Ya ha comenzado el periodo, por otra parte común en los viajes más o menos largos- en el que pierdes la noción del tiempo. No recuerdas el hotel de hace 4 o 5 días o no sabes en qué día vives. Las jornadas empiezan a pasar más rápidamente, y no sabes cómo, vas quemando etapas. Los días, cuanto más al norte, se hacen más largos, pero los vives como si pasaran en un suspiro. Hoy he mirado mi reloj y resulta que era lunes… y yo ni idea. Ni falta que hacía.

La ruta de hoy ha sido completamente de transición. De traslado. Desde la zona de los fiordos hasta las islas Lofoten no esperaba encontarme nada, como así ha sido. La mayor parte del trayecto ha trascurrido por la carretera E6, la llamada “carretera del Cabo Norte”, ya que enfila el norte desde Oslo y no lo deja hasta llegar al punto más septentrional de Europa. No deja de ser una carretera normal, con sus paisajes que continúan siendo excepcionales -hoy me he movido entre bosques de abedules y de pinos, entre lagos y ríos y entre pueblitos de casas esparcidas- pero que la monotonía los hace vulgares. Es una idea que me va rondando por la cabeza entre curva y curva: ¿Los noruegos disfrutan tanto de su paisaje como nosotros? ¿O ya están acostumbrados? A tenor de sus -frecuentes- áreas de descanso en las carreteras, deben de estarlo, ya que no las ponen precisamente en el mejor lugar para admirar el paisaje.

A la hora de comer me he dado cuenta de que llevaba más de 4 horas con el casco puesto, y ni me había enterado. Estaba yo parado en un precioso lago solitario, alejado de la carretera principal comiendo galletas y con el casco puesto… Y es que ya forma parte de mí. El BMW System 6 me ha sorprendido. Para ser un convertible, tiene un peso ajustado -y si no lo es, no lo parece, posiblemente por su cuidada aerodinámica que lo hace comodísimo en marcha-, y sobre todo una sonoridad muy reducida. Me ha sorprendido sobre todo la manera que tiene de aislar completamente tu cabeza del viento gracias a la extensión de la mentonera realizada, igual que el resto del forro, en Alcantara. Ni con las temperaturas de 9ºC que he sufrido hoy necesitaba pasamontañas. Y otra cosa que me maravilla es el cierre rápido, mucho mejor conseguido que otros que he probado.

Las dos únicas concesiones que he hecho a la carretera E6 han sido para ver pueblos Sami (mal llamados Lapones). Tanto Snasa como Hattfjelldal me han parecido sosos, sin ningún tipo de interés, a no ser que mires el censo (son dos importantes asentamientos Sami del sur del país). El único aliciente es transitar por la carretera 73 que lleva a este último. Es solitaria, con unas curvas muy divertidas, pero que te obliga a estar alerta, ya que alguno de sus múltiples badenes y baches puede sacarte de la trayectoria. La curiosa estampa de ver una antigua pista de aterrizaje convertida en almacén de madera -ver foto del inicio- también me ha sorprendido.

El día acabó en Mo i Rana, a pocos kilómetros de la línea virtual del Círculo Polar Ártico, que mañana atravesaré.

REFLEXIONES NORUEGAS:

– ¿Por qué todos los perros van atados, aunque los estén paseando por el campo?

– ¿Por qué ponen tantas señales de los renos, si llevo miles de kilómetros sin ver ni uno? Esto me suena al cuento de Pedro y el lobo…

– ¿Por qué todas las bebidas de naranja al norte de los Pirineos saben a medicamentos?

Hoy he recorrido 556 kilómetros en 7 horas y 4 minutos, a una media de 79 km/h. El consumo medio sigue siendo de 3,9 l/100km. Llevamos 6027 kilómetros de aventura. Y como siempre, la ruta aquí (por error está unida a la de ayer, perdonen las molestias. Ahora no lo voy a cambiar que mañana he de levantarme pronto para ver si llego al ferry de las 12.30, que está a 400 km de aquí).

The Long Way North. Day 10


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