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La aventura de cada fin de semana

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Y llegamos a una de mis provincias favoritas. Burgos es un pozo sin fondo de poblaciones, paisajes y arquitectura por conocer. Riquísima en todo. Por más que planifique fines de semanas recorriendo sus carreteras, nunca me dejan de sorprender los lugares ya conocidos y siempre descubro alguno que aún estaba sin conocer. Comencemos por la capital, Burgos:

IMG_0287De pequeño sentía una admiración infinita por dos lugares de la península, y uno de ellos era la Catedral de Burgos. Estrecha si la comparamos con otras joyas del gótico, pero elegante hasta el infinito. Sus intrincados arbotantes, agujas, arcos, etc. hace que valga la pena rodearla en toda su extensión, ya que por todos sus flancos nos sorprenderá. Su interior no desmerece en absoluto, con la elegancia propia del gótico y un claustro que bien merece pagar la entrada.

_SMR1207.NEFOtro de los lugares emblemáticos de la ciudad, vista a ojos de un niño, era la imponente estatua del Cid Campeador, cuya capa vuela al viento mientras cabalga a Babieca y blande su espada Tizona. Pero vamos, que igual este es una recomendación más sentimental que turística. Otros lugares de la ciudad pueden ser más interesantes, como la Casa del Cordón, el Arco de Santa María, el Museo de la Evolución Humana o ya más en las afueras pero aún en la ribera del Arlanzón, la Cartuja de Miraflores.

Y ya que estamos en la ciudad, hablemos de comer y dormir. Nosotros lo tenemos claro: siempre vamos al Hotel Silken Gran Teatro, un cuatro **** a unos precios supercompetitivos y muy cerquita del centro. Y si de comer se trata, el Restaurante Puerta Real, la Cantina del Tenorio (cuidado que creo que lo han cerrado), María Castaña, Restaurante La Favorita o Casa Pancho. Cualquiera de ellos no defrauda, tanto para cenas como para tapear.

Con la província de Burgos tampoco daremos a basto: justo en la frontera con el País Vasco tenemos el salto del Nervión, la caída de agua más alta de toda la península con sus 222 metros de altura. Ojo que depende de la estación del año nos lo encontraremos seco, como ya nos ha pasado a nosotros.

IMG_3130Otros lugares de interés son el Monasterio de Santo Domingo de Silos, una joya del románico del que no te puedes perder su claustro con su famoso ciprés, la villa de Covarrubias, con sus espectaculares casas con las vigas vistas, la colegiata de San Cosme y San Damián, la enigmática estatua de una princesa noruega o el torreón gótico de Fernán González. Cerca de allí, el monasterio en ruinas de San Pedro de Arlanza, que como todos los monasterios en ruinas es siempre muy interesante y fotogénico. Aunque no es el único que veremos en la provincia.

IMG_0091Ya de paso no estaría mal visitar Salas de los Infantes y su iglesia de Santa María, o los curiosos árboles fósiles de Hacinas. Pero si de paisajes se trata, me quedo con Orbaneja del Castillo y su cascada en medio del pueblo, a la vera de las hoces del Ebro y de sus formaciones cársticas que recuerdan a dos camellos besándose. Lerma es mucho más señorial, con el palacio convertido en parador, la Iglesia de la Ascensión o sobre todo la Colegiata de San Pedro. Una visita que no puedes perderte.

Pero si alguna zona de Burgos es mi favorita, son las Merindades. Su nombre ya destila a señorío, a medievo y caballería. Y allí tenemos infinidad de zonas de IMG_0607interés. Comenzando por Frías, quizá uno de los pueblos más bonitos de España, con su puente romano sobre el Ebro y su castillo encaramado en difícil equilibrio. Cerca, en Tobera,  se encuentra una pequeña pero coqueta ermita que también recomiendo. San Pantaleón de Losa es quizá uno de los lugares más pintorescos, con su ermita encaramada en una espectacular pradera encaramada a un risco. Espinosa de los MonterosMedina de Pomar, con su Alcázar de los Contestables y su calle Mayor donde encontrarás buenos bares para tomar una tapa o la tienda de ropa Viste.t  que regenta nuestra amiga Silvia.

