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La aventura de cada fin de semana

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LaRutaDelMimbre por Dr_Jaus

Aunque los grandes viajes son los más deseados, las pequeñas perlas que te encuentras en el camino de la vida los fines de semana son el combustible necesario para poder afrontar con ilusión los días de trabajo. Albarracín, las hoces de Beteta, Cuenca y la ruta del mimbre fueron los escogidos para ese frío fin de semana de febrero. Carretera en buena compañía, relax, buenos manjares y mejores sonrisas. Corta pero intensa. Aquí tenéis un pequeño vídeo que a ciencia cierta sabrá a poco.

 

Una pequeña pincelada de lo que vivimos ese fin de semana en la Serranía de Cuenca. Personalmente, me encanta llevar un cámara que permita sacar planos como éstos. Gracias, Belén!


Mirando a Cuenca por Dr_Jaus

Después de redescubrir Soria hace unos meses, busqué con casi desespero otro lugar para explorar, a una distancia razonable de casa como para ir y volver en un fin de semana. Y el lugar elegido fue Cuenca. Mi ansia por haceros llegar mis experiencias lo más fiel y puntualmente posible pasaba esta vez por twittear todo el viaje (en la medida de lo posible), así que esta vez mis dedos han estado más pegados al móvil, twitteando y 4squareando todo lo que hacía.

@DrJaus: En unos minutos comienza mi ruta motera a Cuenca. Cielos grises en BCN. Huele a lluvia. #rutaacuenca #BMW #R1200GS.

Y es que la previsión meteorológica no auguraba un buen fin de semana. Los cielos habían comenzado a oscurecerse hacía horas en Barcelona, y lo peor estaba aún por llegar.

@DrJaus: Parada a la media horita para repostar. Ahora, del tirón hasta Zaragoza. #BMW #R1200GS #rutaacuenca.

Un repostaje en la gasolinera de El Bruc, como tantas y tantas veces en otras rutas, es el pistoletazo de salida a los más de 1200km que me esperaban. La A-2, ya casi tan conocida como el pasillo de casa, serviría para saborear nuevamente el placer dulce y meloso de las rutas en moto. Esta vez probaría algo distinto, no me metería por la autopista en Soses, sin que seguiría por la carretera, algo que hacía años que no probaba. Afloraban imágenes desde lo más profundo de mi recuerdo… Los Monegros, Peñalba,… Pequeños pueblos iban sucediéndose kilómetro tras kilómetro de manera mucho más agradable que por la insulsa autopista.

@DrJaus: En Peñalba. Carretera nacional. Divertido adelantar camiones, aunque el viento hace que haya que estar atento. #BMW #R1200GS #rutaacuenca.

Y finalmente, Zaragoza. Final de etapa por hoy. Punto de inicio de otras rutas, y punto y seguido en ésta. Estaba más cansado de lo habitual, posiblemente debido al viento, que golpeaba con fuerza desde el sur, desplazando la gran tormenta que ya había descargado en tierras andaluzas. Si mis previsiones se cumplían, el frente nuboso pasaría Zaragoza por la noche, dejándonos el sábado algo más sereno de lo inicialmente previsto.

@DrJaus: Primera etapa concluida. Zaragoza. Mucho viento y algo cansado, más de lo que me gustaría. Hay que entrenar más. #BMW #R1200GS #rutaacuenca.

Y así fue. Noche pasada por agua, que arreciaba con fuerza sobre el tejado, dejando una mañana aún lluviosa pero con visos de mejorar.

@DrJaus: Tras una noche de tapas, copas y repiqueteos de lluvia en el tejado, toca levantarse y comenzar la #rutaacuenca. Llueve. #BMW #R1200GS.

@DrJaus: El pronóstico es bueno. En pocos km al sur dejará de llover. #rutaacuenca http://yfrog.com/h3v4xrdj

@DrJaus: Con dos horas y media de retraso… pero comenzamos ruta!! #BMW #R1200GS #rutaacuenca.

Y se cumplieron las previsiones. En pocos minutos, aún por la autovía Mudéjar, camino de Cariñena, dejó de llover. El problema se centraba ahora en la gasolina. Desde que salimos de Zaragoza no había visto ninguna señal anunciando la estación de servicio que tanto necesitaba. Como hacía escasas dos semanas, volviendo de Carcassonne, el ordenador de la BMW marcó la fatídica cuenta atrás. 3… 2… 1… Y las tres rayitas indicando que no podía calcular cuantos kilómetros de autonomía quedaban, volvieron a aparecer.

