La Costa Azul con la Kawa GTR 1400: Apostando a ganar

La ruleta francesa tiene 36 casillas, la mitad roja y la otra mitad negra. La probabilidad de ganar un pleno apostando a un solo número es de 1 de cada 37 veces. Yo no estaba dispuesto a arriesgar tanto. Un viaje de más de 1700 kilómetros a Mónaco y la Costa Azul con la Kawasaki GTR 1400 era una apuesta segura. Prefiero siempre apostar a ganar

Afortunadamente comienzo a acostumbrarme a pilotar otras motos que no son la mía para hacer ciertos viajes. Los 1700 kilómetros de este fin de semana los haría con una devoradora de kilómetros. Así sí que se pueden hacer las cosas! Gracias nuevamente a Solo Moto por brindarme la oportunidad de probar esta gran moto en su salsa!

Salir de Barcelona el primer fin de semana de Julio tiene algunos inconvenientes. Caravanas kilométricas y un sol de justicia, que afortunadamente iban disipándose conforme transcurrían los minutos. En un primer momento pensé que el volumen de la GTR sería un lastre importante de cara a evolucionar entre el laberinto de coches que se dirigía hacia las playas de la Costa Brava, pero no fue así. La agilidad -relativa, estamos hablando de una Gran Turismo-  de la moto y su elástico motor, con una respuesta en bajos extasiante facilitaron la tarea en gran medida.

Hasta el precioso pueblo de Collioure, primer enclave francés de la costa, fueron 2 horas deliciosas, tomando contacto con la moto, con su motor lleno de par y con su maravillosa cúpula variable, que permite hacer cruceros de vértigo sin despeinarse, literalmente. Llegar al pueblo costero en la hora azul, con sus calles animadas y su pequeña cala amurallada pusieron el broche de oro a la jornada. Una crêpe (que aquí llaman galette) de bacon y mozarella a orillas del mar, observando pasar los minutos en el reloj de la torre, sirvieron para reponer las pocas fuerzas gastadas hasta el momento.

El sábado fue el día fuerte. Los más de 700 kilómetros programados comenzaban con 350 de autopistas francesas, donde los conductores están mucho más acostumbrados que nosotros a conducir por la derecha. Tienen un gran respeto por los motoristas y no dudan en dejarte sitio para adelatarlos en cuanto es posible. El inicio de la ruta la compartimos con sendas BMW Adventure inglesa y francesa, como si fuera el comienzo de un chiste malo, “un francés, un inglés y un español…” Y es que era de chiste ver la sombrilla a rayas amarillas y blancas que portaba el inglés entre sus maletas.

A un buen ritmo, cobijados tras las enormes protecciones de la Kawa, fueron transcurriendo cómodamente los kilómetros. El calor apretaba, y el ir vestido de romano -siempre aconsejable- no favorecía la refrigeración en absoluto. Perpignan, Narbonne, Nîmes, Arles, Aix-en-Provence iban quedando atrás mientras la GTR 1400 ronroneaba plácidamente a medio régimen. La temperatura seguía aumentando, ya a más de 32ºC y los trajes y la pantalla no dejaban pasar ni una brizna de aire, por otro lado excesivamente caliente como para refrescar. Varias paradas para repostar (se me antoja algo escaso el depósito de combustible que a pesar de presentar una autonomía de más de 300 kilómetros, se agota antes que piloto y pasajero) y finalmente salimos de la autopista en busca de las carreteras más extasiantes de la Provenza francesa.

Las de las Gorges du Verdon fueron las primeras curvas que aparecieron en el camino. Buen asfalto, fuimos enlazando curvas poco a poco. Muchísimos moteros aparecieron por todos lados, pero sin locuras. Parece que todos hemos venido a bailar con las curvas, y no a pelearnos con ellas. A plena carga y con pasajero, el renovado sistema K-ACT de freno coactivo hace que detener esa cantidad de kilos es casi un juego de niños. Además, apurar frenadas nunca me ha parecido tan fácil sabiendo que tienes toda la electrónica de los sistemas de seguridad activa (ABS incluido) protegiéndote.

