TheLongWayNorth

La aventura de cada fin de semana

_smr1802Si algo estoy aprendiendo en este viaje es a no fiarte de las previsiones meteorológicas. ¡Y mira que yo uso aplicaciones fiables! VARIAS aplicaciones fiables. Pero en Escocia todo eso no sirve. Me desperté por la mañana algo enfurruñao; llovía y la previsión era que lo haría durante todo el día. La única buena noticia era que los dos días siguientes al parecer iban a ser secos. Salimos del hotel en Inverness lloviendo, pero la lluvia no ha durado mucho más que unas decenas de kilómetros. Fue llegar al Lago Ness y parar de llover. Y luego, durante todo el día se ha mantenido. A veces con muchas nubes, a veces con menos… Incluso a ratos hemos visto el sol. Y de lluvia… bueno, a última hora nos han caído cuatro gotas. Este es el clima escocés: va a tener razón ese dicho de que puedes tener todas las estaciones en un solo día…

El día se ha ido sucediendo a la par que los prioratos ruinosos como el de Beauly o los castillos pomposos como el de Dunrobin. Castillo tras castillo íbamos avanzando hacia el norte. Alguno no ha dado casi nada de sí, como el de Sinclair. Pero lo que no ha cambiado durante todo el recorrido han sido los maravillosos paisajes en cientos de tonalidades de verde, que si fuera chica incluso las podría haber distinguido todas ellas (ya sabéis, los chicos vemos como máximo el verde botella y el verde turquesa, que resulta que no es verde sino azul).

Y llegamos a John O’Groats. O como les gusta decir a los británicos, the end of the road. Para ellos el mundo se sitúa entre “el final de la carretera”, en John O’Groats y  Sennen, donde está Land’s End o “el final de la tierra”. Son los puntos más septentrional y austral de la isla. Y el resto del mundo se las trae floja. Ole tus güevos. Ponen señales conmemorativas, tiendas de recuerdos y nosécuántos carteles. No tanto como Nordkapp en Noruega, pero la sensación cuando llegas a John O’Groats es parecida. Y nosotros que tenemos en España el punto más al sur del continente y no lo sabemos explotar… Aish.

En este viaje también he aprendido a valorar los Bed and Breakfast. Nunca me he sentido cómodo durmiendo en casa de nadie. Como que me sabe mal molestar. Y un B&B es exactamente eso, dormir en casa de alguien. Claro, que con lo que pagas, como que algo de derecho a molestar debes tener… Pero nunca ha sido una de mis primeras opciones a la hora de buscar alojamiento. Pero por alguna zona de las highlands escocesas es la única opción válida. Y la de hoy, en Armadale House es excepcionalmente válida. Una casa antigua, pero exquisitamente reformada por dentro. Renovando parte de lo antiguo y restaurando el resto. Habitación amplia, muy amplia. Trato exquisito. Por primera vez me siento cómodo en casa extraña.

Mañana cumplimos la primera semana de viaje. Eso quiere decir que nos quedan aún unas cuantas. Esto no ha hecho más que empezar y ya estamos encantados con lo que nos encontramos por el camino. Y casi sin temor a equivocarme, creo que mañana habrá más y mejor. Seguro. Y vosotros que lo veáis. Bona nit. Click.

Jelou. Aim lukin for de citijeart campus acomodeishon –me dijo el hombre barbudo desde la ventanilla de su Vauxhall Corsa alquilado. Sabía que andaba perdido, porque le habíamos visto preguntar poco antes a un señor que limpiaba la entrada de la Universidad de Inverness. Dejé pasar unos segundos. Una pausa dramática mientras paladeaba y me deleitaba con lo que iba a decirle:

– Eres español, ¿verdad?– le dije. Su cara de agobio se tornó esperanzada.

– ¡Sí!– dijo. –¿Tanto se me nota?– No contesté. No quería herir su orgullo. Eran del norte. Vascos. Se ve que no conocían bien esta zona de las afueras de Bilbao.

– Es este edificio de aquí –le dije. Ya había hecho la buena acción del día. Apadrina un español. O un vasco, vete a saber. 

Antes de eso, el día había transcurrido casi soleado, sobre todo la primera mitad. Luego nublado, pero al menos no ha llovido. Hemos comenzado en Saint Andrews y su catedral en ruinas. Alguna de sus paredes desafían fuertemente las leyes de la gravedad, aguantando en equilibro el paso de los siglos. Luego, un paseo por sus calles, donde una brigada de ghostbusters regaba con aspersores cualquier resquicio en el asfalto intentando evitar que brotaran malas hierbas. Y es que claro, con estas lluvias aquí deben salir plantas de debajo de las piedras, nunca mejor dicho. 

