De la A a la Z: Ávila

La última del 2013 - 6

Analizando los viajes que hemos hecho por Ávila, me doy cuenta que puede ser una de las grandes provincias que hemos descuidado. Se encuentra en un rango de kilómetros relativamente asequible para un fin de semana, pero sus duras condiciones climáticas la mayor parte del invierno ha imposibilitado que la visitemos más asiduamente. De todas formas, y aunque de pasada, la hemos visitado en un par o tres de ocasiones, centrándonos fundamentalmente en su capital.

_SMR1666.NEFPorque si hay algo emblemático de Ávila son sus murallas. Y no podemos dejar de admirarlas cada vez que pasamos cerca. Abrazan el casco antiguo de la ciudad por todos sus rincones, sin dejar ni un resquicio. La única manera de entrar es a través de alguna de sus imponentes puertas. Quizá la mejor manera de ver todo su conjunto es desde el mirador de los cuatro postes, situado en las afueras, en la N-110. Y luego, no tienes más que adentrarte en la ciudad por el Arco de San Vicente -por poner un ejemplo-, donde tendremos a tiro de piedra la Basílica de San Vicente, extramuros y  de estilo románico-gótico, y la Catedral, ya protegida por las murallas y de un estilo gótico muy sobrio, como toca en una provincia tan recia y castellana como Ávila.

IMG_0711El paseo por el casco antiguo es muy agradable, lleno de palacios señoriales y callejuelas estrechas. Un buen lugar donde alojarse es el hotel Palacio de Monjaraz, donde fácilmente te puedes trasladar a otra época de caballeros y señores. Para comer existe una amplísima variedad de restaurantes donde elegir platos de la zona. Nosotros nos decantamos por El fogón de Santa Teresa, donde degustamos unas patatas revolconas y un buen chuletón de Ávila, como debe ser.

Y la asignatura pendiente se encuentra en el resto de la provincia. Intentamos visitar el castillo de Castronuevo, en Rivilla de Barajas, pero es una finca privada, donde no encontramos la manera de llegar. Y en la agenda de futuribles visitas se encuentra el pequeño pueblo de Navaluenga, con su puente romano.

En definitiva, Ávila es un lugar quizá demasiado cercano y conocido para los de la capital, pero para el resto se muestra con ese encanto de lo inaccesible -al menos durante buena parte del año, hasta que los días no sean más largos- y de lo auténticamente castellano, donde estoy deseando volver.

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