La Ruta Turca. De Bergama a Pamukkale, pasando dos veces por Smirna. 16JUL2019

Hay quien dijo que los viajes se hacen no para ver cosas sino para que pasen cosas. Pues ya puedo afirmar que este de Turquía es un pedazo de viaje. Hoy ha vuelto a pasar eso de que se te cae el alma a los pies, piensas que tienes encima un problema irresoluble, se juntan tres tipos hablando en turco, te medio solucionan la vida pero tú aún no te lo crees, y al cabo de dos horas y 200 kilómetros de más te das cuenta de que al final todo se ha arreglado y solo has perdido esas dos horas

Todo empieza en Bergama, donde después de comprar un candado para Merkel, la Renacida por 20€ (con alarma y todo…) salimos dirección Éfeso. Pero lo importante de hoy no fue que vimos las ruinas, la excepcional biblioteca de Celso incluida, o que perdimos las pegatinas de Turquía que acabábamos de comprar. No. Lo importante tampoco fue contemplar las casas de colores que adornaban el paisaje de Kusadasi. Para nada.

Lo realmente excepcional del día es que la aventura nos volvió a poner a prueba. Belén dice que la moto hace un ruido al frenar, y me doy cuenta que prácticamente se ha comido toda las pastillas de freno delantero. Hierro con hierro, vamos. Estamos a unos 150km del destino de hoy (Pamukale) y dudo que tengan allí pastillas de freno. De momento estamos parados frente a un bar en un pueblo cualquiera de esos por los que pasa la carretera. Se acerca un señor al vernos mirar la rueda de la moto y pregunta qué pasa. A partir de ahí se desencadenan una serie de acontecimientos que para mi son la esencia de los viajes. No las columnas corintias del Ágora de Éfeso.

Acabamos en una tienda que venden motocultores, donde el señor del bar, el dueño de la tienda y otro que aparece de vete a saber dónde frenéticamente llaman desde sus teléfonos a mecánicos, servicios oficiales BMW, etc… para localizar unas pastillas nuevas. Les oigo gritar indignados al saber que no hay ningún servicio BMW de motos a 200 kilómetros a la redonda…

No me digas cómo, acabo con un papel con una dirección casi ininteligible escrita.

—Ves allí, en Esmirna. Allí puede que tengan las pastillas —me dijo el tercer hombre, que era un ganadero de la zona y que chapurreaba el inglés mezclado con alemán.

Y ahí me ves, con las pastillas de la moto de Belén en la mano, que nos montamos en la Merkel para retroceder 100 kilómetros en busca de pastillas. Y para ir más rápìdo, decidimos ir por autopista de pago… de esas que necesitas una pegatina, o un telepass o vete a saber qué necesitas y que aún no tenemos. Y me vuelves a ver andando un buen trecho por la autopista, sin pasar las barreras de peaje, para preguntarle a unos policías que estaban al otro lado.

—Pasa sin problemas. Tienes 15 días para registrarte en el sistema en una estafeta de correos —me dijo.

OK, problema solucionado.

Y la dirección resultó ser correcta. Y se me encendieron los ojos al ver tres BMW medio desmontadas en el taller de mala muerte de Esmirna. Y allí estaba el mecánico, esperándome con las pastillas correctas preparadas para darme. Otros 20€. Y cuando ya me montaba en la moto, tuvo que enseñarme su preciosidad de BMW de los años 30 que estaba restaurando. Se le iluminaban los ojos cuando nombrabas esas letras: Be-eme-uve… Y a mí se me iluminaba la cara.

Y al cabo de una hora ya estaba todo resuelto, y volvíamos a rodar en dirección a Pamukkale. Quién dijo que la vida era una caja de bombones? Pues hoy el mío tenía licor dentro. Porque si este fuera mi primer viaje en moto, con todo lo que llevamos pasado, os aseguro una cosa: o me olvidaba de los viajes para siempre, o me enganchaba a esa adrenalina de tal manera que no hubiera podido dejarlos nunca más. Afortunadamente a estas alturas de mi vida, veo las cosas con más calma. O no.

La Ruta Turca. De Alexandropolis a Bergama. 15JUL2019

—¿Y este tío de qué trabaja? —se ve que le preguntó el vendedor de billetes del ferry al turco afincado en Holanda que me hacía de traductor.

—Dice que es médico —contestó tras preguntármelo a mi. El vendedor de tickets puso una cara de incredulidad.