Dunkeld es famosa por su catedral, también en ruinas. Pero la hemos encontrado llena de andamios. Nuestro gozo en un pozo. Pero la pequeña población nos ha agradecido la visita con un maravilloso parque con un hermoso césped y unos árboles centenarios y un hermoso césped que se esparcía hasta las orillas del río. Muy bucólico todo. 

Pitcholry la hemos pasado como una exhalación. Muy turístico todo. Si no pensabas comprar una bufanda de cachemira o un kilt escocés, mejor ni parar. Como el Castillo de Blair. Hemos entrado en sus jardines, pero el precio era tremendamente caro para echar solo un par de fotos, así que lo hemos desestimado. 

Así hemos llegado a Inverness y al Citiheart Campus Acommodation, una residencia de estudiantes que habilitan como hotel en los meses de verano. Alojamiento barato y de calidad aceptable. Que están los precios… Y en el parking he tenido una conversación con un BMW hater, de estos que dicen que cualquier otra marca es mejor. No le han valido los argumentos de la cantidad de kilómetros sin averías que llevo en mis BMW’s. Se ha limitado a decir: “You’re a lucky man”.

Y sí, soy un hombre con suerte. Con ese tipo de suerte que no se tiene, que se busca. Igual que el hotel. Que hay que buscarlo.  Y si no, se pregunta. Que no pasa nada por preguntar. Que nos gusta mirar mucho el GPS pero nada preguntar. Y preguntando se llega a Roma. O a Inverness. Vale. Desvarío ya. Es momento de dejar de escribir y ponerse a dormir. Bona nit. Click.

A ver, seamos sinceros. Lo de la frasecita esa de “en moto todo es más auténtico porque te metes dentro del paisaje y de su clima” está muy bien excepto cuando llueve. Y mira que la he dicho veces. Pero me retracto. El paisaje, cuando llueve ni lo ves. Sobre todo si además tienes que estar atento a los socavones de la carretera, a los coches que circulan por la izquierda y a las ovejas que saltan los cercados cada dos por tres. Pero claro, si quieres tener un paisaje verde, de algún sitio tendrá que regarse.

Dicho esto, el día ha ido de menos a más en cuanto a lluvia, y de más a… Bueno, en cuanto a lugares a visitar se ha mantenido en un muy buen nivel. Porque hemos comenzado por la Rosslyn Chapel, la que sale al final de El Código da Vinci. Espectacular. Su decoración interior vale el precio de la entrada, sin lugar a dudas. Luego está el tema de los conspiranoicos que dicen que si hay figuras representando el maíz, y que el maíz viene de América, y que Colón “descubrió” América 50 años después de finalizarse la capilla… Grandes misterios de la Humanidad. Pero es que a mi, lo que en teoría son mazorcas de maíz ni me lo parecen. Por lo que enigma resuelto por eliminación de la primera premisa. Yo los misterios se los dejo a Robert Langdon.

Después de la capilla y de un magnífico té con leche, hemos seguido mojándonos hasta Edimburgo. La idea inicial era dormir allí, visitando la ciudad durante lo que quedaba de mañana y toda la tarde. Pero no nos apetecía callejear mucho bajo la lluvia, así que hemos dado una vuelta lo suficientemente larga por la Royal Mile y nos hemos despedido de la capital tras visitar el castillo y la catedral de Saint Giles. 

Y luego ha dejado de llover. Y así ha sido un placer visitar las callejuelas empinadas de Culross, con las fachadas de las casas estucadas fundamentalmente de blanco. Y es que ir sin prisas, a pesar de habernos mojado un rato, hace que todo sea mucho más llevadero. No tener que preocuparme por la hora de salida del ferry, del tren del Eurotunnel o de la llegada al hotel, me gusta. Por eso a partir de hoy mismo, haremos menos kilómetros de moto. Slow motion. Slow travel. Sloquehay.

Escocia para mi son carreteras estrechas, serpenteantes y rodeadas de enormes colinas verdes. Acabamos de entrar y ya nos la hemos encontrado de bruces. Una muy buena antesala de lo que nos espera, es la A708, entre Moffat y Bowhill. Unos 40 kilómetros que hemos disfrutado mucho. Había que negociar las curvas con cuidado, porque en cualquier momento te encuentras unas ovejas en medio del camino que te miran perplejas mientras rumían moviendo sus mandíbulas rumiando como si mascaras chicle. “Mira, otros locos de las motos”, parecen decirse mientras pasábamos a su lado. 