Seguimos hasta Castellane y posteriormente hacia Entrevaux, pueblo de imprescindible visita para los ruteros que visiten la zona (además cuenta con un pequeño museo de la moto). El asfalto en mal estado y las curvas reviradas que vinieron a continuación me hicieron trabajar algo más. Y es que el tarado de las suspensiones, que endurecí por el peso ahora pasaba factura. En aquel momento no pensé en ablandarlas ligeramente desde el cómodo pomo que aparece por un lateral de la moto. En esas circunstancias, el término “negociar la curva” adquiere su máxima expresión: realmente es una negociación a tres bandas: la moto, la curva y el piloto. Afortunadamente aposté bien y gané en todas las curvas. Y es que parece que estoy en racha!

Murphy decía que las cosas siempre pueden empeorar. Y casi siempre tiene razón. Las carreteras reviradas y con mal asfalto se tornaron casi impracticables, repletas de gravilla y socavones durante algunas decenas de kilómetros. En estas circunstancias, el control de tracción KTRC y el ABS de la Kawasaki GTR 1400 fueron los auténticos protagonistas, y acabaron dándole una buena lección al señor Murphy.

Espectaculares las Gorges du Daluis. Piedra rojiza, alucinantes acantilados y paisajes que hacían que disfrutar de la carretera sea de lo menos importante (y de verdad que se disfruta!). Desdoblamientos imposibles, donde un carril se introduce en un lúgubre y estrecho túnel mientras que el otro juega a entrelazarse con el acantilado, en equilibrio con los cortantes que cortan hasta el hipo, mientras el sol baña las rocas con la cálida luz del atardecer. Todo es tan idílico que los 300 kilómetros de curvas ininterrumpidas (sumados a los 350 de autopista) hacen que un día aparentemente durísimo sea tan agradable. Y en parte se lo debo a la GTR, que minimiza de manera increíble las distancias, que solamente se notan en el cuentakilómetros.  En pocos kilómetros llegaremos a la Costa Azul, donde el lujo y el glamour nos deslumbrarían.

Cenar en una terraza en los boxes de uno de los circuitos más famosos del mundo es algo que solamente se puede hacer en Mónaco. Dar unas cuantas vueltas a su circuito urbano disfrutando del frescor nocturno es el penúltimo placer del día, aunque no seas amante de la Fórmula 1. Las curvas de Santa Devota, el Casino, Loewe, el mismísimo Túnel o la Rascasse van cayendo una tras otra. A la tercera vuelta, aún esperando una indicación en la pizarra desde los boxes, intento parar en la puerta del Casino para inmortalizar el viaje, pero la caravana de Ferraris, Porsches o Bentleys de los que descienden vertiginosos tacones, minúsculas minifaldas y grandes calvas con pantalones de lino y carteras repletas me impiden aparcar la Kawa GTR. Así que decido parar en otro lugar mítico, la curva más lenta de toda la Fórmula 1, que continúa con sus pianos que han vivido y sentido más de 1000 batallas.

El retorno al hotel vino presidido por la pérdida del GPS en una de las curvas saliendo de Mónaco. Nota mental para el viaje a Cabo Norte: Apretar fuertemente el velcro del GPS es fundamental! A pesar de su aparentemente buen estado, el Garmin ha dejado de funcionar.

El domingo era el día de regreso. Visita relámpago a Cannes y su auditorium, cuya alfombra roja han recorrido cientos de glamourosos actores de Hollywood. Y a pocos kilómetros Grasse, la cuna mundial del perfume. Esperaba encontrar campos repletos de flores multicolores pero no los busquéis: no están allí; sí encontraréis callejuelas estrechas formadas por casas que casi se besan, y sobre todo museos y tiendas de todos los perfumes imaginables.

Y después… autopista directa hacia Barcelona. Los 800 kilómetros totales del día anterior (y los 200 del viernes) no pesan en absoluto. La posición de la GTR es muy relajada y permite grandes distancias sin problemas, aunque preferiría un manillar algo más elevado, será que estoy acostumbrado a las trail… Pero su mullido asiento, con la firmeza justa, no lo cambio por nada. Ni la pantalla, claro!

