No tenía que haberle hecho caso al GPS. O al menos, tenía que haber puesto más atención ayer noche al introducir la ruta. Y es que cuando no conoces el terreno y depositas tu fe ciegamente en ese trasto, al menos tienes que haberlo preparado a conciencia. Porque se empeñó a meterme por un camino de cabras y yo le hice caso. Y además no tenía salida. Pero todo comenzó en Santander.
Me despido de Santander algo más tarde de lo previsto, y es que el cansancio comienza a hacer mella. Saliendo de la ciudad me llevo la sorpresa de ver, a lo lejos, los Picos de Europa nevados. Y es que era verano todas las veces que los he visitado, y por lo tanto es la primera vez que los veo blancos. La carretera que me lleva a Santillana y Comillas es una general con bastante tráfico en su primer tramo, saliendo de la ciudad, pero luego se convierte en una agradable ruta entre verdes campos y curvas amplias. No paro en ninguno de los dos vistosos pueblos, ya que tengo previsto hacerlo a la vuelta. 
Durante los primeros kilómetros de la ruta tengo una especie de bajón anímico. Y es que me duelen mucho los brazos! Sobre todo en la parte interna del codo. Esto hace que no esté disfrutando plenamente de la moto, y me hace pensar si vale la pena. Pero ayer me pasó lo mismo y en pocos minutos el dolor en los brazos fue desapareciendo, dando paso al dolor de culo y piernas. Por lo tanto, fuera tonterías y a continuar!
Es cerca de Santillana donde el GPS me indica que me desvíe por una carreterita y posteriormente por un camino de cabras, seguramente porque le introduje mal el punto ayer. La pista no tenía salida, y tuve que dar la vuelta, en un camino estrecho, con piedras y charcos y en pendiente. Procedo a bajarme de la moto y darle la vuelta a mano. Pero con la moto cargada es más difícil de lo que suponía, y acabo dejándola caer sobre un costado. Me quito el casco y los guantes, inmortalizo el suceso y la levanto con relativa facilidad -las maletas impiden que quede excesivamente tumbada-. Y tras acabar de darle la vuelta, desando el camino hasta la carretera nacional.
En Comillas me desvío hacia el sur, para encontrar Cabezón de la Sal. En Valle giro hacia el oeste por la carretera de Carmona. Estrecha, de montaña y con buen asfalto. El día continúa soleado y casi hace hasta calor; una gozada. Esta carretera me ha de llevar hasta La Hermida, donde comienza el famoso desfiladero con el mismo nombre. Pero en Puentenansa -a medio camino- un cartel anuncia que está cortada a pocos kilómetros de La Hermida. Reprogramo la ruta, que me llevará por un valle paralelo hasta la carretera de La Hermida.
Una vez allí, me dispongo a hacer los 30 kilómetros de desfiladero que me llevará hasta Potes. Preciosa carretera, con el río Deva acompañándola en el reducido espacio que queda entre las imponentes montañas. Poco tráfico, pero el que hay fue fácilmente adelantable ya que hay bastantes lugares para hacerlo. Una parada en la ermita de Santa María de Lebeña, que está cerrada ya a esas horas y continúo. Atravieso Potes ya a la hora de comer y me dirijo a Fuente De, ya que a medio camino se encuentra la Posada del Oso, lugar que me han recomendado para comer. 
Un calórico cocido lebaniego y un enorme entrecot al queso de Tresviso. Impresionante. Y no pude más que regarlo con un Viña Tondonia. Y rematarlo con un arroz con leche casero. Y es que un día es un día. Era la guinda perfecta a un día de moto casi perfecto. Al salir del restaurante me encuentro con que el día soleado que dejé tras la puerta, lo han cambiado por una lluvia intensa y más sensación de frío. Después de la lluvia y el viento de ayer, como que me da igual.
Continúo hacia Fuente De, admiro durante algunos minutos las imponentes montañas y reculo por la misma carretera hasta Potes, pasando previamente a visitar el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, que alberga en su interior uno de los miles de lignum crucis -madera de la cruz de Jesucristo- que se encuentran repartidos por todo el mundo. Si los juntáramos todos no solamente saldría una cruz, sino que con lo que sobra se podría construir un puente.
Me desvío hacia Portilla de la Reina, carretera que rodea por la parte sur todo el macizo de los Picos de Europa. Continúa lloviendo, la carretera es estrecha y el asfalto deja mucho que desear, con profundos desconchones y parches de asfalto. Asciendo hasta los 1.600 metros y la lluvia se convierte en agua nieve y posteriormente en nieve hecha y derecha. La temperatura ha bajado hasta los -1ºC, el suelo está mojado, estoy rodeado de nieve -incluso comienza a cuajar en mi chaqueta- y empiezo a temer por la formación de hielo. Con muchísima prudencia voy hilando las curvas esperando el descenso. En Portilla de la Reina tenía previsto coger una carretera en dirección norte hasta Caín, pequeño pueblo incrustado en medio de los macizos montañosos. Pero la climatología no me augura un buen futuro si intento llegar hasta allí, así que de una manera sensata me decido por seguir hasta León.
Repostaje en Riaño, con la nieve pisándome los talones. Rodeo el pantano, paso por encima de la presa y la carretera, esta vez con muy buen asfalto, serpentea jugueteando con el río Esla y sus hoces. Ahora está a la derecha, y luego está a la izquierda. La carretera continúa finalmente hasta León, en medio de un tráfico intenso. Ha dejado de llover, y puedo ver las torres asimétricas de la Catedral bañadas por el sol. Pero eso lo dejaremos para mañana. 
La ruta de hoy la podéis ver en Google Earth. Bájatela aquí.

DATOS DE LA RUTA:
361km
6h19m en movimiento
Velocidad media: 57km/h
Consumo medio: 4,4 l/100km