Amanece tarde en Llanes. Me alojo en el el Hotel Rural Cuartamenteru, en Poo de Llanes, a menos de 2 km del núcleo urbano. Aunque he estado bien en todos los hoteles de la ruta, me ha encantado el trato personalizado y las ganas de agradar del personal; Altamente recomendable si vais por la zona. 
Por enésima vez vuelvo a cargar los trastos en las maletas de la moto. La mochila donde llevo la ropa y el Mac siempre se resiste a entrar, pero con autoridad y dotes de mando, finalmente la puedo meter en vereda a empujones. En uno de estos empujones se me ha caído el casco al suelo, rompiéndose el deflector de salida de aire. “Habrá que comprar pegamento”, pienso para mis adentros; pero soy consciente que un Viernes Santo será difícil encontrar un sitio donde tengan pegamento. Así que guardo la pieza y me olvido del tema.
Haciendo caso al personal del hotel, en lugar de enfilar hacia Comillas y Santillana del Mar, como tenía previsto, y en un alarde de valentía por mi parte, decido alterar mis planes y costear el cantábrico pero en sentido contrario y acercarme a Lastres, pequeño pueblecito pesquero, famoso por ser la ubicación de la serie “Doctor Mateo”. Se ve que oleadas de turistas van al pueblecito por este motivo. Yo no he visto nunca la serie, me gustaba más cuando el doctor trabajaba de camarero en el Casi Ke No. Pero el pueblo debe de ser bonito, con o sin doctor.
En lugar de coger la autovía decido ir por la carretera, la N-632. No es que la haya disfrutado mucho, porque no hacía más que pasar pueblos y pueblos. Pero me ha servido para ver una peculiaridad de la zona: muchos pueblos tienen un larguísimo tronco como si fuera un poste de teléfonos rematado con banderas españolas y asturianas. No sé si será una competición a ver quién pone el poste más grande, porque debían medir unos 20 o 30 metros de altura. La carretera, una vez pasado Ribadesella se hace más divertida, aunque tampoco como para tirar cohetes.
En Colunga, a pocos kilómetros de Lastres me encuentro con un bazar de los chinos. Rápidamente se me enciende la bombilla y paro para comprar el pegamento. Qué suerte que los chinos no celebran ninguna fiesta!! En el bazar puedes encontrar de todo. De hecho los pegamentos estaban entre los sujetadores y las compresas -quién decidirá cómo colocar el género? Obedece a una razón que se me escapa?- Así reparo de manera improvisada el primer contratiempo de todo el viaje.
Como era de esperar, miles de turistas invaden Lastres y yo tengo trabajo incluso para aparcar la moto. El pueblo tiene su encanto, es como un pequeño Positano sin tanto colorido. Escaleras y más escaleras van buscando hueco entre las casas apiñadas. Desde el puerto se tiene una bonita panorámica del pueblo y de la costa cercana.
Tras la visita toca deshacer lo recorrido. Debido a lo tarde que es y que la carretera no me gustaba excesivamente, me meto en la autovía para hacer los 65 km de retorno. Paso por San Vicente de la Barquera y llego a Comillas con el tiempo loco -ahora nubes, ahora sol-. Si el atasco de Llanes era grande, no te cuento el de Comillas. 10 minutos para recorrer 400 metros! Lástima que la moto ahora no pasa entre coches! Llego al Capricho de Gaudí y me lo encuentro cerrado -son las 2 de la tarde-. Así que sigo hacia Santillana del Mar donde dejo la moto al lado de la carretera, exactamente donde una vez, hace más de 15 años, dejé mi CBR600.
Lo primero es lo primero e intento encontrar un sitio para comer. Los tres primeros donde pruebo están a tope y al final me recomiendan un hotel restaurante a pie de carretera donde me zampo un cocido montañés y un solomillo al queso de Tresviso -huy! que es viernes Santo!- Lo del queso de Tresviso ya lo había probado hace un par de días, pero el camarero -motero, por cierto- me lo recomienda encarecidamente en lugar del rape que había pedido yo. En los postres viene a sentarse en la mesa de mi lado una leyenda viva de Cantabria: Severiano Ballesteros -David Bustamante? Y ese quién es???-. Seve llegó con pasitos cortos, renqueante y con la mirada algo perdida. Me alegra comprobar con mis propios ojos cómo le está ganando la batalla a esa grave enfermedad que padeció.
Tras la comilona, nada mejor que un paseo por las empedradas calles de Santillana. En lugar de ser la Villa más bonita de España, ahora me parece más bien un parque de atracciones. No creo que viva nadie allí dentro. Todo son tiendas de souvenirs, restaurantes u hoteles. Una pena. Habrá que volver fuera de temporada para saborearla mejor.
La última etapa de hoy me ha de llevar a Burgos. Quiero ir por el Puerto del Escudo, en lugar de por la quizá más fácil autovía de Aguilar de Campoo. Primer contratiempo para encontrar la N-623 a la salida de Torrelavega. Me pierdo en varias ocasiones hasta que finalmente la puedo enfilar. Durante todo el trayecto el GPS me intenta desviar, no sé qué mosca le habrá picado pero no quiere ni oír hablar del Puerto del Escudo. Como el que conduce soy yo, al final me salgo con la mía. Esta sí que es una carretera para disfrutar. Buen asfalto, curvas de todo tipo y muy poco tráfico. El tiempo va empeorando al acercarnos al Puerto, e incluso comienzan a caer algunas gotas de lluvia. Al Puerto del Escudo le suceden varios puertos más, y con ellos llegó el viento nuevamente. Sopla de Suroeste, por lo que durante mis días en el Cantábrico los Picos de Europa me servían de parapeto. Pero ahora vuelvo a estar al descubierto. No eran tan peligrosos como los de Hendaya, pero sí molestos.
Estoy a pocos kilómetros de Burgos y el GPS continúa emperrado en cambiarme de carretera. Lo reprogramo para ir a la Catedral en lugar de al hotel -así mañana me ahorro la visita, que tendré un día muy duro…-. Calles cortadas, puentes en obras, procesiones por las calles… Una odisea para llegar al centro. Me infiltro en varias procesiones y finalmente llego andando hasta los pies de la Catedral.
La Catedral de Burgos es el contrapunto de la de León. Había escogido estas dos ciudades fuera de la ruta natural del viaje a Picos de Europa por este motivo. Mientras que la de León por fuera es más bien austera, por dentro tiene una riqueza impresionante. Y la de Burgos te deja con la boca abierta al contemplar su fachada, pero te deja algo frío una vez en su interior. Y es que no se puede tener todo en esta vida.
Encuentro, no sin dificultad debido a las obras y las procesiones el hotel. Paso como por casualidad delante de la estatua del Cid Campeador, con su capa ondeando al viento. Era un recuerdo que tenía de pequeño y que quería volver a ver. Gran personaje, el Cid.
Puedo dejar la moto en el párking del Hotel Corona de Castilla, cosa que me agrada, ya que está en pleno centro de la ciudad, y no es plan de dejarla en la estrecha acera. Ahora saldré a merodear por la ciudad en busca de alguna foto y de alguna procesión. De hecho oigo los tambores desde mi habitación. Pero habrá retornar pronto para reponer fuerzas, que mañana me espera un día de órdago!
En fin, me quedo con el pueblo del Dr. Mateo -no con él- y con los dos Cides Campeadores, el de Burgos y por su puesto el cántabro: Severiano!

Os podéis descargar el archivo para ver la ruta de hoy en el Google Earth aquí.

DATOS DE LA RUTA:
327km
5h25m en movimiento
Velocidad media: 60km/h
Consumo medio: 4,8 l/100km