—¡Pero si se lía hasta con el cambio! —dijo aludiendo a mi primera transacción en liras turcas. —Pregúntale por mi prótesis de rodilla. Hace diez años que me la pusieron y no sé si me la voy a tener que cambiar pronto.

Y así fue cómo me vi envuelto en una conversación médica esperando el ferry a Çanakkale, atravesando el estrecho de Dardanelos entre Europa y Asia. Muy surrealista todo.

Pero lo surrealista comenzó al entrar en Turquía. Bueno, más que surrealista, realidad esperada. Kilómetros y kilómetros de caravana de gente que parecía casi haber pasado la noche en los camiones y los coches que esperaban. Tras preguntarle a un policía, procedimos a avanzar como podíamos entre las filas interminables de vehículos. Las maletas nuevas de Belén no nos hicieron ningún favor esta vez. Pero conseguimos pasar la frontera en un par de horas tras pasar tres garitas. POR FIN ESTAMOS EN TURQUÍA! Objetivo conseguido! Y mira que ha costado! Hace una semana nadie hubiera apostado que llegaríamos a Turquía con las dos motos!

La primera parada fue para sacar liras turcas en un cajero de vete a saber qué población. Avanzábamos rápidamente por autovías con buen asfalto, y aunque no es lo que más me apetecía, el hecho de recuperar el tiempo perdido en la frontera no me parecía nada mal. La segunda parada fue en un puesto de carretera, comprando unas pavías (que yo siempre he llamado nectarinas, pero la influencia aragonesa me está pudiendo) y un tomate para comer más adelante. Y la tercera parada fue para atravesar a Asia en ferry. Y tras responder a la consulta médica y unos quince minutos de ferry (el séptimo y último del viaje), llegamos a Asia.

Y en Asia todo seguía igual… pero con más atascos. Se ve que hoy es el día de la Democracia y de la Unidad del País, y hay juerga por todos lados. Nos las vimos y deseamos para poder ver el caballo de Troya de la película Troya que está en Çacakkale*. Y a partir de ahí, la autovía retrocedía treinta años en el tiempo. Se convirtió en una trampa mortal de esas que tiene pasos de cebra, cruces y semáforos cada dos por tres. Difícilmente podías estar más de un kilómetro circulando a 110 km/h. De hecho era especialmente peligroso hacerlo.

Y a cada paso por una población costera, atascazo! Y así una tras otra. El tiempo se nos iba consumiendo y las posibilidades de ver las ruinas de Pérgamo antes de instalarnos en el hotel se iban diluyendo kilómetro a kilómetro. En realidad no soy muy de ruinas. A ver, soy de piedras, pero no de ruinas. Arquitectura con su tejado y todas sus piedras. Y ver Pérgamo, Éfeso, Afrodisias,… y tantos y tantos enclaves arqueológicos como que se me hace bola. Por lo tanto, y debido a que tenemos que recuperar tres días perdidos por un asuntillo de un robo de una moto -recordáis?-, pues como que vamos a limitar bastante las vistas pedrestres.

Paramos a dar una vuelta por Ayvalik**, un pequeño pueblo a orillas del Egeo muy turístico, con una zona antigua donde las callejuelas se hacen estrechas y están llenos de puestecitos y pequeños restaurantes. Allí intimo con la policía, que pensaba que nos iba a decir que no podíamos dejar las motos encima de la acera… pero no. Se han acercado a alabar nuestras BMW. El pobre tenía que patrullar con una Varadero, no como sus colegas de Estambul, que van con GS!

Llegamos a Bergama a nuestro maravilloso hotel con parking privado. La verdad es que por fuera da miedo. Y por dentro, al menos hasta que entras en la habitación. Al menos el parking es seguro: nada menos que el restaurante del hotel. Se apartan unas cuantas mesas y listo! En definitiva, que todo da miedo. Menos la Wifi, que no puede dar miedo porque casi ni la olemos.

La cena… espectacular. Belén es una crack cuando llega a lugares exóticos: coge la carta, le dice al camarero que quiere lo que sale en la foto, y hemos comido de miedo por 5€ cada uno. Y de momento hemos podido prescindir del comodín del kebab. Aunque estando en Turquía… todo se andará.

La Ruta Turca. De Tesalónica a Tesalónica pasando por Estambul, Catania y Corfú. 11-14JUL2019

—Le llamamos desde la comisaría de policía de Lentini, en Sicilia —dijo una voz en italiano —Hemos encontrado su moto.