En algunos momentos decido activar el modo ECO, que baja ligeramente las prestaciones (hay suficiente potencia como para que no se note en exceso) y reduce ostensiblemente el consumo. Las gasolineras de las autopistas francesas están en general algo más alejadas entre ellas que en nuestro país, por lo que en algún repostaje tuve que apurar algo más de la cuenta pero sin mayores problemas. La suerte sigue de mi lado.

Calor… Ha sido el fin de semana del calor. A la altura de Montpelllier cayó algo de agua proviniente de la tormenta que llevaba tiempo acechando desde el horizonte. Se agradeció el olor a tierra mojada y la leve disminución de la temperatura, que por otra parte fue momentánea.

Ya de noche y en España, quedaba el último escollo que salvar. La impresionante caravana que se formó a 60 kilómetros de Barcelona, por otra parte previsible en las noches de domingo veraniegas. Nuevamente el volumen de la Kawa quedó minimizado por una más que sorprendente agilidad para pasar entre coches, como si fuera un gran luchador de sumo bailando grácilmente una pieza de Tchaikowski. Sus anchos retrovisores sirven de referencia: si pasan, las maletas también pasarán sin problemas. Y así llegamos hasta el final de la ruta, cansados pero satisfechos de haber compartido un fin de semana con una rutera de verdad.

EPÍLOGO: 1730 kilómetros en dos días y medio no pesaron en absoluto a la hora de madrugar el lunes para ir al trabajo. Ni una agujeta. Genial. Bajo al parking y la veo allí. La GTR me espera para otra aventura diaria. Y es que con ella aposté a ganar… y acerté!

Nuevas gomas… y nuevos amigos

Hoy he zanjado el tema de los neumáticos de la F800GS. La idea era ponerle unos de segunda mano hasta que saliera de viaje, para lo que falta escasamente un mes. Me preocupa bastante la duración de las gomas una vez en el viaje, para no tener que hacer malabarismos si he de poner unos nuevos, pongamos que en Eslovaquia. Así que esperaba a casi el último día para ponerle los zapatos nuevos a la BMW.

Pero si analizo lo que me han durado la pareja de Metzeler Tourance (EXP detrás, normal delante), no tiene sentido esperar más a cambiarlos: me han durado la friolera de 20.500 kilómetros! Es cierto que estaban desde hace semanas para tirarlos, pero creo que queda más que confirmado que me durarán todo el viaje.

Desde hace unos días el logotipo de Metzeler está entre los patrocinadores y amigos, ya que desde Pirelli-Metzeler España me han cedido gentilmente un juego de gomas. Y además me han aconsejado que ponga los Tourance EXP tanto delante como detrás, dado el tipo de pistas que voy a recorrer. Su experiencia bien vale que les haga caso, y así lo he hecho. También me han comentado que en Agosto (aunque no creo que haga mucho calor en Noruega), con esas tiradas tan largas diarias, y con el asfalto muy abrasivo que hay por el norte de Europa, no creen que me duren otros 20.000 kilómetros. A pesar de eso estoy tranquilo porque en este viaje de 14.000 kilómetros tengo 6.000 de margen.

También hacer mención de RODI, los especialistas en neumáticos que me han montado los Metzeler sin coste alguno, y aún está por ver otras colaboraciones. Asimismo comentar el apoyo del T2L, el equipo de resistencia con el que corro algún que otro campeonato de aficionadillos, y de Garclima, que es nuestro patrocinador casi exclusivo del equipo de resistencia, que también merece una mención en este viaje aventura.

Así que como veis, mis maletas van a ir muy bien decoradas. No sé dónde voy a poner los típicos escudos de los países visitados, ya que el espacio está reservado para los amigos.

Barcelona-Biarritz, proyecto Kawa Z1000. La vuelta

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Como era de esperar, una ligera llovizna riega Biarritz a primera hora de la mañana. Me preparo para la jornada motera, que se prevé muy divertida pero cansada. El desayuno quizá fue demasiado justito como para aguantar lo que me espera. Antes de partir toca cargar el miniequipaje en la Z1000 y poner en marcha el GPS, que se resiste a enseñarme la ruta hacia donde quiero ir. Tras un tira y afloja con los electrones, nos ponemos ambos de acuerdo.