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IMG_0541Uno de los lugares más mágicos de las Merindades es Ojo Guareña, donde podemos admirar la ermita de San Bernabé encastrada en las cuevas de origen cárstico del lugar. O Puentedey, donde el pueblo reposa sobre un puente de roca natural sobre el río Nela. En IMG_0542Sargentes de la Lora tendremos oportunidad de ver funcionando los únicos pozos de petróleo a bombeo de nuestro país. Como si fuera Texas. Y la ermita románica y muy elegante de San Pedro de Tejada, en Quintana de Valdivielso. O por último (para no extenderme más) el monasterio en ruinas (ya os dije que habría otro) de Santa María de Rioseco, que no os dejará indiferentes.

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A la zona de las Merindades hemos ido no menos de tres veces, pero aún tengo cosas apuntadas por ver, como el Valle de Valdivielso, con los cuchillos de Panizares o la cascada de Tartalés. Así que tenemos motivos suficientes para volver.

En definitiva, Burgos es una de mis provincias fetiche, del que me encanta su arquitectura, sus paisajes y su morcilla. Puede que no sea objetivo, pero… ¿quién lo es con las emociones? Y es que Burgos… emociona.IMG_0532

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Mirar el mapa y no encontrar huecos entre las zonas ya visitadas te causa una sensación de triunfo y frustración a partes iguales. Triunfo por haber visitado ya prácticamente todas las zonas que quedan en el radio de acción que te proporciona un fin de semana. Frustración por no tener mucha idea de dónde ir en el próximo. Es cierto que la mayoría de veces no exploramos la zona en profundidad, sino que solo pasamos de puntillas, pero el ansia de descubrir nuevos parajes me puede. Había leído cosas sobre el Canal de Castilla, gran obra de ingeniería del s. XVIII que servía como vía fluvial de comunicación, salvando con espectaculares esclusas los desniveles de terreno en diversos puntos. Suficientemente atractivo para mí. Pero si lo completamos con la conocida ruta de los pantanos en el norte de la provincia, no había nada más que pensar: ese fin de semana recorreríamos La Ruta Palentina.

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La tantas y tantas veces recorrida autovía de Zaragoza había cambiado sus ropajes. Los campos de cereales, algunas veces verdes y otras doradas cedieron el protagonismo a los almendros en flor. Pequeñas notas de un elegante blanco que difunden un atisbo de la alegría que proporcionará la ya cercana primavera. Esos topos blanco se transformaron, en las cercanías de Lleida, en un impresionante manto rosáceo que lo inundó todo. Los campos frutales estaba en su máximo esplendor!

Una pequeña pausa en Zaragoza, y enfilamos, -ya con Belén- la autopista de Logroño para no llegar excesivamente tarde a Burgos. La noche comenzaba a hacerse fuerte, mientras el viento bandeaba los más de 300kg de la BMW de lado a lado. Una franja de negros nubarrones nos amenazaba desde arriba, pero me seguía preocupando -y mucho- las ráfagas de viento que atacaban desde barlovento. Inclinar la moto, pegarme a los matorrales de la mediana,… Ninguna estrategia fue efectiva para librarnos del viento. Así que apreté los dientes y las manos en el manillar e intentamos capear el temporal. Al final, el viento se tornó lluvia y las temperaturas gélidas nos acompañaron hasta Burgos, 650 kilómetros después de la salida.

Un día gris y frío amaneció en Burgos. Pero el día sería radiante a pesar del hombre del tiempo. Comenzamos con la magnífica carretera N-623, que sale hacia el norte, buscando el Cantábrico. Afortunadamente la A-67, su hermana pequeña, es una autovía, lo que deja a esta nacional venida a menos, un tráfico prácticamente nulo. Tiene un asfalto no en excesivo buen estado, pero lo bastante para ir cómodamente con la GS. En Escalona nos desviamos por una pequeña carreterita local que discurre junto a un incipiente río Ebro casi en pañales, pero con la suficiente bravura como para formar las magníficas hoces que culminan en la maravillosa localidad de Orbaneja del Castillo. Almenas imposibles cortan su horizonte, de ahí si nombre. Y es que los riscos de caprichosas formas -habías visto antes a dos camellos besándose?- coronan al puñado de casas que rodean la interesante cascada que fluye hasta la misma carretera. Desde luego un acierto planificar por aquí la ruta.