A partir de ahí, el viaje debe cambiar de nuevo. ¡Ya me dirás! Emociones a parte, en mi cabeza explotaban los datos y las posibilidades. Pero… ¡habíamos recuperado a La Merkel! El único problema es que ya estábamos a más de mil kilómetros de distancia, a dos ferrys, en otro país y a cuatro días de camino en moto. Esta es la historia de la recuperación de mi GS 1200 Adventure, antes conocida como “La Merkel” y desde ahora mismo como “Merkel, la Renacida”.

Todo empezó unos días atrás, el 7 de Julio (San Fermín) en Catania, Sicilia, cuando Belén se dio cuenta mirando por la ventana del hotel, durante el desayuno, que donde habíamos dejado las motos la noche anterior, ahora solamente parecía haber una. Y efectivamente así era. La reconstrucción de los hechos -según los datos de los que dispongo- es aproximadamente ésta:

Entre las doce de la noche y las nueve de la mañana uno o más individuos (ahora sé que uno de ellos era de origen ghanés y tenía 41 años) se acerca a la moto con no muy buenas intenciones. Lo primero que hace es romper la tapa que cubre la batería para comprobar que no tenga ningún cable extra conectado. Por si fuera una alarma. Cuando ve que no, procede a cortar con una sierra radial de mano el candado del disco delantero. Al forzar el manillar para romper el clausor, se percata de que hay unos cables extraños en la zona, y procede a comprobarlos. Finalmente respira tranquilo al ver que solamente son los cables de alimentación del GPS. Una vez liberada, y con ayuda de alguien, se dispone a meter la moto en la furgoneta que espera en doble fila.

Una GS Adventure con el depósito lleno y tres maletas pesa como un muerto. Y así lo comprueban al meterla en la furgoneta, ya que se les vence a la derecha, rozando la maleta de aluminio izquierda y destrozando el intermitente delantero del mismo lado. Intentando enderezarla, se les cae hacia la izquierda rompiendo el cubremanetas derecho. Pero finalmente la tienen dentro de la furgoneta -presumiblemente también robada.

Luego comprobarían qué había dentro de las maletas laterales: nada. En el topcase encuentran un GPS Garmin Montana, que desprecian, y una batería externa de 16.000 mA que se ve que les hace gracia. Les vendrá bien para cargar el móvil, que a esas horas de la noche ya estaba algo tieso de batería. “La próxima vez robaré una furgoneta con un cargador de mechero”, pensó. Intenta descubrir qué hay en la bolsa impermeable que está asegurada con una malla metálica en el asiento trasero. “Parece que solo es comida”. Ni se molestó en romper la malla con la radial. Y se fue.

Lo que no supuso nunca es que días después unos policías que habían detectado la furgoneta le siguieran hasta Lentini, una población a unos 25 kilómetros de Catania y le detuvieran, como ya habían hecho otras veces. Al abrir la furgoneta, la Polizia Statale descubre a La Merkel dentro. Doble win.

Cuando llamó la policía, nos encontrábamos a unos sesenta kilómetros más allá de Tesalónica, en Grecia. Rápidamente paramos en una gasolinera y comenzamos a intentar encajar las piezas del puzzle para poder seguir viaje. Había múltiples posibilidades y había que explorarlas todas.

La primera que se me ocurrió fue seguir viaje con la moto de Belén y cambiar la vuelta para recoger mi moto. Era lo más lógico, estando tan lejos de Sicilia. Pero cambiar el retorno suponía perder casi cinco días de viaje. De hecho, más o menos los que perderíamos si volvíamos a Sicilia en avión a por la 1200 y luego continuábamos viaje con las dos motos. Y así además podríamos seguir haciendo la mayor parte del viaje con las dos motos. Decidido. Había que buscar billetes de avión.

Tesalónica-Estambul esa tarde, pasar la noche en el aeropuerto y Estambul-Catania a primera hora de la mañana del viernes. Un taxi hasta Lentini y tendríamos toda la mañana para el papeleo en la policía y arreglar imprevistos. Pensamos que el ferry de Bríndisi a Igumenitsa era el mejor y nos daría tiempo a cogerlo al día siguiente, si avanzábamos lo suficiente con La Merkel a pesar de no haber dormido. Y así fue. Aunque fueron los kilómetros más agónicos -por el cansancio- de todo el viaje. Parábamos en cada gasolinera a tomar un espresso, un red bull o lo que fuera. Pero llegamos.