@DrJaus: Nuevamente me he quedado a 0km de rango de gasolina. Ya repostando. #BMW #R1200GS #rutaacuenca.

Una vez hecho el repostaje, proseguimos nuestro camino hacia el sur, envueltos en una niebla que nos acompañó durante la travesía por el Puerto de la Paniza, con unas curvas coquetas y orgullosas, y un asfalto que acusaba ya los achaques de la edad, haciendo trabajar de lo lindo a las suspensiones de la BMW. Al llegar a Daroca, nos dimos el primer respiro para contemplar las sorpresas que depara la población al viajero que allí se detiene. Sus iglesias, su calle principal plagada de comercios sacados de otra época, y por qué no, sus maravillosas bravas nos ayudaron a reponer fuerzas y ánimos.

Campos de tierra roja se iban sucediendo a un lado y otro del asfalto. Una tierra roja casi africana, donde comenzaban a despuntar tímidos toques de verde, presagiando la primavera y una nueva cosecha en el ondulado horizonte, salpicado aquí y allá por redondas encinas y floridos almendros desperdigados sin orden ni concierto alguno.

Y así llegamos a Molina de Aragón, que ni tiene molinos, ni está ya en Aragón. Como no podía ser de otra forma, la información digital de mi Garmin y la analógica de mi rutómetro casero no coincidieron por primera vez en la ruta. Me decanté por las indicaciones rancias del roadbook elaborado días antes con amor y cariño, equivocándome de manera casi consentida, buscando nuevos horizontes rojizos y paisajes por descubrir a cada kilómetro que me separaba de la buena ruta. A pesar de ello, nos íbamos acercando al nacimiento del Río Cuervo mientras la nieve nos observaba, aburrida y esperando el deshielo, a ambos lados de la carretera. Una parada junto a un bosque, cuatro fotos y un estirar las piernas. Eso y nada más nos acompañaba en una encrucijada inventada en la nada, a pocos kilómetros del Río Cuervo y a otros tantos de Solan de Cabras. Nada más excepto el silencio, tanto silencio que dolía.

El Nacimiento del Río Cuervo nos explotó en la cara. Cuando no esperas mucho y encuentras todo pasan esas cosas. Cientos de pequeños manantiales caían entre las ramas y el musgo, rompiendo aquí y allá en brillantes hilos de agua entre la vegetación, formando un pequeño lago de un verde esmeralda que haría palidecer la mejor de las joyas. Paz. Naturaleza. Una nueva sonrisa vital apareció en mi semblante, haciéndome recordar que para mí, como supongo para la mayoría de los viajeros, estas pequeñas perlas inesperadas son el alimento de los pesares y penurias de la ruta. Recordé otros viajes casi masoquistas, donde la recompensa estuvo siempre acorde con el sacrificio realizado en la ruta. Para rubricar estos pensamientos casi de exaltación teresiana, un rayo de sol lo inundó todo, haciendo más bellos si cabe este tesoro escondido.

Seguimos la ruta por carreteras secundarias, perdidas entre pequeñas localidades, descubriendo rincones anónimos, pequeños secretos que solamente conocen los lugareños, hasta llegar al Ventano del Diablo, ya cerca de la capital conquense. A ritmo del reguetón que vomitaba el Astra tuneado del pequeño parking, comenzamos a percibir que las expectativas sobre dicho ventano no iban a ser cumplidas. Un pequeño lugar, suspendido a una considerable altura, formado por varios arcos de roca que cuesta creer sean naturales, no ofrecían las vistas que yo imaginaba. Quizá el reguetón que seguía de fondo tenía algo que ver.

Reculamos unos pocos kilómetros para visitar la Ciudad Encantada. Hacía años (más de 25) que no paseaba por esas formaciones rocosas caprichosas -kársticas con “k”, me dijeron- que esta vez me resultaron ciertamente rancias. Carteles pintados a mano por manos poco hábiles iban explicando lo que una mente supuestamente imaginativa había visto en las rocas. “Amantes de Teruel” o “Lucha entre elefante y cocodrilo” eran algunas de las visiones en las que debías tener fe. Casi con el ocaso cortándonos la retirada, huimos hacia la ciudad, por una agradable carretera que mostraba los últimos rayos de sol en lo alto de sus montes.

