La Ruta de Retor


LaRutaDeRetor por Dr_Jaus
 

Me parece asombroso lo que pueden hacer las redes sociales. Posibilitan conocer gente afín a ti que se encuentran a cientos de kilómetros de distancia. A pesar de que la amistad y el conocimiento mutuo adquirido es grande, es mucho mejor consolidarlo delante de unas cañas o un buen vino. Con Fernando Retor ya había cubierto esas dos etapas. Recuerdo que un día mi primo me habló de su web, www.dondevasconesamoto.com que yo por otro lado ya conocía: “Hay un tío con dos pelotas que se ha recorrido medio mundo en una Derbi 125”, me dijo. Leyendo sus crónicas y viendo sus vídeos comencé a conocerle. En Mallorca, en la I Muestra de Vídeos de Grandes Viajes en Moto, confirmé lo que ya sospechaba. Ese tío con dos pelotas y ni un pelo de tonto era un gran tipo. Como la mayoría de los moteros viajeros que iba conociendo. Igual es que somos de la misma pasta.

Por ello no podía dejar de asistir a la reunión que se organizó en Peñafiel, Valladolid con varios amigos suyos, tanto virtuales como de carne y hueso. Setecientos kilómetros me parecían una distancia salvable para afrontarla en un solo fin de semana. Así que nos liamos la manta a la cabeza y reservamos un par de hoteles.

Recoger a Belén en Zaragoza era coser y cantar. No voy a narrar aquí un viaje que comienza a ser como ir a comprar el pan, aunque son trescientos kilómetros, que se dice pronto. Pasar por los Monegros es como escuchar ese canto de sirenas que te invita a apartarte del camino establecido y te empuja a romper el programa. Pero ese viernes no podía ser. Tenía mucho camino por delante. Ya con copiloto, rompimos la negrura de la noche y recorrimos una A-2 bajo una lluvia intermitente. Una vez en Calatayud, las carreteras nacionales, casi desiertas, nos acompañaron en nuestra travesía. El asfalto seguía húmedo de las lluvias recientes, y así llegamos a El Burgo de Osma, donde una sopa castellana y un buen Ribera del Duero nos alimentó cuerpo y alma.

El día siguiente se presentó meteorológicamente más estable que el viernes. Unos pocos kilómetros y mi BMW pasó a ser cincuentenaria. 50.000km en 14 meses se me antoja un buen ritmo! A pesar de que todo hacía indicar que no llegaríamos a tiempo al punto de reunión, un ritmo rápido entre las vides aún rojizas del otoño nos puso en la Plaza del Coso de Peñafiel justo a tiempo. Allí nos fuimos juntando una buena docena de desconocidos -en algunos casos no tanto- con Fernando Retor y su www.dondevasconesamoto.com como nexo en común. Como no podía ser de otra manera, se volvía a confirmar mis sospechas: los moteros viajeros estamos hechos de la misma pasta. Una pasta que congenia a la primera.

Una apacible ruta a ritmo de 125 por carreteras ya conocidas de algún que otro viaje nos llevaron a las Hoces del Duratón y a pueblos cercanos. Justo para fabricar el hambre suficiente como para intentar comernos el gigantesco cocido que nos pusieron delante a la hora de comer. Risas, vino y garbanzos a partes iguales.

Por la tarde, traslado a Cuéllar, ciudad natal de un Explorador Olvidado a tomar un café y a seguir las decenas de tertulias diferentes que surgen entre amigos. Ya de noche, acomodación en el hotel y a prepararnos para la siguiente tanda de comilonas: el lechazo del Mannix. Costó que entrara, ya que el cocido le restaba sitio en nuestras ya de por si abultadas barrigas, pero obviamente no le hicimos un feo. Después de la oportuna sobremesa, cortamos la noche, menos gélida de lo esperado, para descansar en Peñafiel.

Domingo, día de despedidas. Un desayuno juntos, unos cuantos abrazos y sonrisas, y toca ponerse en marcha otra vez. Ahora sol, ahora lluvia desandamos lo andado hasta Barcelona, previo paso por Zaragoza. Sin música en el casco, era el momento para reflexionar sobre la amistad, las buenas personas, los grandes amigos casi desconocidos y los grandes viajeros. El hecho de querer conocer mundo, y querer hacerlo encima de una moto quizá nos una. Pero también nos hace especiales. Dejamos la comodidad de nuestro sofá, despreciamos el lujo del coche y preferimos enfundarnos un casco y salir a vivir el mundo. A olerlo. A sentir ese sol abrasador o esa lluvia gélida intentar colarse entre nuestras capas y capas de ropa. Y eso ha de unir. Por fuerza. Comienza a formarse un grupo de gente estupenda, y todo gracias internet. Y es que no solamente Google es el gran invento de la red.

La Ruta de Retor


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