Ahora estamos atravesando nuevamente el Adriático, esta vez con la 1200. Si todo va bien mañana al mediodía recogeremos la moto de Belén del aeropuerto de Tesalónica y seguiremos camino. Habremos perdido en total tres días en todo el proceso. Un éxito planificando, creo. El domingo seguiremos viaje hacia Turquía, y ya nos encargaremos de recuperar esos tres días en el regreso por Europa. Habrá palizones de kilómetros y deberemos prescindir de unos cuantos lugares a visitar, pero eso no quitará que este viaje sea, sin duda, uno de los que más recordemos para siempre. Sobre todo Merkel, la Renacida.

La Ruta Turca. De Bari a Meteora. 10JUL2019

Cuarta vez en Albania y la cosa cada vez está más europea. Lo que hace 8 años eran caminos de tierra con pretensiones de carretera durante decenas de kilómetros, hoy era una magnífica autovía. Bueno, de esas autovías donde cruza gente, aún ves algún burro y de pronto tienes un cruce. Pero autovía. Incluso a la tercera, hemos encontrado una gasolinera que se podía pagar con la VISA. Cada vez quedan menos territorios comanches.

Hasta el ferry de Bari a Dürres casi sale puntual. Y ha llegado solo con una hora de retraso. La idea de hoy era atravesar de norte a sur Albania para llegar a Meteora, ya en Grecia. Y así lo hemos hecho, salvo pérdida del GPS donde aún no habían metido un trozo de esa nueva autovía, y hemos tenido que volver atrás 20 kilómetros.

Hemos comido, como venimos haciendo siempre que visitamos Albania, en una de las múltiples gasolineras abandonadas que te encuentras a pie de carretera. Abandonadas por todos menos por los pájaros que habían anidado en el tejado, y por un maldito mosquito que insistía en picarnos. Albopictus o tigre, no se ha dejado ver tanto. Al final hemos tenido que usar palabras mayores: DEET al 50% y ya ha dejado de acercarse. Las hormigas con aspecto de escorpión ya era otra cosa. Pero parece que iban a la suya.

En la frontera con Grecia ha comenzado a llover algo más intensamente. Pero tampoco tanto. De hecho toda la mañana ha estado nublado dejando unas temperaturas de lo más agradables. En esas que estaba lloviendo algo más y nos hemos desviado para ver las gargantas de Vico**. Son interesantes porque al parecer son las más profundas del mundo, teniendo en cuenta su anchura. Y la verdad es que verlas ha valido la pena, a pesar de los cuarenta kilómetros que nos añadía a la ruta. Además, hemos visto tortugas. Bueno, una y media, si contamos las tortugas atropelladas como media tortuga.

En definitiva, que tenemos hotel con vistas a los monasterios de Meteora***. Mañana vais a flipar con las vistas desde la ventana. Ahora le dejo el iPad a Belén y nos vamos a ver la puesta de sol desde los monasterios. Corrijo, que se ha nublado todo. Directos a cenar que Belén está muerta de hambre.

La Ruta Turca. De Matera a Bari. 09JUL2019

—Pero esta reserva es para dos personas con dos motos— dijo el encargado del check-in del ferry que nos debe llevar a Albania.

—Ya —le dije —Pero sólo llevamos una moto.

—¿Averiada? —dijo inocentemente.

—No. Robada —dije con cara de pena mientras él ponía cara de sorpresa. Como si fuera sorprendente que te roben la moto en Sicilia. A mí me suele pasar.

—OK, no hay problema, señor —dijo. —Pero… Los billetes son para mañana.

Pero comencemos por el principio. Desayuno en Matera***, con unas vistas excepcionales de la ciudad rupestre. Por la noche ya pudimos recorrer una parte, y durante la mañana pudimos constatar que es uno de los mejores lugares del viaje, de momento. Escalera arriba, escalera abajo, te vas encontrando con infinidad de pequeñas fachadas con su puertecita, que acaba estando excavada en la roca. Algunas en mejor conservación que otras. Y tras visitar una de sus iglesias rupestres, excavadas y con frescos en la húmeda roca, llegamos a la catedral, en todo lo alto. Y si piensas que ahí se acaba todo, te equivocas. Porque del otro lado de la montaña las pequeñas edificaciones excavadas siguen y siguen casi hasta el infinito. Es el Sasso de Matera.

