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22JUL2017. LaRutaDeLasGaitas. Dublín (y 2)

   Pues sí, hoy tocaba otra vez Dublín. ¿Para descansar? No creo. Porque nos cansamos más cuanta menos moto tocamos. Y es que andar cansa lo suyo, también. 11 kilómetros dice el relojillo que hemos andado hoy. Y como este es un blog de viajes en moto, no sé yo si debería escribir algo hoy. Porque de moto, poco. Pero para que no decaiga, y por si alguno viene a Dublín un fin de semana con prisas, al menos os cuento qué hemos visto hoy.

Hemos dejado la moto muy cerquita del Trinity College, o lo que es lo mismo, en el mismo centro de Dublín. De allí callejeando un poco, tocaba hacer la típica foto al Temple Bar por la mañana, cuando aún no hay casi nadie y puedes ver su llamativa fachada escarlata. Muy cerca de allí, los sábados como hoy se abre el Temple Bar Food Market, donde pequeños puestecitos venden comida para llevar además de verduras frescas y otros vegetales ecológicos. 

A pocos metros teníamos el Ha’penny Bridge, donde desde hace ya casi un siglo nadie te cobra medio penique para cruzar el río Liffey, pero se sigue llamando así entre los locales y turistas. No creo que nadie le llame Wellington Bridge, que es como se llama. Al otro lado del río nos interesaba el Moore Street Market, un mercado callejero de frutas y verduras. Pero que la verdad me pareció un poco decadente, con  pocos puestos y solamente de fruta. Me esperaba un lugar bullicioso y colorista pero no fue así. 

The Spire. La escultura más alta del mundo, dicen. Una espina. Un palo. Una cucaña. Un poste. Así como metálico y de 120 metros de altura. Te gustará o no. Pero verla la verás seguro.

Y después de este breve recorrido, fuimos a lo importante, lo que tenía ganas de volver a ver: el Trinity College y su magnífica Old Library. La biblioteca antigua, vamos. Allí se guarda el Book of Kells, un libro que para los irlandeses tendrá mucho significado, pero que en España entre códices calixtinos y otras mandangas no nos quedaríamos cortos y no le damos tanto pábulo. Pero lo que es la propia biblioteca te embriaga los sentidos. El de la vista, que te aturde de ver tantas y tantas estantería repletas de libros que agotan el Pantone dedicado a los libros antiguos. El marrón, vamos. El del oído, porque entre tanto libro, y a pesar de la gente que había, se nota una especie de vacío especial. Y sobre todo el del olfato, por esa mezcla alucinante de olor a libro y a madera antigua. 

Las catedrales de Christ Church y de St. Patricks, bueno… Hemos estado, pero hemos renunciado a gastarnos el sueldo en la entrada. Hemos visto mejores y más bonitas. Y mira que me fastidia, pero solo pago en iglesias cuando realmente creo que merece la pena. 

Y por supuesto, otro paseo agradable por Grafton Street, viendo tiendas y más tiendas. Y músicos callejeros, la mayoría muy buenos. Aquí desde Bono y U2, hay nivel. Y por último y gracias a la insistencia de Belén, por lo que le doy gracias, nos pusimos a cazar las famosas puertas de colores de Dublín que puedes ver en cualquier postal. Una collage bien chulo que ha salido. 

Y ahora a dormir, que mañana a eso de las 8 y pico sale un ferry destino Gales. Que hay que pensar en comenzar a volver. Con unos regresos de esos que nos gustan a nosotros: que no sabes si vuelves o si vas. Bona nit. Click.

21JUL2017. LaRutaDeLasGaitas. Dublín

¿Sabíais que a mucha gente de las montañas irlandesas no les gusta que instalen aerogeneradores en sus horizontes para no estropear el paisaje? Yo no. Pero ahora sí lo sé, a tenor de la cantidad de carteles que así lo decían que nos hemos encontrado en la infinidad de mini-carreteras que hemos cruzado hoy. 

Pero vamos a lo de la crónica y lo de explicar por dónde hemos pasado hoy. Pues por Glendalough. Parada inexcusable para todo aquél viajero que pase por Irlanda. Un complejo monástico en ruinas, donde solamente la peculiar torre cilíndrica de 100 pies de alto permanece altiva. Y desde allí, un agradable paseo para contemplar sus dos lagos. A ver, que mola. Pero igual me esperaba algo más. Le quito una estrella de las tres que le había puesto. 