Porque por esa carretera seguro que pasan muchos moteros. De hecho, nos hemos encontrado unos cuantos. Cosa curiosa es saludarse. Porque cuando conduces por la izquierda es difícil levantar la mano derecha dejando el gas. Así que te limitas a hacer un gesto de asentimiento con la cabeza. Al parecer, es el típico saludo motero británico. 

Y es que conducir por la izquierda al final se asimila. Aún tenemos que tener cuidado en los cruces y rotondas solitarias, pero es cuestión de práctica. Aunque hoy me he dado un par de sustos. Uno, por no saber dónde mirar en un cruce y sorprenderme al ver aparecer ese enorme camión. Pero el más grande ha sido en una rotonda, cuando hemos oído un estruendo. Lo primero que he pensado es que me había equivocado al girar y algún vehículo se acercaba chirriando rueda. O a tenor del fuerte ruido, dando vueltas de campana. Hasta he encogido los hombros esperando el impacto. Pero no era nada más ni nada menos que un Panavia Tornado de la RAF haciendo una espectacular pasada baja sobre la autopista. Quizá ha sido la primera vez que he sufrido una pasada de un caza, más que disfrutarla.

¿El resto de día? Pues comenzando por la espectacular campiña inglesa donde hemos comido, sobre todo vista desde el aire, ha sido un cúmulo de luces y sombras. Claro, seguro que te interesan las sombras, que da más morbo… Pues fracaso de las ruinas de Fountains Abbey, demasiado cara la entrada solo para hacer un par de fotos. Y estrepitoso fracaso del Sayme Ling Victory Stupa. Porque a ver… ¿para qué se me ha ocurrido visitar un templo nepalí en medio de las montañas escocesas? Muy típico no parece, no. Pero es que en mi descargo, el templo sale en la guía turística que compramos, así que pensé que no estaría mal… Pues eso. Un fracaso. 

Y el final del día, en Jedburgh Abbey, para quitarnos el gusanillo de visitar una abadía en ruinas. Y todo ello amenizado por un regimiento de gaiteros tocando marchas escocesas de fondo. Una flipada.

En definitiva lo mejor de todo es que se acabó el “viaje de puro traslado”. Hemos atravesado media Europa para llegar donde queríamos empezar. Ya estamos en Escocia. Y eso, querido amigo viajero, es garantía de éxito. Mañana empezaremos a disfrutarla al máximo. 

   Un día de stress. De cambios. De horarios. De contrastes. De esos que a priori no me molan. Pero que luego ha molado. Mucho.

Ha molado ver nuevamente los acantilados de Étretat. Majestuosos y blancos. Lástima que estaba algo nublado. De hecho, saliendo del hotel en Le Havre estaba lloviznando. Pero luego ha parado. Más o menos cuando hemos tenido que hacer un desvío por culpa de un accidente feo que cortaba la carretera. Lo que no ha molado era el fortísimo viento que zumbaba en los acantilados. Imposible volar el drone sin arriesgarse a perderlo. Así que de momento las fotos desde tierra, que también molan.

Ha molado llegar pronto Calais, y eso nos ha permitido coger un tren más de una hora antes de lo previsto. Pero eso no me ha ahorrado mi típico stress de ir calculando durante toda la hora de llegada a Calais. Sea como fuera, ahí estábamos haciendo cola durante casi una hora.

También ha molado entrar en el Reino Unido. Rayominí. Porque visitar un nuevo país montado en moto sigue gustándome. Y ya van 37, si no me he descontado. Pero lo de conducir por la izquierda también me ha estresado un poco. Pero vamos, la autopista ya la tenemos dominada, y las rotondas estamos en ello. Mañana a ver si nos sacamos el master en carreteras secundarias.

Lo que no ha molado nada es que tuviéramos que desviarnos casi hasta el mismísimo centro de Londres por culpa de un accidente en un túnel. En Greenwich hemos aparecido. Sí, donde el Meridiano. Y en medio de otro superatasco que nos ha tenido sudando la gota gorda a casi 30º. Y eso que veníamos buscando el fresquito…

Y finalmente Cambridge. Ahí hemos conocido a Andy, nuestro recepcionista. Como el de Toy Story. O como el de Andy y Lucas. Pero qué inglés más perfecto tenía el jodido. Yo no hacía más que intentar entenderle y cuanto más le entendía yo, más rápido hablaba él. El tío iba sacando su acento de Cambridge más acusado a cada frase que me decía. Que he entendido menos de la mitad, vamos. Pero yo muy digno. Con una sonrisa y un “zankiu” a cada momento para que no se notara que no tenía ni pajolera idea de lo que me decía. Y eso que yo me entiendo en inglés hasta con los que no lo hablan…

Cambridge es… como un retorno al pasado. A nuestros tiempos de universitarios. Porque sus calles estaban llenos de ellos. Maleta arriba y maleta abajo. Cursos que acaban y másters que comienzan, el ajetreo era enorme. Los ladrillos ennegrecidos de sus ilustres colegios mayores también han molado. Y los enoooormes campos de hierba, donde no he podido resistirme a tumbarme con Belén, respirar hondo y relajarnos, rememorando una imaginaria época universitaria juntos. Recuperando el tiempo perdido.