Y después de un buen rato de subir escaleras, un buen trecho de moto para descansar. El siguiente punto de ruta es Lecce**. La verdad es que había eliminado algún que otro punto para poder ver con tranquilidad Matera. Pero Lecce parecía importante. El calor y la necesidad de comprar una batería externa decente nos hizo parar en las afueras de Brindisi. 37º o 38º. Y Lecce… bueno, la plaza del Duomo estaba bien, y el anfiteatro también. Y además allí vimos los primeros nubarrones de todo el viaje.

Diez minutos después estaba diluviando. Y nosotros en la moto. Los chubasqueros… los chubasqueros los tiene LaMerkel. O mejor dicho, un siciliano que espero le salga un sarpullido cuando se los ponga. Pero agradecimos mucho la lluvia. 15 minutos de lluvia, 20 minutos mojados, pero la temperatura bajó a los 24ºC casi durante una hora. Y eso es muy de agradecer.

Con todo eso llegamos a Alberobello***, la verda muy justos de tiempo para coger el ferry. Nos dimos un paseo rápido por la sorprendente localidad de los tejados cónicos de piedra. Demasiado rápido para mi gusto, pero me gusta llegar con tiempo a los ferrys… Pero quizá no con un día de adelanto.

El final de la historia es que el chico del check-in del ferry nos cambió los billetes para hoy, sin coste alguno. Y media hora más tarde habíamos pasado aduana y estábamos ya embarcados. La verdad es que teníamos miedo por los históricos retrasos de este ferry, pero hoy va medio vacío (o menos) y todo está muy tranquilo.

Y ahora a navegar, y mañana a atravesar Albania de norte a sur. Mañana comienza otra etapa del viaje muy diferente.

La Ruta Turca. De Catania a Matera. 08JUL2019

Si la aventura es que te vayan surgiendo imprevistos y los vayas solucionando uno a uno, hoy hemos tenido un día repleto.

Después de planificar durante el domingo qué iba a ser de nuestro viaje, todo comenzaba en ponerle unas maletas a la moto de Belén para poder meter todo el equipaje que iba en la 1200. Teníamos hasta los puntos de venta Givi localizados, ya que la 650 ya llevaba los anclajes instalados de esa marca. Al llegar a la primera tienda, resulta que solo tienen una maleta compatible. Una. Y nos hacían falta dos. Así que fuimos a la segunda tienda de nuestra lista. Y allí… no tenían ninguna. Primer problema.

La solución? Bueno, intentaríamos ir con la maleta que tenemos más la que había en la primera tienda. Unas cinchas y podremos llevar también la comida. Pero… segundo problema: falta un tetón en los soporte de maleta, imprescindible para poder llevarlas. Esperemos que en la tienda nos lo solucionen.

Al llegar nuevamente a la primera tienda nos llevamos la sorpresa de que el chico, que parecía un soso, se había tomado la molestia de buscar otras maletas compatibles. Y había encontrado unas Kappa que tenían en stock. Y como se había dado cuenta de que faltaba el tetón, ya había encontrado un recambio. Para que veas que las primeras impresiones no suelen ser buenas.

Además de las maletas, compramos unos guantes que se quedaron con mi GS, un soporte para el móvil y un adaptador de mechero para enchufarlo: todo lo necesario para seguir ruta.

Segundo problema: el cargador de mechero no va. Y el GPS va gastando la. Avería del móvil a marchas forzadas. Me aprendo las instrucciones más importantes mientras salimos de Sicilia en el ferry, degustando in extremos una Aranciana, el plato típico (una bola de arroz rellena de carne y rebozada).

A medio camino, paramos en un pueblo a la búsqueda de un chino o algo parecido donde comprar una batería externa para poder cargar el móvil: ya no nos queda batería y aún no hemos reservado alojamiento. Y tampoco sé cómo seguir la ruta. Finalmente encontramos uno, aunque de poca capacidad, que me da para cargar medianamente el iPhone. Pero conseguimos reservar y usar el GPS de momento.

Otro problema surge en una parada para descansar en un área de la autovía mientras tomamos lo que aquí entienden por un café con hielo: tiene los ojos azules, algo mióticos y se acerca mucho a mi cara para decirme que los napolitanos y sicilianos en realidad descienden de españoles. Lo decía con una seguridad pasmosa y un aliento a alcohol importante. No los lo pudimos sacar de encima en los 15 minutos que estuvimos descansando. No sé ni de dónde salió y mucho menos dónde fue. Pero estar, estuvo.

