Existen dos tipos de auténticos moteros: los que han ido a Cabo Norte, y los que lo harán alguna vez. Yo ya pertenezco al primer grupo. Y así ha sido:

El día comenzó pronto, ya que tenía que retirar la moto antes de las 8 de la mañana de donde la tenía aparcada. No quería acumular más multas de estacionamiento. Sorprendentemente, a las 7:55h la moto estaba completamente sola, como estorbando en una calle de escaso tráfico. No había ni un triste coche acompañándola. Me cercioré que no tuviera ningún otro papelito amarillo e inicié la ruta desandando los 80 kilómetros finales del día anterior, pero con una niebla que nacía del fiordo, aunque por encima de ella se podían adivinar los cielos despejados. Hoy será un buen día.

Cuando llevaba unos 200 kilómetros, me adelantaron como una exhalación tres moteros italianos, una R1200GS, una Diversion 900 (creo) y una Varadero. Me uní a ellos sin pestañear y seguí su ritmo, que excedía en 20 o 30 km/h el límite de velocidad. Yo seguía preocupado por los radares y los renos, y después de 10 o 20 divertidos kilómetros a su rueda, cuando ví que también cruzaban las poblaciones a esa velocidad, decidí volver a mi ritmo algo más legal.

Comenzaba a hacer calor. Pero calor de verdad. Llegué a ver los 22ºC en el termómetro de la moto! Es aquí donde el traje Streetguard 3 de BMW, con su membrana climática comenzaron a trabajar. Nada de calor! Y nada de frío después, cuando en algún larguísimo túnel rocé los 7ºC.

Además de en determinadas gasolineras, existen baños en muchas de las frecuentes áreas de descanso de las carreteras noruegas. Una simple caseta de madera los aloja. Pero cuidado al entrar. Bajo un módulo de plástico con forma de water se esconde el más nauseabundo agujero que he visto -y olido- en mi vida. Por lo tanto, los baños son solo para usarlos en caso de extrema necesidad.

Era la hora de la comida, así que saqué el pan de molde y el salami y dí buena cuenta de ambos. Cuando ya recogía, se me acercó una amable señora alemana que había bajado de un autocar, y me ofreció un plato de sopa caliente. Entre el calor que hacía y que ya había comido, lo que menos me apetecía era sopa caliente. Cualquier otro día de este viaje lo hubiera aceptado encantado, pero hoy… Así que se lo agradecí, y me excusé. Pero la señora insistía, y hasta me cogía del brazo para que me reuniera con el resto de la expedición de jubilautas germanos.

– No gracias. He de irme, que si no, no llegaré a tiempo a Cabo Norte.- le dije.

– Ah! vas a Cabo Norte? Pues te queda un buen trecho! Nosotros venimos de allí! Ten mucho cuidado con los renos! Está plagado!

Y yo me quedé pensativo. Hace unos 5000 kilómetros que veo casi continuamente señales de precaución por los dichosos renos. De hecho, hay dos tipos de señales, unas que son renos, y otras que parecen alces, pero no había visto ni uno ni otro en todo este tiempo. Cuando te pasas tantas horas solo en la moto, tienes tiempo de pensar. Y mi teoría sobre los renos es que no existen. Ni uno. Desde hace años se extinguieron. Pero claro, es un atractivo turístico tan grande para el gobierno noruego que lo han tenido en secreto durante todo este tiempo. Y estaba seguro que cuando llegara a Cabo Norte estaría esperándome un agente del Gobierno que me daría 500 coronas para que guardara el secreto, así como unas cuantas fotos y videos en un pendrive para enseñar a los amigos. Así lo venían haciendo con todos los turistas desde hace más de 10 años. Seguro.

Así que lo que pensaba era cuánto tenía que haber pagado el agente estatal para sobornar a todo ese autocar alemán. Un pastón. Con esas reflexiones seguí ruta hacia el norte. El objetivo del viaje estaba a punto de hacerse realidad. En unas horas podría tocar “la bola” de Cabo Norte!

Y entonces los ví. Decenas de ellos. Salieron de la izquierda, sin avisar. Cruzaron la carretera y se pusieron a andar justo delante mío. Grandes, pequeños, marrones e incluso alguno blanco. Con sus enormes cornamentas aterciopeladas. Toda una auténtica manada de renos!! A partir de entonces mis ojos estuvieron más atentos a los arcenes y menos al GPS. Un segundo de despiste podría suponer un serio encontronazo con un reno. Es por ello que la mayoría de camiones con los que me crucé llevaban unas enormes rejillas paragolpes en su frontal. La teoría del secreto gubernamental sobre los renos se iba desmoronando curva a curva. Ahora un reno, ahora son dos… ahora una manada completa…

Y finalmente… Nordkapp. N71º10’21”. La carretera transitaba ya por la tundra, rala y sin árboles. Con verdes praderas donde los renos seguían pastando a sus anchas. Tras pagar la -cara- entrada, dejé la moto en el parking, mirando de reojo cómo llegaban los veloces italianos de esta mañana -¿dónde les habré adelantado?-. Y tras pasar el edificio del complejo turístico la ví. La bola. Enorme, más grande de lo que imaginaba. Entonces, un acúmulo de sensaciones y emociones me inundaron el pensamiento. 8000 kilómetros, 5 meses de preparación, horas y horas de ilusiones, amigos, familiares,… todo eso había sido metido en una coctelera y tras agitar había salido esa bola. Mágica…

Estuve varias horas en el recinto. Tras explorarlo concienzudamente, incluida la tienda de souvenirs y el magnífico documental en el cine panorámico -muy recomendable-, volvía irremediablemente con la bola, con “mi” bola… Tenía tal magnetismo que me arrastraba constantemente a su lado, como si no quisiera separarme de ella.

Y seguía pensando… Gente a la que quiero me dijo que había elegido un punto en el mapa, había clavado una chincheta en él y que había conseguido cumplir lo soñado. Nada más acertado. Clavé la chincheta y ésta se convirtió en bola. Y allí estaba yo, a su lado. Si algo he aprendido en este viaje es que el ser humano tiene capacidad de conseguir todo lo que se proponga. Y que independientemente de que lo consiga o no, la grandeza está en intentarlo.

Hoy es un gran día, así que haremos una fiesta. Aquí tenéis la galería de fotos de Nordkapp:

Y el vídeo:


Nordkapp N71º10'21"
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Hoy he recorrido 663 kilómetros en 8 horas y 4 minutos, a una media de 82 km/h. El consumo ha sido de 4,5 l/100km. Llevamos recorridos 8037 kilómetros y… ESTAMOS EN CABO NORTE!!

PD: Nunca sabréis si me encontré al agente del Gobierno noruego en Cabo Norte… No me hagáis hablar… cambiemos de tema. Aquí tenéis la ruta del día:

The Long Way North. Day 14


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