Contrastes… Estrés y relax. Cosas que molan y que no molan. Al fin y al cabo de eso está hecha la vida, no? Y eso que el viaje no ha hecho nada más que empezar.

– ¿Y por qué no vas en ferry?

– ¿A Escocia irás en el ferry de Plymouth, no?

– Supongo que no atravesarás toda Francia en moto, verdad?

Esas y otras preguntas parecidas arreciaban los días antes de salir. Pues no. No voy en ferry. Podría decir que me gusta la sensación de llegar a los sitios conduciendo desde mi casa (siempre que no sea imprescindible, claro). Podría decir que los moteros de verdad no cogemos ferrys. Podría decir mil y una cosa, pero la verdad es que ME MAREO EN BARCO.  Consecuencias? A parte de dar de comer gratis a los peces con cada vómito por la borda, me entra un resacón que no valgo para nada los días posteriores. Por lo tanto, hoy han tocado más de 1000 kilómetros (1003, para ser exactos) casi íntegramente por autopista francesa. Con sus peajes y todo.

Pero es que si hubiéramos ido en ferry no habría conocido a unos catalanes primerizos en su primer Cabo Norte, vestiditos de estreno para la ocasión. Y no hubiera disfrutado con sus caras de sorprendidos cuando Belén les dijo que ella llegó hasta allá arriba en una 125cc…

Si hubiéramos ido en ferry no habríamos comido en el geriátrico. Bueno, era un restaurante. Y sí, era un estupendo entrecot. Pero sin sal. Y rodeados de una generosa cantidad de ancianos. Aún sigo buscando el autobús del Imserso. 

Si hubiéramos ido en ferry no nos habríamos deleitado con las gloriosas filigranas con las que nos ha obsequiado un joven motero, tocando rodilla mientras daba vueltas a una rotonda, o entrando en la autovía a 100 km/h y a una rueda durante varios centenares de metros. Menudo espectáculo! Y sin pagar, oye!

Y si hubiéramos ido en ferry no habríamos visto cómo las gaviotas en Le Havre se posan impunemente sobre los techos de los coches (foto abajo). “Coche oficial del PP”, me ha dicho Freebear_rider en Instagram con mucho acierto.

Y sobre todo, si hubiéramos ido en ferry, no habríamos podido arrancarle una sonrisa a esa niña discapacitada que nos miraba cómo nos íbamos sobre nuestras motos con una mezcla de sorpresa y admiración en una de las muchas áreas de servicio que hemos visitado.

Pero sí. Si me lo preguntas alguna vez te diré categóricamente que al Reino Unido, es mucho mejor ir en ferry.

Siguiendo la ruta de la defensa de Valencia que hizo en su día el Cid Campeador, nos vamos en nuestras motos desde Valencia a Elche, pasando por la Albufera, Alzira, Xàtiva, Biel, Ontinyent, Bocairent y otros bonitos lugares del Levante. Aquí tienes el último vídeo antes de las vacaciones de verano, que este año vienen más pronto de lo normal.

Una ruta cortita raspando el Maestrazgo y recorriendo el Bajo Aragón, la sierra de Albarracín y su continuación, la Serranía de Cuenca. Un vídeo con imágenes de acción, de drone y conversaciones filosóficas entre Belén y yo.

Desde hace mucho tiempo voy confeccionando roadbooks para uso personal o para disfrutarlos con amigos. Pero esta era la primera vez que lo hacía para un evento. Y no cualquiera, sino el desafío que presentó 2TMoto a 30 intrépidos moteros: 1000 kilómetros en un día siguiendo un roadbook y por carretera.

Así fue cómo lo viví en primera persona. Y si tenéis curiosidad sobre cómo interpretar un roadbook, lo explico in situ durante el vídeo. Así que no te lo pierdas!

 

Pues si os pareció larga la primera parte, ahí van más de 20 minutos de vídeo de esta segunda y última parte de nuestro viaje por Asturias, Galicia y Castilla León. En esta entrega viajamos a la Playa de las Catedrales y el norte de la costa gallega para, pasando por Lugo, recorrer la Ribeira Sacra y el cañón del Sil, Ponferrada, el Bierzo y finalmente Ávila. Posteriormente regresamos a Zaragoza por preciosos pueblos segovianos como Pedraza.