Así, sin comerlo ni beberlo, hemos llegado a Matera***, recuperando el día perdido en Catania. La verdad es que nos hemos saltado unas cuantas cosas pendientes de ver, pero lo que hemos visto las pocas horas que llevamos en Matera es simplemente espectacular. Mañana nos daremos un garbeo de día, pero promete ser lo mejor que hemos visto hasta la fecha. De momento me quedo con la puesta de sol que hemos podido observar desde la ventana. Y es que así es la aventura: cuando consigues dominarla, te proporciona momentos increíbles.

La Ruta Turca. De Catania… a Catania. 07JUL2019 (Merkel in memoriam…)

Pues mira que iba a escribir un blog de esos emotivos, rememorando todas las vivencias que hemos pasado “LaMerkel” y yo… Pero… ¿qué quieres que te diga? ¿Va a servir de algo que nos pongamos bobalicones? Pues no. Lo que hay que hacer en esta vida es afrontar las cosas que te vienen, lamentándose lo mínimo y seguir luchando para disfrutar. Así que nada de lloriqueos.

Pero pongamos a los lectores que no me siguen en otras redes sociales (o los que lo lean en el futuro) en antecedentes: la pasada noche me robaron la moto en Catania. Oh, sí. Todos tenemos amigos a los que le han robado la moto y sabemos lo que se siente cuando ves el candado destrozado en el suelo de la acera. Y un cuerno. No os lo podéis ni imaginar. Y eso que yo venía concienciado desde que salí del hotel, porque Belén lo había notado desde la ventana mientras desayunábamos.

Es curioso cómo la memoria se retroactiva cuando ha pasado algo. Quizá si no me la hubieran robado, no recordaría la cantidad de cosas que recuerdo de esa noche. La mala gente de los alrededores, el comprobar si estaba el candado,… cientos de detalles que no servirán para nada.

¿Y ahora qué? Pues… ¿qué va a ser? En que te roben o no la moto, poco puedes decidir. Pero en lo que sí puedes tomar decisiones es en lo que quieres que te afecte. Podría seguir cabreado, refunfuñando mientras intento que repatríen la moto de Belén y que nos repatríen a nosotros en un avión, dando por concluido el viaje y las vacaciones. Pero también podría buscar soluciones a llevar el equipaje de los dos en la GS de Belén y seguir viaje. ¿Vosotros qué haríais? Nosotros lo tuvimos claro desde el primer momento.

Nos hemos quedado un día en Catania por si tuviéramos la suerte de que apareciera. Hemos dado 1000 vueltas por los alrededores (y no tan alrededores) esperando el milagro… pero en unas pocas horas ya hemos decidido que mañana compramos unas maletas a la moto de Belén (aprovechando que lleva ya los anclajes, no creo que resulte muy complicado) y tema equipaje solucionado. Pillando mañana autopistas y sin hacer mucho turismo, podremos recuperar el día perdido (el martes por la noche tenemos ferry pagado a Albania).

Así que… gracias por todo, Sra. Merkel. Al parecer Salvini (o la mafia siciliana) ha podido con usted.

Nota: para los que no lo sepáis, desde que la tengo hace ahora 4 años y 10 meses la moto se llama “La Merkel”: alemana, gorda y tetas caídas. ¿Se podía llamar de otra forma?

La Ruta Turca. De Caltagirone a Catania. 06JUL2019

A ver, que hoy había más cosas para estar contento que para estar agobiado: Hemos visto varios pueblos de tres estrellas, hemos comido a la orilla del mar, hemos disfrutado de un Nestea casi helado que recordaré en años,… Pero mira, me he cruzado a mitad de tarde, vaya usted a saber por qué. Y eso que Belén ha intentado animarme, pero no he estado a la altura de las circunstancias. Supongo que algo de calor he pasado. Y medio deshidratado que estaba…

Hoy el día ha transcurrido por Ragusa***, un pueblo espectacular donde su zona baja quedó devastada por un terremoto, y les dio por restaurarlo. Lo que impresiona es la cantidad enorme de casitas, tejaditos, callejuelas y placitas que hay, a todo lo que te da la vista. No se acaban nunca. Y todo eso lleno de escalones. Nos estamos haciendo adictos a las escalinatas.

El segundo punto de visita era Marzamemi**, un pequeño puerto pesquero atunero que tiene una plaza de lo más coqueta y tranquila, a pesar de los múltiples restaurantes que tiene. Creo que está más pensado para la noche que para el mediodía, pero hemos disfrutado de su Nestea halado que hemos conseguido in extremis porque cerraban el súper, y de una comida ligera a pie de mar Mediterráneo.