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Seguimos el curso del Ebro hacia el oeste por una carretera ya bastante más bacheada pero muy divertida, tanto por su trazado como por su paisaje, aún cerca del serpenteante río y a caballo entre Cantabria, Burgos y Palencia . Finalmente llegamos a Aguilar de Campoo, donde se inicia la conocida y recomendable Ruta de los Pantanos, en el Parque Natural de Fuentes Carrionas donde, bordeando los semisecos pantanos has de esquivar miles de boñigas de las vacas de grandes cuernos que, junto con los caballos, pacen tranquilamente tanto a los lados como en plena carretera. Mientras, el sol iba saliendo tímidamente a retazos entre la grises nubes y las nevadas montañas palentinas, vecinas de los cercanos Picos de Europa.

20120321-112531.jpgDespués de visitar alguna que otra iglesia románica del norte de la provincia, nos acercamos a Frómista para ver esa Después de visitar alguna que otra iglesia románica del norte de la provincia, nos acercamos a Frómista para ver esa obsoleta maravilla de la ingeniería española que son las exclusas del Canal de Castilla. A pesar de llevar poca agua, los saltos entre los diversos niveles rodeados por paredes ojivales de un tono rojizo, le daban magia al lugar. El relajante sonido del agua, el sol escondiéndose en el horizonte, el olor a tierra húmeda… todo ese encanto hacía que el viaje hasta allí hubiera valido la pena. De camino a Ribas de Campos, ya cerca de la capital, comenzó a llover tímidamente, mientras que el sol seguía iluminando con sus, últimos rayos, inventando un tímido arco iris que dio el broche de oro a los 400 kilómetros de ruta.

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La mañana del domingo amaneció soleada, aunque con pocas ganas de regresar. Aranda de Duero y las tierras vinícolas de la Ribera del Duero nos subieron el ánimo mientras observábamos las enormes extensiones de viñedos que nos rodeaban. Las ya conocidas poblaciones de San Esteban de Gormaz y Burgo de Osma nos vieron pasar buscando otra parada en Almazán y su plaza mayor, para tomar un aperitivo a base de pinchos y hacer menos duro el regreso a Zaragoza y Barcelona. Mientras, allá en lo alto las cigüeñas comienzan a poblar nuestros cielos, a volar pesadamente a nuestro lado, o a mirarnos curiosas desde sus grandes nidos colocados en un equilibrio imposible. La primavera comienza a inundarlo todo con su fragancia fresca. Y como cada año, yo me dejaré conquistar por sus encantos, esos que alimentan mis ansias de aventura.

