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A ver, que voy con algo de sueño por culpa de los parches esos para el mareo. Y si le sumas la cerveza de la cena, estoy para cerrar los ojos y dormir hasta mañana. De hecho, ya me eché alguna cabezadita en el ferry (algunos hasta lo habréis visto). Y la verdad es que no coordino mucho las frases, así que el estilo literario pulcro e inmaculado que me caracteriza se habrá ido con el segundo sorbo de Flensburger Pilsener. Vamos al lío.

Lo mejor de ir en moto al entrar en el ferry es que entras el primero. Así eliges sitio. Pedazo ferry, con cine y todo. Pero salones con butacas, ni uno. Así que nos apalancamos en un sofá del bar. Al cuarto de hora, viene la jauría de gente buscando sitio, mientras que nosotros ya habíamos triunfado. Y a sobar, que son tres horas de barco.

Y ya en Fredrikshavn, Dinamarca, solo quedaba recorrer todo el país hasta Alemania. Por la ruta lenta, o sea carreteras secundarias, pasando de la autopista. Mucho campo de cultivo, mucha granja. Y mucho molino de viento, que danzaba moviendo sus aspas como lo hace una bailarina en la barra de ejercicios. Ni un lago, ni una cascada, ni un triste fiordo. Pero de todas formas, me encanta Dinamarca (os lo he dicho ya?). Y nosotros devorando kilómetros hacia el sur, con amenaza de lluvia. Sería el primer día que no nos llueve desde… buff! Semanas.

Y por las carreteras secundarias te encuentras de todo. Hasta vacas peludas de esas que abundan en Escocia. O trailers enormes de mercancías especiales que ocupan ambos carriles y que transitan a 20km/h. Por eso son más divertidas que las autopistas.

Encaje de bolillos. Eso parece la floritura que me he marcado hoy con la ruta. Porque he evitado recorrer la misma carretera que a la ida, a la hora de pasar la frontera de Alemania. De esta manera, el viaje nunca ha pasado por la misma carretera en la ida y en la vuelta. Así, parece un viaje continuo, sin retornos. Un Barcelona-Zaragoza algo más amplio de lo normal, eso sí. Y… ¡zasca! Empieza a llover. A diez minutos del hotel. Para no perder la costumbre. Bastante buen día llevábamos.

Y en el hotel, el momento más especial del día: Belén tuvo su sopa. Buenas noches, voy a contar ovejas. O vacas. ZzzZzz

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