Noto*** ya me la esperaba monumental, pero me ha sorprendido aún así. Si vas por la calle central, durante centenares de metros no paras de encontrarte iglesias, catedrales, palacios, teatros,…. Un despilfarre de barroco! Un pueblo para disfrutar a pesar del calor que seguía haciendo. Y allí es donde me he comenzado a cruzar.

Y llegué cruzado a Siracusa y su casco antiguo que ocupa una isla. Ni los waterpoleros en piragua, ni las múltiples bodas, ni Belén intentando que comiéramos y bebiéramos algo me han sacado de este estado de pesimismo que no me merezco. Solo me hacía falta echar una mirada a mi alrededor, a pesar de que nuestro hotel en Catania no era el que elegimos en un primer (ni en un segundo) momento… cosas de booking y de overbooking… Pero no está mal. Digo que miro a mi alrededor, veo las fotos del espléndido día de hoy, veo a Belén disfrutando de unas merecidas vacaciones, miro el calendario y veo que aún nos quedan más de veintipico días de viaje… Y qué más quiero??? Se acabaron los días cruzados. Lo prometo.

La Ruta Turca. De Palermo a Caltagirone. 05JUL2019

Sin querer dar lecciones de economía que no puedo dar, el coste de oportunidad va sobre de lo que renuncias cuando haces una elección. Porque muchas veces no puedes hacer dos cosas a la vez. A su vez, el valor intangible de las cosas se refiere al valor incuantificable de dicha cosa. Pues bien, hoy hemos tenido que utilizar la economía aplicada en unas cuantas ocasiones. Pero vamos por partes.

Ayer el paseo nocturno por Palermo*** fue de lo mejorcito de lo que llevamos de viaje. Cena ligera de ensaladas mediterráneas, paseo por calles muy animadas, y el descubrimiento de la Catedral de Palermo. Y mira que el mes pasado la dibujé para mi serie de #undibujoaldía, con lo que me había tenido que empapar de sus detalles pero… en directo es simplemente espectacular. Recargada pero no en exceso -o quizá sí-, con múltiples elementos dispuestos con armonía pero con una chispa de locura: torres, cúpulas, más torres, almenas redondeadas… Un desparrame de detalles.

Y hoy, a pesar de que habíamos añadido un par o tres cosas más de última hora, la cosa es que no estaban los astros favorables. Al salir de Palermo lo hicimos por la Porta Nuova, que queríamos ver. Bueno, curiosa cuanto menos por las cuatro estatuas que la flanquean. Toda bastante negruzca, cosa que hace que no desentone del resto de la ciudad.

Y el siguiente punto era el puerto atunero de Scopello. Al acercarnos ya me olía yo el fracaso. Carreterita estrecha, y coches en fila… Al final, no había más remedio que parquing de 3€ y bajada al puertecito-playita andando por un camino de tierra. Y ahí entra el coste de oportunidad: Si no nos paramos me pierdo la vista del puertecito que parecía chulo en las fotos, pero si paro pierdo 3€, casi una hora de tiempo y un valor intangible de salud por tener que hacer el paseito en ropa de moto durante una hora… Al final decidimos que nada de Scopello. 0 de 1.

Habíamos añadido también unas ruinas que pillaban de paso, el templo de Segesta. Pero cuando llegamos, nos dicen que debemos dejar las motos en un parquing a 1 kilómetro y coger los autobuses lanzadera. Todo para ver un templo que no estaba previsto, con la cantidad de piedras que ya hemos visto y tenemos previsto ver en los próximos días… Coste de oportunidad de nuevo… y no, a mí no me vale la pena verlo perdiendo una hora o más de vida. Al final, nada de Segesta. 0 de 2.

Otra de las cosas añadidas a última hora esta mañana era un castillo encantado en Sciacca, donde un tipo le dio por esculpir nosecuantas cabezas sin tener mucha idea. Llegamos al pueblo, y después de comer algo de fruta, nos pusimos a buscar el castillo de marras. Y nada, que no. Una búsqueda más exhaustiva en Google nos hace ver que hay que comprar una entrada combinada con un par de museos más de la ciudad, con lo que… nada de castillo encantado. 0 de 3.