Hacia Pau y Lourdes, sin pisar autopista. Esa es mi idea, disfrutar las carreteras francesas con ese asfalto en buen estado, los pueblos pintados con flores de colores y los conductores locales con esa educación. Pero no contaba yo con las rotondas. Los franceses aman las rotondas… seguro. En algunos momentos pienso que la carretera no es más que una serie de rotondas conectadas por unos pocos cientos de metros de asfalto.

A pesar de las rotondas, la ruta hacia Lourdes está plagada de pequeños pueblecitos que albergan rancios palacetes y castillos, flores hasta la saciedad y ríos caudalosos que atravesar por cuidados puentes de piedra. Y qué decir de los frondosos y fornidos plátanos que enmarcan la carretera hasta muy arriba, como si entraras en la nave de una inmensa catedral gótica vegetal. Este estallido de color verde se repetía frecuentemente a la entrada o salida de los pueblos.

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Y Lourdes, justo cuando al fin deja de llover. Y es que la lluvia y el sol continúan echando su pulso desde ayer. Y por ahora siguen empatados. Las calles céntricas de Lourdes, todas llenas de puestos de souvenirs y locales para comer, no me hacen pansar que estoy en uno de los mayores centros de peregrinaje del mundo. Mirando detenidamente los souvenirs que venden, te das cuenta que el merchandising religioso está en pleno auge en la ciudad. Obviamente no podía salir de ahí sin la virgen-cantimplora que Fabián compró cuando salió a dar una vuelta hace unas semanas.

Y desde allí, parto hacia el sur para rememorar esas tardes de Julio cuando mientras me echaba la siesta veía el Tour de Francia por el rabillo del ojo. El Tourmalet, mítico puerto de montaña, de más de 2.100 metros fue mi siguiente objetivo. Asfalto seco y bueno al inicio de la ascensión. Me encuentro a un grupo de moteros españoles que también fueron cautivados por la llamada del célebre puerto. La Z1000 va abriéndose paso uno a uno… y es que esta es una moto pensado para eso… curvas y más curvas… enlazándolas a buen ritmo. Da igual que sean rápidas o lentas, la Kawa es una auténtica devoradora de curvas… y también de las rectas que las unen… porque sacando toda su caballería, las rectas simplemente desaparecen. Mientras ascendemos, comienza a llover (no es que la lluvia venga hacia nosotros, sino que con la ascensión hemos penetrado en la propia nube). El asfalto comienza ya a estar bastante mal, tanto por los baches como por el agua, por lo que toca aflojar el ritmo, y pararse a hacer alguna que otra foto. Y es que no había podido desviar la mirada de la carretera, pero yendo más lento es posible apreciar la belleza del paraje pirenaico. Este era un viaje de ruta,… pero es muy difícil escaparse de la llamada de la Z1000 que te embauca con su aullido atroz más allá de las 7000 rpm. cual canto de sirenas.

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Uno de los problemas que me voy encontrando es el de las gasolineras. Los domingos la mayoría no tienen personal, y se pagan automáticamente mediante tarjeta de crédito. El problema es que solamente admiten tarjetas francesas. Ni la Visa Oro me salvó. La Z1000 no se caracteriza precisamente por sus espartanos consumos, y el depósito, aunque es voluminoso a primera vista, no es demasiado grande. Así que después de dos intentos frustrados de repostar, he de marchar hacia la frontera española sufriendo por encontrar alguna gasolinera. Tras pasar la abandonada línea fronteriza, encuentro la primera gasolinera española, donde le cupieron 15,7 litros… cuando la cifra declarada de capacidad del depósito era de 15 justos… Vamos que llegué seco seco!

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Recorrer la Vall d’Aran fue un tremendo gustazo. Curvas rápidas, asfalto impecable, y una moto potente pero dulce, estable pero ágil… En estas circunstancias la Kawa Z1000 es una moto que roza la perfección. Desde allí hasta Tremp las carreteras son simplemente magníficas. Llevaba más de 400 kilómetros a mis espaldas, pero estaba disfrutando como un enano. Tumbadas de vértigo, apuradas de frenada, aceleraciones extasiantes… Yo iba a hacer ruta, no? Se supone que tendría que tomarme las cosas con tranquilidad, no? Imposible con esta moto.