Luego, la ruta hacia Dublín nos ha pasado por el corazón de las Wicklow Monuntains, de donde después nos hemos enterado que sacan el agua para fabricar la cerveza Guinness. La R115, también llamada la Old Military Road nos ha sorprendido. Tanto por su cascada Glenmacnass Waterfall, como por su trazado esquivando colinas a más de 500 metros de altura (todo un récord en este viaje). Era lo más parecido a la salvaje Escocia que hemos encontrado por el interior de Irlanda. Y no, no me tiréis de la lengua aún sobre si mola más Escocia que Irlanda o al revés. En otro post os comento mis impresiones.

La tarde en Dublín la hemos echado en museo más visitado de Irlanda, la Guinness Storehouse. Pedazo colas que había para entrar. Y de poco no podemos ni hacerlo, menos mal que hemos comprado la entrada por internet mientras hacíamos la cola. Que si no, ni eso. Y a 20€ la entrada, estos de la Guinness creo que hacen cerveza solamente para poder ganar dinero con el museo… Y por dentro, la verdad que es espectacular. Los espacios y la concepción de la visita. Aunque se me ha quedado algo corta, ya que de las 7 plantas, casi la mitad son bares y restaurantes. Pero en definitiva creo que ha merecido la pena.

Y luego, un pequeño paseo de toma de contacto por el centro de la ciudad. Saludos a Molly Malone y captación del ambiente ciudadano un viernes por la tarde-noche: petao de gente en todos los pubs y restaurantes. A estos irlandeses les va la fiesta. 

Mañana, más Dublín. Será el primer día de descanso sin ruta de todo el viaje. Y mira que ya llevamos días. Pero aún nos quedan muchos kilómetros que recorrer. Y muchas fotos que hacer. Hasta mañana. Click.

20JUL2017. LaRutaDeLasGaitas. Tinahely

Y os preguntaréis… ¿Dónde leches está Tinahely? Pues tampoco creáis que lo sé a ciencia cierta. Este pueblo no estaba apuntado en mi libreta. Pero es lo más cerca que hemos encontrado de Glendalough a precio razonable. Y hemos tenido suerte, porque el hotel (un pub con restaurante y hotel) está muy bien. Y nos ha costado encontrar alojamiento tanto para hoy como para mañana en Dublín. ¡Qué precios! Es lo que tiene que coincida con fin de semana. Pero al final, después de mucho hacer y deshacer esta mañana, hemos conseguido encajar todo el tema de alojamientos. Así que a otra cosa.

Hoy era un día de transición. De dejar la espectacular costa oeste irlandesa y desplazarnos ya hacia Dublín y lo que nos queda por ver del este. Por culpa del pequeño problema en la moto de Belén, perdimos los dos preciados días de margen que teníamos y hemos tenido que acortar un poco la ruta por el sur, pero es lo que tiene la aventura pseudoplanificada, que a veces hay que replanificarla del todo. 

Y para que no quedara el día en blanco, hemos estirado un poco la ruta del Google Maps para ver Rock of Cashel, unas ruinas de una iglesia fortaleza situadas en lo alto de una colina de esas verdes verdes en las afueras de Cashel. Un contraste fenomenal el de las ruinas de piedra negra con el verde fosfórico de la hierba y los negruzcos nubarrones que hemos sorteado durante todo el camino.

Y una vez en Tinahely, pues pan fried haddock y chicken curry, todo siempre regado con un par de Guinness. Y de postre, pavalova with cream and fruits. Bona nit. Click.

19JUL2017. LaRutaDeLasGaitas. Tralee

Vamos rapiditos que se me hace tarde. Lo primero, la moto de Belén sigue bien. Gracias. Hoy se ha marcado 300km sin achaques. Esperemos que siga así. 

¿Del resto? Pues una cosa me ha quedado clara: Irlanda mola mucho. Da igual lo que veas. Te gustará más o menos dependiendo de la climatología. Hoy hemos comenzado con algo de lluvia, que nos ha respetado en Ladie’s View (incluso ha salido el sol). Mucho mejor que Molls Gap, dónde vas a parar. Luego el Black Valley se me ha quedado algo corto, seguramente porque estaba lloviendo a mares. Igual que la zona sur del Ring of Kerry al que le tenía tantas ganas. Hasta Waterville (que parece un monográfico de Charlot), nos ha estado lloviendo. Y a partir de ahí… la delicia. 