A pocos kilómetros se encuentra la Scala dei Turchi**, una formación rocosa blanquecina que forma una especie de gradas que acaban en una playa. En lugar de bajar a la playa, decidimos hacerle fotos desde arriba. No me digas por qué. Supongo que el calor tendrá algo que ver. 1/2 de 4.

Y ya que habíamos tenido poco éxito, nos ha dado por improvisar intentando visitar unos templos romanos cerca de Agrigento que se veían estupendos desde la carretera. El Valle dei Templi, le llaman. Ya que teníamos tiempo, nos hemos desviado y al entrar en el parking para comprar la entrada… pues que estaban haciendo un spot para Dolce & Gavanna y hoy estaba cerrado todo el complejo arqueológico. Una vez que decidimos gastar tiempo y dinero en un bien intangible, nos damos de bruces con el marketing. “Es el mercado, amigo”; que diría aquel. Resultado definitivo: 1/2 de 5.

Pero lo que nos quedamos es con el valor intangible de las vivencias, como disfrutar de una vista casi aérea de Castellamare del Golfo, saborear unas nectarinas que han salido casi gratis cuando Belén se ha encontrado 2€ en el parking, o disfrutar de la brisa a escasos metros de un mar verde turquesa mientras descansábamos nuestras maltrechas posaderas de tanta moto.

Hoy en Caltagirone, veremos seguro una escalinata que nos va a encantar. Este punto lo añadí a mi lista cuando pasó por aquí el Giro del 2018. Para que veáis que el deporte no está reñido con la cultura.

La Ruta Turca. De Nicolosi a Palermo. 04JUL2019

Despertarte, hacer la maleta, desayunar, programar el GPS, pagar la habitación, cargar las motos, conducir, fotografiar, grabar, beber, conducir, fotografiar, beber, poner gasolina, más conducir, llegar al hotel, ducharse, hacer el dibujo, escribir la crónica, salir a cenar,…

Esperas durante once meses un viaje para salir de tus rutinas,… y no te das cuenta y al tercer día ya estableces tus nuevas rutinas de viaje. Son las paradojas de los seres humanos. Pero aún así, cada día es diferente, al menos en los detalles. Porque lo esencial es invisible a los ojos.

Hemos rodeado el Etna por el sur, y nos ha dejado ver sus penachos humeantes e imponentes. No he dejado de pensar en su hermano de Stromboli, una pequeña isla cercana. No vaya a ser que entren en armonía y le dé por escupir fuego… Pero no. Al menos hoy, solamente vomitaba humo.

Y por delante nuestro, más de 170 kilómetros de curvas. Muestrario de curvas, diría. Unas carreteras muy aceptables y muy divertidas. Pero creo que hoy he muerto de éxito. Que me he cansado de curvas, vamos. El sol aprieta pero no ahoga, al menos es un calor seco, pero todo el día rascando los 35ºC… y eso no acompaña mucho en la diversión curvera.

En cuanto a pueblos, dos a destacar. Petralia Soprana** es, en palabras de Belén “una especie de Aínsa”. Y eso es un gran elogio. Pueblecito encaramado en el risco, con casitas de piedra, algunos palacetes y un par de iglesias muy chulas. Ahí hemos comprado un pan lo más rústico posible, que luego hemos acompañado con una lata de sardinas. El menú de hoy.

Y las curvas siguen y siguen, y yo esperando ansiosamente llegar a la costa para notar algo de la brisa marina. Una brisa y una costa que no llegaban nunca. Hasta que llegaron y nos encontramos con el mar Tirreno de bruces. En Cefalú***, nada menos. Una pequeña población costera, muy turística, llena de tiendas de souvenirs en su parte vieja, pero que no me ha dado sensación de agobio. Su duomo ha aparecido de pronto, y la verdad es que para mí ha sido lo mejor del día. Porque el helado de pistacho… como que no, si lo comparamos con el granitta de ayer. Pero el azul Del Mar y la brisa marina… eso sí que ha valido la pena.

Y finalmente setenta kilómetros de costa para llegar a Palermo, donde dormimos hoy. El tráfico se ha hecho… digamos que caótico por ser suave. Las líneas de las avenidas sirven de poco -de hecho ni se ven-, los coches adelantan por el arcén, en las rotondas tiene preferencia el que primero dispare. Lo normal para Sicilia, supongo. Y como tenemos muchas cosas que ver en la ciudad, y no queríamos dejar la crónica para después, os contaré cómo es en la crónica de mañana. Al menos lo esencial que sea visible a mis ojos.