Mi cara de satisfacción acabó en cuanto descargó el nubarrón que me perseguía. Un tremendo aguacero me hacía intuir la carretera, más que verla. Así que cambiamos el chip y pasamos al modo de conducción segura, que a la postre me llevaría sin más contratiempos hasta casa. Antes tocaba bajar hacia la autovía A2 para merendarme los últimos 120 kilómetros, ya sin lluvia pero con unos fantásticos arcoiris que dibujaban el camino a casa. Finalmente llegué tras más de 8 horas y media encima de la moto, que se mostró mucho más cómoda de lo que pensaba, con un asiento fantástico pero con unas suspensiones muy duras… Y es que no se puede tener de todo!

En resumen, un viaje de 1508 kilómetros, donde he podido constatar que el rutero es el piloto. La moto solamente es la herramienta. Algunas están pensadas para devorar kilómetros. Otras simplemente te llevan. La Kawasaki Z1000 ha salido aprobada con nota en casi todos los terrenos. Porque la autopista no está hecha para ella. Ni para el rutero. Pero en el resto…. Gasssss!

Barcelona-Biarritz, proyecto Kawa Z1000. La ida

Es un lujo tener amigos. Pero lo es más si son capaces de posibilitarte fines de semana como éste. En mi afán por hacer kilómetros y kilómetros de prueba de cara al TheLongWayNorth, desde la revista Solo Moto me facilitaron una moto como la Kawasaki Z1000 del 2010. La idea era realizar un viaje de fin de semana, totalmente rutero, con una moto que de por sí no es que sea muy rutera. Obviamente no pude negarme!

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Como suele pasar siempre que sales de Barcelona, los primeros kilómetros transcurren por autopista. Autovía en este caso, hacia Zaragoza. No es el mejor medio para que se desenvuelva una naked, pero me sorprendió gratamente lo que puede llegar a proteger la minicúpula que lleva… siempre que te muevas en velocidades estrictamente legales. Durante esos 300 km la emoción la puso el sol, jugando con la lluvia caprichosamente: ahora hace sol, ahora diluvia… ahora vuelve a hacer sol. Afortunadamente llevaba conmigo los guantes de invierno -impermeables- y los usé… vaya si los usé! Los negros nubarrones intentaban acallar al sol kilómetro a kilómetro, pero éste siempre encontraba una pequeña rendija para colarse e iluminar todo ese paisaje empapado.
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El trayecto desde Zaragoza hacia el norte tampoco estuvo exento de lluvia y de nubes. Los campos peinados con esas pequeñas colinas vírgenes salpicadas aquí y allá forman el paisaje maño. Halcones en la carretera intentando cazar su presa a pie de arcén, el olor a tierra mojada y los campos de cultivo tímidamente bañados por el sol configuran el escenario que me voy encontrando. En las carreteras con curvas rápidas y buen asfalto es donde la Z1000 se encuentra en su salsa. Acelerar esos más de 130 caballos entre curva y curva es de lo más gratificante. Cuando la carretera se arruga, como desperezándose y querer despegarse del suelo, es cuando peor lo pasa la Kawa: sus suspensiones relativamente rígidas hacen que la moto se aguante de fábula en curvas rápidas, pero penaliza cuando hay socavones en la carretera. Y así fueron pasando los kilómetros, mientras el sol y las nubes continuaban con su particular orgía: ahora lluvia, ahora sol, ahora calma…

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Riglos, Jaca, Sabiñánigo, Bielsa y Panticosa, antes de entrar en Francia. Los últimos metros españoles, ahora sin lluvia, fueron de lo más deliciosos. Una vez en Francia pude disfrutar de sus carreteras nacionales, con buen asfalto y mejores conductores, que automáticamente se apartaban a mi paso. Adelantar con la Z1000 en sexta a golpe de gas hacía las cosas mucho más fáciles.

Finalmente llegué a Biarritz, la población glamourosa de la costa atlántica francesa. Muchos surferos, muchos turistas y un casino (bastante feo, por cierto). El sol había ganado finalmente la batalla e iluminaba la ciudad con esos tintes rojizos de las últimas horas del atardecer. Una pequeña escapada a Zarautz (65 km) para hacer unas fotos que me habían encargado, y vuelta a Biarritz a cenar y a descansar.