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Burgos me despierta con el repiqueteo de las gotas de lluvia en la ventana de mi habitación. No me importa. Hoy es el regreso, y no tengo previsto hacer turismo. En lugar de volver por el camino más directo, haré alguna carretera de montaña que me acercará a la provincia de Soria, y una vez allí ya cogeré vías rápidas para llegar a casa lo antes posible.
Tengo el GPS programado para que no utilice ni autovías ni autopistas, ni tampoco pistas no asfaltadas. No quiero sorpresas, pero a pesar de esto, suelo tenerlas -bueno, la aventura es la aventura, no?-. Salgo de Burgos a las 10.30 de la mañana, y por culpa de esas sorpresas sigo en Burgos a las 11. La ruta parecía fácil: salir de la ciudad por la carretera de Logroño, y luego desviarse hacia Pineda de la Sierra por el Embalse de Arlanzón. El afán de mi Garmin por hacer que recorra menos kilómetros hace que me desvíe por carreteras secundarias que me acercarían -en teoría- a dicho embalse. Pero lo que no sabe el aparatejo que alguna de las carreteras secundarias que pretendía que recorriera estuvieran reposando debajo del lecho de un río. Aparte de que de asfaltada solamente tenía algún parche, la carretera desaparece bajo el agua a pocos metros de mis narices, mientras dos caballos que pastaban por la zona me miran sorprendidos. No hay alternativas posibles. Lo mejor es dar la vuelta, retornar a Burgos y seguir “a mano” las indicaciones de la N-120 hacia Logroño. 
Una vez en el camino correcto me arrepiento de pensar que me daba igual que lloviera. Los primeros tramos de la ruta, desde Villorobe hasta Salas de los Infantes son de un asfalto pésimo. Parches, socavones, gravilla… y además lloviendo! Menos mal que -aunque con dos armarios roperos colgando- llevo una trail. La suspensión trasera con más precarga de lo normal y el desequilibrado reparto de pesos hacen que tenga la sensación de que la rueda delantera esté casi flotando. Y es una sensación que no transmite ninguna confianza al negociar las curvas con este asfalto. Aprieto los dientes y voy avanzando bache a bache, socavón a socavón. Puede empeorar algo más? Claro que sí!. Echo un vistazo al termómetro de la BMW y veo un 2.5ºC parpadeando; peligro de hielo. Pues con el asfalto -por llamarle de alguna manera- empapado y con la lluvia que cae, tengo todas las papeletas para coger placas de hielo. Cualquier charco del asfalto -y hay muchos- que refleje más de la cuenta me asusta. Voy tanteando de vez en cuando el agarre de la carretera arrastrando el pie. “No, no resbala mucho aún” y sigo avanzando penosamente. El termómetro marca 1.5ºC y bajando. Cuanto más asciendo por la carretera, más desciende la temperatura. Finalmente llego a los 1400 metros del Puerto del Manquillo con nieve en los laterales y 1ºC en el termómetro. Pero ahora toca bajar. Prohibido tocar el freno delantero. Trazadas redonditas y suaves, reteniendo con el motor todo lo posible…
Desde Salas de los Infantes a San Leonardo de Yagüe la carretera es preciosa. Buen asfalto, curvas divinas, paisajes maravillosos. Sigue lloviendo, pero aún así voy disfrutando. A pesar de la climatología me cruzo con unas cuantas motos, lo que prueba que es una buena ruta motera. Continúa lloviendo camino a El Burgo de Osma y Almazán. Largas rectas hacen que recupere un poco de tiempo perdido en el pantano. Paro a comer en Morón de Almazán. Estoy empapado, pero por suerte el Gore-Tex ha hecho bien su trabajo. Allá donde dejo la chaqueta queda un charco de agua, que creo no le hizo mucha gracia a la camarera. Me disculpo, claro está. A pesar de que continúo seco, el frío me ha calado hasta los huesos, pero a los pocos minutos de estar encima de la moto se me pasa -o lo olvido, no lo sé-.
En Ariza me incorporo a la A-2 hacia Zaragoza. Se acabaron las carreteras, la última fase de TheLongWayLeft discurre íntegramente por vías rápidas. Replanifico el GPS para que no me intente sacar de la autovía en cada salida, y logro cruceros de 120 – 140. Paradójicamente, ha dejado de llover en el tramo que menos me importaba que lo hiciera. Algo de viento, pero no muy molesto. Aprovecho para secarme.
Cuando me quedan escasos 150 km para llegar a casa, los aparatos electrónicos que llevo encima se revelan. El intercomunicador que me proporciona música lo hizo muchos kilómetros antes -se me olvidó cargarlo anoche-. El alimentador del GPS comienza a dar problemas, conectándose y desconectándose. Supongo que le habrá entrado demasiada agua. Al parar en la gasolinera de Pina de Ebro aprovecho para ponerle pilas nuevas y quitarle el enchufe a la toma de corriente de la BMW. También saco la cámara que llevo en el bolsillo, para grabar los últimos kilómetros. Pero parece que  no cerré bien dicho bolsillo y está empapada. Tanto que no funciona. Qué más puede fallar?
El GPS, a pesar de tener pilas en teoría a tope de carga, comienza a hacer el tonto y se va desconectando de manera aleatoria. De hecho, en los últimos 100 kilómetros se me ha desconectado 3 veces. Vaya final de viaje! Entre desconexión y desconexión voy repasando mentalmente todo lo que he aprendido de este viaje. Equipaje, complementos de la moto, gadgets… Próximamente plasmaré todas estas conclusiones.
Alrederdor de las 19 horas llego a la puerta. TheLongWayLeft toca a su fin. La etapa maratón del viaje se me ha hecho corta, y podría incluso seguir varios días más encima de la moto. Una de las dudas que tenía de cara al viaje a NordKapp era si yo aguantaría física y mentalmente tantos kilómetros en solitario. Continúo teniendo la duda, pero esto pinta bien!
Podéis descargaros el archivo para ver la ruta en el Google Earth MAÑANA.
DATOS DE LA RUTA:
619km
6h45m en movimiento
Velocidad media: 91km/h
Consumo medio: 5,6 l/100km