañas de Maramures observando cómo el modus vivendi del 99% de la gente era coger la guadaña y el rastrillo, montarte en tu carro tirado por un caballo e irte con tu falda de flores y tus calcetines gruesos a cultivar tu huerto. Doscientos kilómetros y una frontera más allá, te encuentras con Budapest y su glamour de ciudad imperial. Contrastes. Esos contrastes maravillosos que te da la vida y te enseña que en la diversidad está la sorpresa. La búsqueda de esa diferencia debería ser el motor de todo viajero. 


Perdonad que me ponga filosófico, pero es así. A las 11 de la mañana estábamos en una iglesia de madera del siglo XVII en la zona más rural de Rumanía. Y esta tarde, admirábamos un Parlamento húngaro de finales del XIX. Mucho más que unas pocas horas, dos siglos y una frontera de diferencia. 

Y es que el día tampoco ha dado mucho más de sí. Una carretera muy recomendable la que va desde Mara hasta Satu Mare, con muchos tramos recién asfaltados y otros tantos que lo estarán en breve. Apuntadlo para futuros viajes. Y luego, tras la tediosa frontera húngara, autopista. Allí nos hemos encontrado a Javier, un intrépido motero que se va a los Tatras. Con él hemos conversado un buen rato mientras comíamos en un área de descanso. Y finalmente la gloriosa llegada a Budapest. Porque, os he dicho ya lo hermosa que es? Mañana la admiraremos incansablemente durante todo el día. Ahora, mejor os doy las buenas noches.

Maramures, los Alpes rumanos. Retorno al Este. Cap. 16.


A ver, que yo me pensaba que los de Europa del norte eran los más civilizados y cumplían todas las normas. Después de cuatro Cabos Norte, este viaje por Balcanes y Europa del Este está siendo un shock en ese aspecto. Pues bien, no va la familia de holandeses y se salta por el forro todas las indicaciones de “no foto” en el monasterio de Dragormina? En los monasterios ortodoxos más conocidos tienes que pagar una “tasa” para poder hacer fotos o vídeos (no llega a 3€) y siempre por fuera, porque para preservar sus frescos algunos te impiden la foto por dentro (no todos, por ejemplo el de Secu, maravilloso, vacío y sin restricciones fotográficas, al menos de momento). Pues a lo que iba, que me vuelvo a dispersar: prohibido fotos dentro del monasterio? Pues los holandeses, foto al canto. Prohibido fotos en el museo? Pues allá que van otra vez con la camarita… Y luego decimos de los latinos… A todo esto, el monasterio bien, los frescos muy buenos, aunque se va haciendo todo algo repetitivo.

Después hemos pasado por el monasterio de Voronet. Este molaba, porque tiene frescos tanto por dentro como por fuera, y datan del siglo XVI. La cosa es que estaban allí concentrados todos los turistas del país.  Autocares, grupos de italianos, alemanes… Y como los monasterios son pequeños, parecía el metro en hora punta. De todas formas los frescos interiores son excelentes, y los exteriores, aunque un poco deteriorados, también.


Y luego tocaban más de 200 km hasta la siguiente y última zona que vamos a visitar en Rumanía: las montañas de Maramures. Carreteritas con el peor asfalto que hemos tenido en todo el viaje durante más de 50 kilómetros nos han llevado hasta los 1400 metros de altura, entre montañas repletas de abetos y algún que otro poblado rumano que vivían en caravanas y casas prefabricadas -o casi fabricadas- a pie de carretera.

Aquí la moda de las mujeres mayores es muy clara: falda de flores, calcetines de colores hasta media pierna y pañuelito en la cabeza. Glamour a raudales. Pero no veías una ni dos… TODAS visten así. Entre eso, la gran cantidad de carros tirados por caballos y las casitas de madera, parecíamos haber atravesado el túnel del tiempo. Además, las iglesias comenzaban a ser todos de madera, muy altas y esbeltas al estilo de las que he podido ver en Noruega. Muy curioso.

En el monasterio de Barsana nos encontramos a un rumano que vive en Zaragoza y nos preguntó si nos estaba gustando su país. Pues todo perfecto, menos el asfalto, majo. Que parece que tengan solo una máquina alquitranadora y que se vaya recorriendo todo el país pero pausadamente, porque hay zonas en las que no ha pasado en lo menos cincuenta años. Veis? Ya me disperso otra vez. El monasterio. Pues de madera, como toca por esta zona. El interior pintado pero como de cómic, curioso también. Alrededor habían plantificado una serie de edificios del mismo estilo que realmente no desentonaban, pero que en conjunto parece un parque temático. 


Y sí. Esta mañana hemos llegado lo más al este en este viaje. Hemos cruzado 26 meridianos para encontrarnos en un mundo muy diferente al del meridiano 0. Aunque quizá no lo sea tanto. A partir de mañana volveremos hacia donde se pone el sol, y seguramente encontraremos mundos diferentes cada día. O no. Porque querido lector, los paisajes, la gente y las culturas las hacemos nosotros diferentes en nuestra cabeza. En definitiva, todos somos iguales. O deberíamos serlo.