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Mini viaje de entrenamiento: Barcelona – Biarritz

Cualquiera lo diría. Un Barcelona – Biarritz ida y vuelta en un fin de semana y le llamo “mini”… Y ahora que acabo de recoger la moto que me ceden para hacer el viaje creo que de “mini” tiene poco.

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Un fantástica Kawasaki Z1000 del 2010. Impresionante estética. Potencia de sobras. Pero una naked… Y eso en la autopista debe de doler. Acabo de hacer 30 kilómetros y no es nada recomendable sobrepasar velocidades legales: la cabeza, el cuello y el resto del cuerpo parece querer quedarse atrás. Para un ratito de autopista, está bien… te agachas un poco y vas tirando. Pero a ver cómo me las apaño con la bolsa sobredepósito puesta. Y no es que necesite demasiado equipaje para un fin de semana, pero la cámara de fotos en algún sitio tendrá que ir.

Es por ello que he planeado una ruta con poca autopista (bueno, hasta Zaragoza será autovía), y mucha carretera de montaña y general francesa. Pirineos aragoneses y franceses, y la vuelta por la Vall d’Aran. Entre 9 y 10 horas de moto diarias que me servirán de entrenamiento para la gran aventura. Como siempre, actualizaciones en directo desde Facebook y Twitter. Y la crónica con las fotos en los próximos días!

Si quieres cotillear la ruta prevista, aquí tienes el rutómetro.

Esto se pone serio: Los Patrocinadores

Quién me iba a decir a mí solamente hace unos meses que podría conseguir patrocinadores para esta aventura particular. Este exhibicionismo sano de querer compartir con todos vosotros la preparación y la aventura en sí ha facilitado que pueda estar en disposición de pedir colaboraciones, la mayoría de las veces desinteresadas. Porque como me decían hoy, no van a vender más motos por que me ponga un adhesivo en la maleta. Pero es que tener al cliente satisfecho, y que además se encargue de difundir esa satisfacción es mucho.

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Os explico la historia, quizá desde el principio. Tengo la suerte de tener amigos incondicionales que han posibilitado que TheLongWayNorth sea tomada en cuenta por revistas de prestigio dentro del sector como es el Solo Moto. Ya informaré más adelante. Otros patrocinios están ya hablados pero en el aire. Este tipo de cosas comienzan a animarme, así que me dispuse a pedir ayudas a las empresas que me pueden proporcionar alguna ayuda de cara al viaje.

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Hoy tenía cita en BMW Scratch de Terrassa para cambiar el kit de transmisión. Allí fue donde compré la BMW F800GS y donde he realizado todas y cada una de las revisiones de estos más de 30.000 km. Siempre se han portado de una manera excelente, solamente puedo hablar bien de ellos. Pues bien, después de hablar sobre mi viaje al Cabo Norte -y de otras miles de cosas- he salido de allí con todo esto:

– Kit de transmisión y mano de obra GRATIS.

– Próxima revisión pre viaje con mano de obra GRATIS.

¿No es fantástico? Yo tenía preparado un dossier de más de 20 páginas donde explico el proyecto TheLongWayNorth y las posibilidades de ayuda y patrocinio, pero no me ha hecho falta ni sacarlo. Obviamente se merece que BMW Scratch tenga su logo en el apartado de “Patrocinadores y amigos” que acabo de incorporar a la web.

Y esperemos que tenga que añadir muchos más logos!

Entrenando con los amigos…

Un paseo por la Catalunya Norte


Map your trip with EveryTrail

Son 590. Ni 4, ni 8, ni 15, ni 16 ni 23 ni 42. 590 es mi “número chungo”. Desde que conzco esa cifra escandalosa, a veces pienso que no seré capaz. 590 son la cantidad de kilómetros que he de hacer cada día durante el viaje al Cabo Norte. Algunos días más, y algunos días menos… es lo que tienen las medias (las medias estadísticas, me refiero).