El cielo comenzaba a clarearse cuando pasábamos por la playa de Ballinskelligs, con su castillo ahí tan fotogénicamente puesto. Por cierto, playa con socorrista. De hecho, un socorrista por cada dos bañistas, que son los únicos (enfundados en neopreno, claro) que se habían atrevido a pegarse un baño. 

Por Portmagee y la isla de Valentia hemos pasado como en un suspiro, porque se nos hacía algo tarde. Y es que además del Ring of Kerry queríamos hacer la península de Dingle. ¡Qué acierto ha sido! Porque las vistas de Slea Head han sido magníficas. El mar rompiendo allá abajo, y la playa allí, bajo unas espléndidas nubes.  Y luego, a pesar de que no estaba previsto en mi superlibreta, nos hemos dado de bruces con el Dunquin Harbour, tan fotogénico él  con su rampa de acceso imposible. 

Y en nuestro trayecto hacia Tralee, donde dormiré en unos pocos minutos, hemos atravesado el Connors Pass. Pocas curvas de subida hacia el este, pero ya apuntaba maneras atravesando las verdísisisisimas faldas de las montañas. Y una vez arriba, unas vistas espectaculares de la zona norte de la península de Dingle. Y de bajada, carretera estrecha casi excavada en la montaña durante los primeros kilómetros. Sin duda, un tres estrellas. 

Mañana toca atravesar Irlanda en busca de nuevos paisajes. Habrá muchos kilómetros y pocas paradas. Pero estaremos puntualmente aquí, para contaros qué tal hemos llevado el día. Buenas noches.

18JUL2017. LaRutaDeLasGaitas. Ring of Beara

Tras el cambio de planes de ayer para llevar la moto de Belén a Cork, a uno de los dos únicos concesionarios BMW de toda Irlanda, hoy debíamos pasar la mañana de alguna forma mientras esperábamos a mediodía para recogerla. Una fuga de líquido refrigerante proveniente de la bomba de agua. Nada serio pero que nos podía fastidiar el viaje si no se arreglaba. 

–Hemos cambiado la junta, pero no hemos podido cambiar la bomba– dijo Marc, el encardado de taller. –Las piezas llegarán en una semana– agregó. Era una mala noticia. En una semana ya debíamos estar en Gran Bretaña camino del Eurotunnel. 

–Pero hemos sellado el orificio de drenaje, por donde perdía líquido. Ya no lo hace– dijo intentando cambiar de cara a otra menos funesta. Y es que a Belén, sin entenderle lo que decía, hacía ya un rato que su cara le estaba asustando.

–¿Y con eso podremos seguir viaje?– pregunté.

–Es un apaño provisional– dijo. –Si fuera mi moto la dejaría en el taller esperando las piezas– añadió. –Pero ya me habéis comentado que no tenéis esa opción. 

Vale, la situación es esta: la moto ya no pierde líquido, aunque la bomba «no funciona correctamente», según sus palabras. Peor estábamos ayer. 

–¿Y cuánto tenemos que pagar?– pregunté para dejar ya cerrado el tema.

–Nada– contestó. No hemos podido arreglar el problema, así que no os podemos cobrar nada–. Sea en España o en Irlanda, me siguen sorprendiendo para bien los talleres oficiales BMW. 

La cosa es que después de consultarlo con mi mecánico online de confianza me desaconsejó encarecidamente que dejara ese orificio de drenaje tapado, ya que si no había un lugar por donde aliviar la presión, la cosa podría ir a peor. A muy peor. Así que en la primera parada que pude, intenté quitar el tapón de una especie de resina que le habían puesto al drenaje. Lo conseguí en parte. La moto seguía sin perder líquido refrigerante, y el tapón estaba tan debilitado que un aumento de presión seguramente lo rompería del todo. Si eso pasara, solamente tendríamos que seguir reponiendo el refrigerante y listos. Supongo…

Pero vamos al tema. Ayer dormimos en Cobh, el último puerto donde recaló el Titanic antes de ponerse a chocar con icebergs. Y todo el pueblo está volcado con el tema. Memoriales ahí, pubs temáticos allá… Además, su catedral tiene el campanario más alto de toda Irlanda. Y es un encanto de pueblo. Un acierto. Luego hemos ido a dar un garbeo por pequeños pueblecitos del West Cork, donde las ensenadas y los pequeños cabos se van sucediendo, dejando a su lado pequeños pueblos de coloristas fachadas como Kinsale