Y así llegamos a Cuenca, donde ya las casas colgadas anónimas -no las famosas- se encargaron de darnos la bienvenida, como el aperitivo suculento que luego deja pobre el plato principal. Una primera visita al hotel, cambio de indumentaria y saldríamos a cenar. La bodeguilla de Basilio, fuertemente recomendada para cenar, se nos resistió nuestra primera embestida. Creo que toda la ciudad se encontraba dentro, intentando degustar esas famosas tapas en un ambiente más parecido a un autobús en hora punta que a un local donde disfrutar de la cena. Así que desafortunadamente para nosotros, tuvimos que cenar en otro lugar, no tan famoso, no tan suculento, pero igual de rancio como lo fue la Ciudad Encantada.

@DrJaus: Ya en el hotel. He de pedir la clave del wifi. Poniendo en orden los apuntes para hacer la entrada del blog y luego a cenar. #rutaacuenca.

@DrJaus: Cuenca amanece completamente escondida tras la niebla. Y hoy toca retratarla convenientemente. Esperemos que disipe pronto. #rutaacuenca.

Y vaya si disipó la niebla. En cuanto pasé la mano por el cristal y comprobé que lo que en un primer momento parecía niebla, no era más que el vaho acumulado en la ventana, que se encontraba justo encima del radiador de la habitación. Un agradable paseo por Cuenca, ahora con sol, ahora nublado, nos descubrió las Casas Colgadas y su puente, la Catedral con su curiosa y única fachada, y un educadísimo gitano armado con una guitarra que bordaba, más que cantaba, una versión aflamencada del Mammy Blue al estilo de José Mercé. Fue corto, pero intenso.

Dejamos la ciudad rumbo a la Hoz de Beteta, un cañón poco conocido que nos retornaría primero a Guadalajara y después a Aragón por la llamada “Ruta del Mimbre”. El cañón no creo que merezca excesiva atención ni por sus curvas ni por su angostura, aunque nos ofreció bellas imágenes para recordar. Pero la desconocida ruta del mimbre nos cautivó. Pequeños pueblos como Priego, Cañamares o Cañizares presentaban a su alrededor curiosos campos plagados de altos y elegantes arbustos que comenzaban en un color verde intenso para acabar en un llamativo rojo anaranjado, en penachos perfectamente ordenados. El mimbre estaba en su momento de más esplendor, y muchos de esos campos ya lo mostraban recogido y apilado en coloristas pirámides casi surrealistas. Otro de esos secretos bien guardados y misteriosos que hacen que viajar sea esa experiencia tan placentera y adictiva.

Volvimos a Molina de Aragón con su castillo y sus tres torres gemelas que presiden el pueblo. Allí, y guiándonos por el instinto y por sendos coches de la Guardia Civil -que como los camioneros generalmente no se equivocan en la elección de los bares de carretera- degustamos una suerte de tapas, a cuál más apetecible, sobre todo cuando el hambre comienza a hacerte mella.

@DrJaus: En Zaragoza. Primera parte del retorno concluido. La #BMW se porta fenomenal. #rutaacuenca.

Y como viene siendo habitual, pequeño parón en Zaragoza para descansar, y luego vuelta a recorrer la A-2 camino de casa, ya cansado pero con el alma saciada de hambre de viaje, gracias a esa suerte de perlas que, como de manera invariable pasa en ruta, te vas encontrando por el camino, sea donde sea que se viaje.

@DrJaus: Retornando a casa. Palazo a estas horas, pero es lo que hay. 3 horitas más de #BMW #R1200GS #rutaacuenca.

@DrJaus: En Terrassa, después de 1200km. Los últimos 14, todo de curvas, ha sido una delicia. La guinda del pastel. #BMW #R1200GS #rutaacuenca.

Este fin de semana hemos recorrido 1282 kilómetros en 13 horas y 49 minutos, a una media de 93km/h. El consumo total ha sido de 5,7 l/100 km. Como viene siendo habitual, la ruta la tenéis aquí:

Mirando a Cuenca


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