La vida es un álbum de recuerdos lleno de contrastes. Como el de hoy. Hoy hemos recorrido de un extremo a otro desde lo más mísero de la humanidad hasta paisajes prácticamente celestiales. Desde el horror del campo de concentración de Mauthausen hasta la belleza plácida de pueblecitos como Hallstatt. De 0 a 100 en poco menos de 140 kilómetros.


La llegada a Mauthausen se hace por una carreterita estrecha y empinada. Al alcanzar el final de la colina te topas de frente con la mole gris de sus paredes y sus torres de vigilancia. Después de haber visto Auschwitz, pensaba que esta vez iba a dejar las emociones en el parking, junto a las motos. Pero no ha podido ser. De hecho, no debía ser. Pasear por los barracones, la cámara de gas o el crematorio, la tristemente famosa escalera de la muerte o pasar los dedos suavemente por los miles de nombres allí escritos… Miles de vidas truncadas sin motivo. Y muchas (pero muchas muchas) con apellidos conocidos. Porque al contrario que en Auschwitz fueron muchos los compatriotas que allí terminaron sus días. Y eso te toca.

Pero afortunadamente el día ha dado mucho más de sí. Dejamos atrás (sin olvidar, eso sí) los horrores de Mauthausen para adentrarnos en las verdes colinas y frondosos bosques de las primeras estribaciones alpinas. A pesar de que el cielo está bastante gris, la hierba refulge inundándolo todo con ese verde casi fluorescente. Vamos dando un rodeo disfrutando de los paisajes hasta llegar a, según dicen muchas listas, el pueblo más bonito de Europa.


Hallstatt es simplemente precioso. Cuidadísimas callejuelas a pie de lago, con paredes montañosas repletas de abetos que lo rodean. Absolutamente pintoresco. Las fotos que había visto en decenas de posts  le hacen justicia. No sabría decirte si es el más bonito de Europa (de hecho, resulta algo absurdo clasificar la belleza), pero sí estaría entre mis top 5. A pesar de los japoneses.


Si ya he visto Reine en Noruega (tres veces) y Hallstatt en Austria, prácticamente según internet no me queda nada más bonito que ver en Europa. Así que una de dos: o ampliamos fronteras en próximos viajes o le quitamos la razón a Google e intentamos que el mundo se entere que la belleza la podemos encontrar en infinidad de lugares, muchas veces muy cerquita de casa. Seguiremos buscándola cada fin de semana. 
Y hoy dormimos en Salzburgo. La vuelta que hemos dado esta noche por el centro nos ha hecho cambiar los planes y mañana saldremos algo más tarde a la carretera: apetece ver y fotografiar la ciudad de día. Y ya luego nos metemos en los Alpes y a ver si escribimos con un tono algo más simpático. Porque qué quieres, hoy no me salía escribir de otra manera.