Hoy hemos descubierto la R575, otra carretera que entra dentro de mi lista de mejores carreteras que he recorrido. Es la parte final del Ring of Beara, justo desde donde sale el desvío a la isla de Dursey (donde si vas, deberás meter el vehículo en un teleférico), cerca de Lambs Head. No me lo esperaba, después de recorrer la parte sur de la península, que mola pero tampoco era para tanto Así que esperaba que la parte norte sería más o menos igual. Craso error. Hay un momento en el que las peninsulillas, los cabos y las pequeñas ensenadas se van sucediendo mientras la estrecha carretera serpentea adquiriendo algo de altura para después bajarla, como jugueteando con la orografía. Espectacular. Ah! Y todo eso aderezado con los más verdes colores irlandeses. 
Y luego, el Healy Pass. Lo cogimos en dirección norte. Y al principio no parece un pass. Va zigzagueando en el llano verde esquivando grandes rocas rosáceas. Las curvas de radio insinuante te van dotando de altura y perspectiva finalmente, para observar su dibujo caprichoso desde arriba. En la cima un gran crucifijo de un blanco que contrasta con el fondo verde (¿os he dicho ya que Irlanda es verde?) te da la bienvenida a la cara norte. Allí, sin tanta floritura, la carretera te abofetea con unas vistas espectaculares de la península de Beara, con un fotogénico lago a tu izquierda. 

Y con todo eso llegamos a Tahilla, un no-pueblo (o sea, que tiene nombre y eso, pero no son más que cuatro casas desperdigadas) donde dormiremos hoy con el repiquetear de la lluvia sobre nuestras cabezas. Mañana, si la autoridad, el tiempo o el líquido refrigerante no lo impiden, conquistaremos el Ring of Kerry. Bonanit. Click.

16JUL2017. LaRutaDeLasGaitas. Acantilados de Moher

– Debéis ir a los acantilados cuanto más tarde mejor– nos explicaba la dueña del bed and breakfast. –Cuando se hayan ido los autocares. Si no, habrá miles de turistas y no los disfrutaréis– dijo. [Pues pensábamos ir a las cuatro de la tarde…]

– No paguéis el parking, os cobrarán 6€ por persona. Seguid la carretera y allí encontraréis otro parking a 5€ los dos– seguía explicando. [Vaya, ya habíamos comprado las entradas por internet].

– Yo iría a cenar antes. Aquí a las siete y media ya os quedáis sin cenar– nos comentó [Oh… pues íbamos a hacerlo al revés].

– Ni se os ocurra ir a cenar al McDermotts, allí la comida no es de calidad. Mucho mejor al McGanns– dijo. [Uf, pues nos habían recomendado el estofado del McDermotts…]

– Y no vayáis antes de las 5, que el menú es diferente y de peor calidad– concluyó. [Ah, ahí no me pilla. Ni se me ocurriría ir a cenar antes de las 5 de la tarde].

Pues con todos estos consejos que la amabilísima señora nos dio sin pedirlos, nos ha salido una tarde excepcional en los acantilados de Moher. La verdad es que las agradables temperaturas y el sol también han ayudado mucho. De los acantilados, ¿qué decir? Pues que mi admiración por ellos ha ido de menos a más. Igual porque me esperaba que se me cortara el aliento nada más verlos ante tanta belleza natural, pero la verdad es que no ha sido así. 

–Bueno, pues son normalitos– pensé en cuanto el camino de acceso nos acercó al borde. Iba mirando a un lado y a otro y el acantilado baja prácticamente vertical hasta tocar el agua. –Monótonos– dije para mis adentros. –Igual son mejores los de Slieve League

Hasta que me di cuenta de una cosa: esas minúsculisísisimas cositas que se movían por el borde del acantilado eran personas. ¿ESO SON PERSONAS? ¿PERO CÓMO PUEDE SER ESO? ¿PERO QUÉ ALTURA TIENEN ESTOS ACANTILADOS? Pues más de 200 metros. Entonces sí. Es ahí cuando el corazón se te encoge y comienzas a tomar conciencia de lo que tienes frente a tus narices. Entonces sí que sabes que es una de las cosas más espectaculares que has visto, de esas que recuerdas siempre. Y afinas la mirada, y ves que esos píxeles blancos que hay ahí abajo, en la roca, a media distancia entre el borde y el agua son gaviotas. Esas tan enormes que ves siempre pidiendo comida… pues allí abajo están, vistas casi desde el infinito.

