Un día de stress. De cambios. De horarios. De contrastes. De esos que a priori no me molan. Pero que luego ha molado. Mucho.

Ha molado ver nuevamente los acantilados de Étretat. Majestuosos y blancos. Lástima que estaba algo nublado. De hecho, saliendo del hotel en Le Havre estaba lloviznando. Pero luego ha parado. Más o menos cuando hemos tenido que hacer un desvío por culpa de un accidente feo que cortaba la carretera. Lo que no ha molado era el fortísimo viento que zumbaba en los acantilados. Imposible volar el drone sin arriesgarse a perderlo. Así que de momento las fotos desde tierra, que también molan.

Ha molado llegar pronto Calais, y eso nos ha permitido coger un tren más de una hora antes de lo previsto. Pero eso no me ha ahorrado mi típico stress de ir calculando durante toda la hora de llegada a Calais. Sea como fuera, ahí estábamos haciendo cola durante casi una hora.

También ha molado entrar en el Reino Unido. Rayominí. Porque visitar un nuevo país montado en moto sigue gustándome. Y ya van 37, si no me he descontado. Pero lo de conducir por la izquierda también me ha estresado un poco. Pero vamos, la autopista ya la tenemos dominada, y las rotondas estamos en ello. Mañana a ver si nos sacamos el master en carreteras secundarias.

Lo que no ha molado nada es que tuviéramos que desviarnos casi hasta el mismísimo centro de Londres por culpa de un accidente en un túnel. En Greenwich hemos aparecido. Sí, donde el Meridiano. Y en medio de otro superatasco que nos ha tenido sudando la gota gorda a casi 30º. Y eso que veníamos buscando el fresquito…

Y finalmente Cambridge. Ahí hemos conocido a Andy, nuestro recepcionista. Como el de Toy Story. O como el de Andy y Lucas. Pero qué inglés más perfecto tenía el jodido. Yo no hacía más que intentar entenderle y cuanto más le entendía yo, más rápido hablaba él. El tío iba sacando su acento de Cambridge más acusado a cada frase que me decía. Que he entendido menos de la mitad, vamos. Pero yo muy digno. Con una sonrisa y un “zankiu” a cada momento para que no se notara que no tenía ni pajolera idea de lo que me decía. Y eso que yo me entiendo en inglés hasta con los que no lo hablan…

Cambridge es… como un retorno al pasado. A nuestros tiempos de universitarios. Porque sus calles estaban llenos de ellos. Maleta arriba y maleta abajo. Cursos que acaban y másters que comienzan, el ajetreo era enorme. Los ladrillos ennegrecidos de sus ilustres colegios mayores también han molado. Y los enoooormes campos de hierba, donde no he podido resistirme a tumbarme con Belén, respirar hondo y relajarnos, rememorando una imaginaria época universitaria juntos. Recuperando el tiempo perdido.

Contrastes… Estrés y relax. Cosas que molan y que no molan. Al fin y al cabo de eso está hecha la vida, no? Y eso que el viaje no ha hecho nada más que empezar.