La Ruta Turca. De Potenza a Vibo Marina. 02JUL2019

Experto en urbanismo, en impuestos municipales, en instalaciones para minusválidos, en genealogía hispánica. Masajista ayurvédico, osteópata, hotelero del año, experto cafetero y codeándose con ministros. Así es Roberto, el dueño de nuestro hotel. Chileno nacido en la Isla de Pascua, pero italiano por los cuatro costados. Del Real Madrid, con aversión moderada a todo lo que sea blaugrana, y odio desmedido a todo lo argentino, llámese Messi o Papa Francisco. Así es Roberto. Un gran tipo.

En lo turístico la cosa hoy ha ido de pueblecitos encaramados a los riscos. El primero de ellos Castelmezzano***, y la primera grata sorpresa, ya que es mucho mejor al natural que en las fotos que había podido ver. En la falda de una montaña imposible, coronada por rocas de granito. Toma ya. Y a un par de kilómetros en línea recta, pero a más de quince por la estrechísima carretera de montaña se encuentra Pietrapertosa**. Posiblemente perdió la ventaja de ser el primero, o posiblemente tenía un punto menos de espectacularidad, pero se queda claramente en segunda posición. Pero lo que sí nos dejó boquiabiertos fueron las enormes vacas de extremadamente largos cuernos que ocupaban toda la minúscula carretera. Menos mal que tenían ellas más miedo que nosotros.

Siguiendo esos caminos rurales semiasfaltados llegamos a Corleto Perticara*, cerca de una explotación energética de Total, diría que de gas. Los tejados se disponen milimétricamente uno encima de otro, desparramándose nuevamente por la ladera de la montaña. Quizá el único prescindible del día.

Y después, autopista hasta la joya del día, Morano Cálabro***. Con sus colores grisáceos mortecinos ocupaba toda la vista desde abajo. Coronado con alguna iglesia y un derruido castillo, el paseo por sus estrechísimas callejuelas, escaleras, rampas y callejones imposibles que habrían encandilado al mismísimo Escher ha sido sin duda excepcional.

Y por último vuelta a la autopista sufriendo unos 39.5ºC, de momento el récord del viaje. Afortunadamente llegando a la costa ha bajado la temperatura bruscamente casi diez grados, quedándose en unos soportables 30ºC que con nuestro chaleco refrigerante Alpinestars se llevan divinamente.

Hoy dormimos en Vibo Marina -sin estrellas- que a priori nos parecía un lugar de costa turístico y que una vez visto se queda solamente en… un lugar. Mañana más.

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