El sol iba bajando poco a poco sobre las islas de Aran, perfectamente visibles allí frente a nosotros. Entonces, y solo entonces, comienza la magia de Moher. Sus rocas se tornan anaranjadas, contrastando con el vivo verde de sus cumbres. El sol comienza a teñir de rojo ese mar antes de azul ultramar, y riela sobre él un magnífico manto de luz anaranjada. Faltaban 25 minutos para la puesta de sol. 

¿Nos quedamos allí para verla? Pues no. El destino nos tenía preparado algo mejor. Ver la magnífica puesta de sol sobre las islas Aran frente al castillo de Doonagore [gracias otra vez por la localización, Xavi]. Y la guinda del pastel: cuando el cielo está en calma y la visibilidad es excelente, es bien sabido que el último rayo del sol tiene un color especial: un sorprendente verde. Un rayo verde de un color que no hay pintor que pueda reproducirlo en su paleta, y que la propia Naturaleza no ha repetido ni en los diversos tonos de las plantas -ni en Irlanda- ni en el color más transparente de los mares. Esto es debido a la refracción diferencial para cada longitud de onda. Es un fenómeno de muy difícil observación, tanto que para muchos es simplemente un mito, aunque la ciencia lo avale. Quizá sea cierta la antigua leyenda, según la cual aquel que tuviera la fortuna de contemplar el rayo, podría ver con claridad en su corazón y en el de los demás. Pues qué queréis que os diga… sea ciencia o leyenda, y habiéndolo buscado desde que lo leí por primera vez en un relato de Julio Verne hace ya más de 35 años… hoy he visto el Rayo Verde. Buenas noches a todos. Click.

15JUL2017. LaRutaDeLasGaitas. Ballyvaughan

R335. Recuerda su número. Porque es una de las carreteras que entra ya en el TOP10 de mis mejores carreteras para recorrer en moto. Pero si eres de los que te gustan más los nombres sugerentes que los números, ahí tienes uno: Doo Lough Pass. ¿A que suena bien? Es una carretera estrecha, pero bien asfaltada. Sinuosa pero no tanto. Y con unos paisajes que quitan el hipo. No llevábamos más de 30 kilómetros y ya estábamos con la boca abierta. Hemos intentado hacer volar el drone. Porque de hecho no hacía mucho aire. O eso parecía. Porque nada más parar las ráfagas iban y venían con una fuerza importante. El pobre bicho no hacía más que intentar mantener el equilibrio entre tanto viento, como surfeando en un cielo embravecido. No he querido forzarlo más y he reducido las tomas a la mera constatación de la visita. 

Porque hoy ha sido un día de esos desapacibles. Muy desapacible. Entre el viento, lo menos fuerza tres o cuatro y la lluvia, venimos servidos de mal tiempo. Porque ya sea fina o más gorda, no ha dejado de llover. La abadía de Kylemore, a pesar de sus andamios, apareció frente al lago tras una curva. Paradita para foto y para visitar un ratito la tienda de recuerdos. Al menos allí se estaba confortable.

Y lo que pensaba que sería el plato fuerte, la Sky Road, ha quedado en meramente un acompañamiento insulso. Y no por demérito propio, sino porque la neblina y la lluvia fina impedía ver más allá de nuestras narices. Y eso que apuntaba maneras, porque la carretera hace un bucle desde Clifden que se eleva rápidamente junto a la costa para darte una visión casi de drone del paisaje.  Hoy no pudo ser. Pero siempre hay que tener razones para volver. Y nosotros ya tenemos unas cuantas. 

La moto de Belén arrastra una pequeña fuga de líquido refrigerante desde hace unos días. No era nada preocupante, hasta que ha dejado de ser una pequeña fuga para convertirse en una fuga hecha y derecha. Nada que no fuera conocido, la bomba de agua suele fallar en este modelo, y ya es la segunda vez. De momento vamos rellenando líquido cada día, aunque hoy ya han sido dos veces. Y cada vez que eso pasa tenemos que quitar el topcase y 7 tornillos para sacar la tapa lateral. Pero creo que eso ya lo hacemos en menos de 10 minutos. Hemos pasado por un concesionario BMW en Galway, que aunque solamente era de coches, nos han atendido magníficamente, dándonos el contacto de un concesionario oficial de motos en Cork. Así que igual tendremos que variar un poco los planes para poder ir a cambiar la bomba. Pero eso será después del fin de semana. 