Por ese motivo, cualquier excusa para ponerme encima de la moto y hacer kilómetros no la dejo desaprovechar. He de autoconvencerme que puedo hacer 590 kilómetros al día durante 26 días (vamos mal… solamente de escribirlo me entra vértigo…). Este fin de semana, tras aplazarse un viaje previsto a Biarritz (en moto, por supuesto… pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión), aproveché una salida motera de mis amigos para ir a hacer kilómetros. No han sido 590, han sido unos pocos menos, unos 445 en poco más de 5 horas y media. Algo de autovía y mucho de carretera de montaña. Ripoll, Berga, Coll de Nargó… las poblaciones iban apareciendo y desapareciendo rodeando la carretera. Algunas veces con buen asfalto, otras con no tanto; algunas veces húmeda pero la mayoría en seco; pero siempre divertidas. Durante el trayecto hemos tenido que socorrer a una Ducati Monster que ha acabado bajo el guardarraíl de estas carreteras de montaña, afortunadamente sin consecuencias graves para sus ocupantes. Durante más de una hora hemos demostrado que el espíritu motero sigue ahí, a la espera de ayudar al compañero accidentado hasta que lleguen las asistencias. Y eso reconforta tanto por hacer de buen samaritano como por saber, a ciencia cierta, que si yo me encuentro en esa situación, alguno de nuestra “familia motera” vendrá a socorrerme.

Los neumáticos de la BMW F800GS no se encuentran en su mejor momento ni mucho menos. Están en fase de “estirar” su duración lo máximo posible, y por ello no me daban excesiva confianza. Pero aún así hemos ido lo suficientemente rápidos como para que me plantee si estos kilómetros me han servido de entrenamiento. Pero sí, ha habido algunos aspectos interesantísimos que servirán en gran medida para el gran viaje.

El GPS. El alimentador del GPS falla más que una escopeta de feria, y al final he decidido utilizarlo con las pilas, en lugar de con la toma de corriente de la BMW. Es un detalle a mejorar de cara al próximo viaje.

El casco. Llevo dos días utilizando un Shoei Multitech convertible que me ha dado buenas sensaciones. A pesar de ser menos liviano que mi BMW Enduro, su mayor aerodinámica lo hace más confortable. Hoy me he puesto el habitual BMW y en la autovía, con bastante viento y a un ritmo rapidillo se hace muy incómodo. Claro que las ventajas de la gran amplitud de visión y la comodidad también pesan, pero con viento no hay color. Además un convertible me permite hacer fotos sin quitarme el casco (llevo una reflex). Es un dato que seguiré analizando antes de tomar la decisión definitiva.

El ir acompañado. Indudablemente echaré en falta las risas que me pego con mis amigos en las paradas. Indudablemente es mucho más divertido ir en compañía. Pero las paradas siempre son más largas, los adelantamientos se eternizan y en definitiva se pierde tiempo. A demás, TheLongWayNorth es un viaje de aventura, y la aventura está en esa cifra mágica (590) y en la soledad durante 26 días.

En definitiva, una salida a un ritmo elevado, que no tiene nada que ver con el viaje de este verano… pero del que se puede aprender y madurar. Lo maduraremos esta semana, porque la semana que viene todos Salimos a dar una Vuelta con Fabián. No? (que por cierto, me ha nombrado su médico oficial durante su viaje de dos años… y yo encantado!! Esperemos que no me de nada de trabajo!).

De momento te puedes descargar la ruta de hoy para el Google Earth aquí.
Y si no tienes Google Earth, también puedes ver la ruta aquí.

Cuestión de gomas…

Una de las cosas que me trae más de cabeza son los neumáticos. Cualquier motero sabe que son un elemento importantísimo de seguridad. Unos neumáticos en mal estado pueden convertir un agradable paseo en un infierno: pérdidas de adherencia en curva, una frenada inesperada, charcos… o incluso un pinchazo. Por lo tanto es fundamental elegir un buen neumático dependiendo del uso que le demos a la moto. En el caso de las trail, además hay que valorar el porcentaje de uso off-road que le vamos a dar.

En TheLongWayNorth mayoritariamente pisaré asfalto, prácticamente en su totalidad, excepto en algún desplazamiento a alguna lugar más agreste o acceso a zonas de acampadas. La primera opción que se me ocurrió es montar unos neumáticos completamente asfálticos a la BMW F800GS, pero verdaderamente no tengo ni idea cuál sería el comportamiento de la moto con estas gomas, ya que no las he montado nunca. Además, aunque sean pocos kilómetros, no quiero tener sustos con la moto tan cargada en pistas de tierra con ese tipo de neumáticos. Así que han quedado descartados.

