Pues sí, después de hacer muchas filigranas planificando para no estar en Brno el día del Gran Premio, ahí nos ves, el mismo domingo de carreras, paseando por la ciudad. Pensaba que sería peor, por los atascos y tal. Pero no hemos visto un alma. Igual estaban todos en el circuito, pero en la ciudad quedaban cuatro gatos. También el hecho de que lloviera a cántaros no ayudaba a que hubiera mucho jolgorio por las calles. 


Si tengo que resumir -que no sé si tengo que hacerlo, pero me apetece porque hoy estoy especialmente cansado-, diría que casi ha sido un día de mierda. De esos que ves poca cosa y lo pasas mal. Y el “casi” lo he puesto porque en realidad ha habido algunos momentos en los que la cosa ha molado. Me voy a centrar en esos momentos, que creo que mola más.


El momento de ver aparecer el castillo de Bouzov entre la niebla ha molado. Llovía y las carreteras eran estrechas y penosas, pero ese momento ha sido guay. Aunque haya tenido que meter la moto en un barrizal para hacer la foto.

Y también han sido mágicos los momentos en los que las pequeñas carreteritas se metían en frondosos bosques de abetos. Era como meterse en un túnel sin iluminación. De eso no tengo foto, pero son de esos momentos que se quedan grabados en el hipocampo (porque sí, ya está bien de que intentéis grabar cosas en la retina: en la retina no se puede grabar nada). #momentomédicofriki. 

Y tras Brno, Mikulov. Otro pueblo con encanto pero que después de ver Oloumoc sin lluvia, creo que todos los demás pueblecitos de Moravia quedan algo deslucidos: tienen estructura similar: gran plaza rodeada de edificios de colores pastel y en medio un monolito dedicado a la Virgen o a algún otro personaje con aureola de santo.


Después de las mil venturas y desventuras de intentar comprar un adhesivo tanto en Brno (ni una tienda de souvenirs en el centro) como en Mikulov (tuvimos que comprar unos algo patéticos en la oficina de turismo), nos metimos en las autopistas austríacas para pasar la tormenta lo más cómodamente posible a 125 km/h. Ahora estamos en Linz, tras habernos saltado un par de puntos de interés, algunos de los cuales retomaremos seguramente mañana. Porque mañana será otro día. Buenas noches.