El día ha acabado bajo la lluvia pasando por Kinvarra y su Dunguaire Castle, algo insulso con la marea baja. Hemos llegado a Ballyvaughan, donde dormiremos hoy después de haber vaciado las despensas de Monks, una marisquería altamente recomendable (no excesivamente barato, eso es verdad… pero tampoco excesivamente caro para lo que venimos pagando de cenas). 

Pues lo dicho, que dicen que. mañana mejora mucho el tiempo, sobre todo por la tarde. Es el momento adecuado para ver los Cliffs of Moher. Pero eso… será mañana. Bonanit.

14JUL2017. LaRutaDeLasGaitas. Louisburgh

A ver, que cuando los días pasados decía que ya estaba bien de agua no iba en serio. Porque si la opción para que no lloviera es que hiciera el viento que hemos tenido que soportar hoy, no sé qué prefiero. Bueno, puestos a preferir, el solazo de nuestro primer día en Irlanda me vale. Aish, aquellos tiempos… [aunque una de mis múltiples aplicaciones meteorológicas insiste en que pasado mañana tendremos un par de días de esos que hasta te sobra la cazadora. Pero en serio, no sé si creérmelo].

En definitiva, un vientazo de mil pares de narices, eso es lo que hacía mientras explorábamos los acantilados de la Achill Island. Yendo hacia su punta más extrema, Keem Bay, la carretera asciende y asciende al borde del acantilado. En uno de los virajes, ahí abajo, aparece la pequeña playa rodeada completamente de verdes montañas. Y a tu lado, las ovejas balando. Y a tus pies, los truños que van dejando las putas ovejas. Que tiene razón Belén, que no sé qué comerán aquí, pero eso de que cagan bolitas como si fueran Conguitos… nanai!

Luego hemos recorrido los White Cliffs of Ashleam, aún en la isla. La cosa ha comenzado más o menos igual, la carretera comienza a escalar rápidamente, y con la altura adquieres consciencia de los acantilados que tenías alrededor. Hemos aprovechado un hueco en una curva de la carretera para montar nuestro restaurante del día, con unas vistas excepcionales, otra vez rodeados de ovejas. Ahí resguardados hacía poco viento, por lo que me he arriesgado hasta a volar el drone, que aunque con alguna dificultad, ha conseguido mantener la horizontalidad y brindarnos, otra vez más, unas impresionantes imágenes. La carretera seguía por el lado sur de la isla, justo de donde venía el viento, pero al menos venía del precipicio, no hacia él. O sea que si te tiraba, lo haría hacia la montaña. Y eso al menos te da un respiro.

Hemos ido siguiendo, en la mayoría de los tramos, la carretera que está perfectísimamente indicada durante cientos (o miles) de kilómetros que llaman Wild Atlantic Way, que te lleva por toda la costa oeste de Irlanda por las carreteras más cercanas a la costa. Y así hemos llegado a Westport. Es un pueblecito con mucha vida con las fachadas de todos los establecimientos de vivos colores, y los carteles de los comercios primorosamente pintados con tipografías del mismo estilo clásico. A pesar de lo bullicioso del tráfico, se respira una tranquilidad sorprendente, donde los coches, a pesar de los conatos de atasco, van avanzando lenta pero silenciosamente, sin pitidos ni estridencias. 