Actualmente llevo montados unos Metzeler Tourance, que ya están pidiendo un relevo. Me han funcionado bien en asfalto, y no tan bien en pistas, pero suficiente si no te dedicas al enduro. Además llevo el Tourance EXP detrás, mucho más asfáltico que el normal. Comparados con los Bridgestone Battlewing que llevaba la BMW de serie, han tenido una duración similar (unos 15.000 km, aunque aún les puedo sacar 1.000 o 2.000 más…), un comportamiento en carretera quizá mejor, y claramente superior en off-road (sobre todo el delantero, que no es EXP).

La duración del neumático es importantísima en esta aventura, porque es primordial llegar con las mismas gomas con las que salí: no puedo planificar un cambio de neumáticos de una manera sencilla, y creo que será imposible encontrarlos de un día para otro por ejemplo… en Lituania. Así que necesito un neumático que me dure al menos unos 15.000 kilómetros… y las dos marcas lo cumplen. La F800GS tiene la particularidad que gasta por igual el delantero y el trasero, por lo que los cambios son dobles, cosa que facilita montar siempre el mismo tipo delante y detrás.

Como ya he dicho, los Tourance que llevo actualmente están tocando a su fin, pero tengo que apurarlos (dentro de la seguridad, obviamente) al máximo, porque si monto ya los nuevos, y visto el ritmo de kilómetros que le hago a la moto, no me durarían toda la ruta. Una opción es buscar y encontrar gomas de segunda mano, para usarlas hasta el inicio del viaje, para después montar las definitivas. De momento voy controlando los neumáticos casi a diario, para no tener sorpresas.

Otro punto importante es el tema pinchazos. Los sprays no funcionan, los kits reparapinchazos no sirven para neumáticos con cámara… así que solamente me queda el recurso (aparte de llamar al RACC) de cambiar la cámara… cosa que es muy difícil con el caballete lateral que lleva mi moto… así que estoy pensando en ponerle uno central para el viaje, exclusivamente para poder quitar rueda y cambiar cámara. Hace unos meses se me ocurrió desmontar la rueda trasera tras un pinchazo y gracias al gato del coche y a su rueda de repuesto pude mantener la moto alzada mientras lo hacía… Por lo tanto es indispensable el caballete central. Seguiremos dándole vueltas.

En definitiva, parece que la opción más sensata sería montar exactamente las mismas gomas que llevo ahora, las Metzeler Tourance (EXP detrás, normal delante), que me han dado un buen compromiso entre duración y agarre en casi cualquier circunstancia. Qué experiencias tenéis vosotros?

Preparando el retorno: Cabo Norte – Barcelona


Ver mapa más grande

Retorno épico. Los días se acortan cuanto más al sur me encuentre… Y sobre el mapa esos días se me antojan cortos, aunque el contador de kilómetros diarios me da vértigo. 
Ya tengo fecha de salida, el sábado 24 de julio. Y eso quiere decir, que con toda la ruta programada, tendría que tener fecha de regreso: 18 de agosto. 26 días encima de la moto. Para quererla o para odiarla, eso está por ver. Serán unos 14.000 kilómetros, 2.000 más de los previstos, a una media de 590 kilómetros diarios, si descuento el par de días de descanso (previstos en Helsinki y en Tallinn). Demasiados? El tiempo lo dirá. Despliego el mapa y observo: De Barcelona a Bali en línea recta no llegan a 13.000… Bufffff…. Las comparaciones son odiosas…
Los Países del Este bien merecerían un viaje para ellos solos, y si mi relación con mi querida BMW no se trunca tras tantos kilómetros con ella, podría ser un próximo destino. Pero ahora el tiempo apremia y el turismo ya está hecho en Noruega. Así que (con ligeras licencias) este será un retorno a tiro hecho.  He planificado paradas indispensables en las capitales bálticas, en Cracovia, Bratislava y Budapest. Así, recorreré Finlandia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Eslovaquia, Hungría, Croacia, Eslovenia, Italia y Francia, para regresar nuevamente a España. Junto con los países de la ida, serán 16. Un buen ramillete. Me cabrán todos los escudos pegados en las maletas?