Y como no debía ser de otra forma, tras haber sorteado la lluvia durante todo el día, es quedarnos veinte tristes kilómetros para llegar a nuestro bed and breakfast de esta noche en Louisburgh y ponerse a llover. Vamos, que la señora del alojamiento lo primero que nos ha dicho, con algo de angustia en la mirada, es si queríamos dejar algo en la secadora. Supongo que se estaba preocupando por si le dejábamos encharcada la habitación…

La cena de hoy ha llegado a un gitanolanderismo preocupante para nuestro nivel: con la lluvia y en un bed and breakfast alejado de cualquier civilización, hemos decidido cenar unas sopas instantáneas de esas que se hacen con agua hirviendo, que preveíamos hacer con los hervidores de agua que hemos ido encontrando en todos y cada uno de los alojamientos de este viaje Pues bien, el de hoy no tiene hervidor de agua. Por fortuna, en el grifo de agua caliente ponía un cartel de «Caution: very hot water», así que hemos probado si el water salía lo suficientemente hot como para hacer la sopa de sobre en condiciones. Y mira, pues sí. Bien rica que estaba. Eso, un trozo de fuet y una galletas de gengibre y ya tenemos la cena lista. Ahora a descansar hasta mañana, último día en el que dan lluvias generalizadas. Ya estamos planeando el ataque a los acantilados de Moher y posiblemente las Aran Islands con buen tiempo. Bona nit. Click.

13JUL2017. LaRutaDeLasGaitas. Sligo

[voy escribiendo el título este de LaRutaDeLasGaitas y pienso que en qué momento se me ocurriría ponerle ese título… Porque en Escocia sí, pero en Irlanda todavía no he visto ninguna… Bueno, tampoco he visto ningún pelirrojo aún, así que igual aún hay tiempo]

Y después de la reflexión del día, pasamos a relatar lo que ha dado de sí la ruta de hoy. Ni fú ni fá. Claroscuros. Luces y sombras. Etapa de transición transicional. Claro, mis ánimos no estaban muy arriba cuando al levantarnos he visto el panorama fuera. Por una parte, no llovía. Incluso algún claro se veía. Pero predominaba el negro borrasca. Y después del soleadísimo día de ayer, eso es un bajón.

En Derry (o Londonderry, depende) aún hacía sol. Entras y un pequeño murete de piedra te recuerda que entras en la ciudad amurallada. Y es cierto que su centro está amurallado, pero… ¡éstos no han visto Ávila! Muralla insulsa. Y en su interior, algún edificio interesante, como la catedral católica de St. Eugene. 

Luego tocaba el castillo de Glenveagh, en el parque nacional del mismo nombre. Bueno, el parque comenzaba a molar, con montañas onduladas llenas de pastos pero sin ganado. Pero siguiendo la premisa de este viaje, de solo pagar por entrar en determinados lugares ya previamente establecidos, el castillo no entraba en los planes. Tenía la esperanza de una buena foto desde el parking, o poder volar el drone… pero nada de nada. Así que nos fuimos de vacío. Ha sido una de las sombras. 

La cascada de Assarancagh no está prácticamente indicada en ningún lado. Tampoco es que sea especialmente espectacular, pero caía cerca de nuestra ruta. Pero mira, sorprendentemente ha molado la vista desde el drone. Enorme cascada no en cantidad de agua o en anchura, pero sí cuando ves desde qué altura el agua va pegando botes hasta llegar al pequeño laguito.

El Glengesh Pass ha sido otra de las luces. Avanzamos por un estrecho valle que rápidamente ascendía por sus laterales con unas pronunciadas laderas completamente verdes, mientras amenazantes nubarrones cubrían las cumbres. Las vistas aéreas no han decepcionado. 

Y luego, los acantilados de Slieve Leage. También espectaculares. Carreterita muy estrecha con caída espectacular sin valla en algunos tramos. Y arríba, unas vistas fantásticas de los acantilados, a pesar del fortísimo viento que acrecentaba la sensación de frío. Hemos comido abajo, en el parking, más resguardados del viento. Pero a pesar de ello, y como ya viene siendo habitual, la lluvia ha hecho acto de presencia antes del postre. 

Por último, y ya en tiempo de descuento, hemos llegado a la abadía de Sligo, que se encuentra en medio del pueblo. En Irlanda, aunque menos que en Escocia, siguen teniendo unos horarios muy raros, y cerraban a eso de las 18h, media hora antes de nuestra llegada. Y mira que desde fuera apuntaba maneras. Posiblemente, si el tiempo no lo impide, intentaremos una visita mañana. Aunque abren a eso de las 10…

Y ya instalados en una amplísima habitación en un hotel-spa de cuatro estrellacas ubicado en un campo de golf a precio de Bed and Breakfast (sí, a veces tenemos suerte), vamos a ver cómo gestionamos las lluvias que se prevén para mañana y puede que pasado. Vamos a ves si coordinamos los días de buen tiempo con las mejores visitas irlandesas pendientes. Os seguiremos informando, ahora me voy a hacer la digestión del Sligo lamb al punto que nos hemos zampado.

12JUL2017. LaRutaDeLasGaitas. Londonderry (o Derry)

Que los irlandeses son majos, ya nos lo habían dicho por activa y por pasiva. Pero es que esto es pasarse de majos. Los que me conozcáis sabéis que no soy mucho de interaccionar con la gente que no conozco. Pocas veces me verá alguien iniciar una conversación con alguien porque sí. De hecho, pocas veces pregunto. Pero si hoy no he hablado con más de media docena de desconocidos diferentes… 

– Hey! Tomad estos tickets del aparcamiento– nos dijo un motero en el parking de la Calzada de los Gigantes. –Nosotros nos vamos y no hay nadie en la garita, así que no nos los pedirán–. De hecho, una situación extraña para un británico, eso de saltarse las normas. Los irlandeses (aunque sean del norte) son mucho más latinos

Y así casi en una decena de ocasiones. Desde el señor que veraneaba en Cambrils, hasta el venerable anciano que nos hablaba del tiempo. O la señora que me preguntaba por el modelo de motocicleta y que si sabía que tenía que pasar una campaña…

Pero comencemos la crónica, que me alargo y hoy es muy tarde. Tras una breve pasada por los murales de la zona católica de Belfast y la tristemente famosa Divis Tower, hemos dado una vuelta por el Milltown Cementery. Asombroso poder entrar en moto entre las miles de lápidas. Gracias, Xavi por la info. Y luego para la Causeway Coastal Route a través de espectaculares paisajes de un verde intenso, hasta desviarnos para ver The Dark Hedges, esa carretera con árboles centenarios que se ha hecho famosa ahora por una simple escena de Juego de Tronos. La verdad es que me esperaba más. Es chula, y sabía que a ese hora estaría petada de gente, pero las fotos hacen demasiado honor al sitio. Le he quitado una estrella en mi clasificación particular. 

El puente colgante de Carrick-a-Ride es espectacular. No por el puente en sí, que no lo es mucho (ni por las 7 libras de entrada, que me parece una exageración), sino por el fantástico entorno en un día soleado. No me habría cansado nunca de seguir haciendo fotos. Luego nos hemos parado, así de casualidad en un pequeño puerto con dos casas mal contadas, Portbradden se llama. Allí hemos conseguido una tomas de drone de lo más espectacular.

Y luego el plato fuerte del día, la Calzada de los Gigantes. Al principio me he quedado un poco mustio, al ver el enorme complejo turístico de la entrada. Me lo imaginaba algo más… familiar en las fotos que llevo viendo toda la vida. Tras una agradable caminata de veinte minutos llegas a la calzada. Y no puedo decir otra cosa que ESPECTACULAR! Había mucha gente, eso sí. Pero es TAN grande, que puedes hacer fotos sin que se vean mucho, siempre que tengas paciencia y sepas encontrar el ángulo. Ha sido un gran momento, que ha borrado de un plumazo la mala impresión de la entrada. Y si de paso nos sale gratis gracias a la amabilidad de los moteros irlandeses, mejor que mejor!

Después, el Castillo de Dunluce, que ya con el sol algo bajo, no me ha parecido tan impresionante como pensaba. Yo le he quitado otra estrella. Y luego pitando para Derry. O Londonderry, dependiente que seas nacionalista o unionista. O católico o protestante. Y es que el tema independentista está aquí a flor de piel. Sobre todo hoy 12 de julio, día en que los de la Orden de Orange salen a la calle a reivindicar la pertenencia de Irlanda del Norte a la Gran Bretaña. Y alguna marcha hemos podido ver desde lejos. Hasta la señora del bed and breakfast nos ha dicho que hoy los restaurantes cierran más pronto porque la gente no suele salir esta noche por si hay altercados. «¿Entonces, es peligroso?», le he preguntado. «Hummmm… no, creo que no», ha dicho en un tono que no ha sonado muy convincente. Sea como fuere, hemos decidido no bajar a Derry y quedarnos a pocos kilómetros, a cenar lo poco que nos queda para completar la escasa y casi siempre idéntica carta de los restaurantes británo-irlandeses (que ya no sé cómo ser políticamente correcto).

Ale, buenas noches (o buenos días para la mayoría). Click.