Imagina un atasco. Ahora imagina tres mil moteros en ese atasco con el chip de motero puesto, o sea activado lo de circular entre coches o cambiar de carril. Ahora pon a esos moteros dentro de tres mil coches. Eso es un atasco en Tirana.

Pitidos, cambios inesperados de carril, giros impredecibles… y todo esto a 30ºC sobre la moto. Nos dirigíamos al centro de la ciudad, a por el imán y el adhesivo del país correspondiente. Y es que poca gente debe de tener la pegatina de Albania en su moto! Encontramos de milagro un par de tiendas de souvenirs cerca de la plaza central de la ciudad, ahora en obras, como casi todo el país. Misión cumplida. Ahora solo toca atravesar Albania hacia el sur.

Vamos a imaginar otra vez. Imagina una carretera española muy bacheada. Multiplica los baches por diez. Quítale los arcenes. Déjala veinte años sin mantenimiento. Haz pasar por ella a diez mil trailers de gran tonelaje. Ahora quítale la mitad del asfalto así, como en socavones. Cada cinco o seis kilómetros haz obras quitando todo el asfalto y poniendo piedras sueltas. Ponle conductores suicidas al volante de Mercedes y BMW. Añádele algún que otro burro. Estás conduciendo en Albania.

Desde mi posición veo el amortiguador delantero de la BMW y me recuerda esas máquinas que prueban la resistencia de los cajones de los muebles de IKEA. Sube baja, sube baja… Buf!! Desde luego, hoy han trabajado. Ha habido tanto traqueteo que hasta se nos han soltado dos de los tres tornillos que aguantan el guardabarros trasero. Ahora lo llevamos atado con pulpos encima de una maleta.

Hemos comenzado a ver las extrañas “setas de cemento”, antiguos búnkers con forma de seta que salen como tales al lado de la carretera. Tienen medio metro de alto y un par de metros de diámetro, suficiente para que cupiera una persona con una ametralladora… Los hay a cientos.

Llegamos a Berat deshidratados. Echamos un vistazo al pueblo, sacamos dinero para tomarnos unas cocacolas acompañados de unas cuantas abejas y seguimos ruta. O lo intentamos, porque no consigo encontrar la carretera que nos llevaría a Këlcyrë.

– Esa carretera no es buena. Es de montaña- me indica un joven al preguntarle. -No puedes llegar hasta allí en moto. Te aconsejo que retrocedas hasta Fier y allí cojas la carretera de Kakavia. Los últimos cien kilómetros son de autopista.

Así que nos volvimos sobre nuestros pasos e hicimos lo que nos aconsejó el chaval. El calor apretaba… 37, 38,… hasta 39,5ºC sufrimos hoy. Pero iba refrescar. Y de golpe. Una tormenta corta pero muy intensa nos refrescó de golpe. No nos dio tiempo ni a ponernos las chaquetas. Imagina las carreteras de antes pero con litros y litros de agua. Los socavones se tornan enormes charcos, la tierra y piedra suelta en barro. El asfalto agrietado en una pista de patinaje. Esto es Albania!

Y así transcurrieron los más de 350 kilómetros por esas carreteras -aún estoy buscando la autopista que prometió el chico-, entre gasolineras abandonadas -las hay a cientos-, algún que otro raquítico pozo de petróleo, niños vendiendo moras a los pies de la carretera rodeados de pilas de basura infecta, terneros descuartizados en supuestas carnicerías y pilotos suicidas adelantando in extremis. Lo más curioso de todo es que comienzas a normalizar todo eso, como si ya formara parte de tu vida, y eso que llevamos escasas 36 horas en el país.

En la frontera con Grecia, ya pasadas las 7 de la tarde, y tras mostrar los documentos un par de veces, noto una cierta nostalgia al abandonar Albania. Un país que no tiene nada, pero que te da mucho. Te da la imagen de una Europa que no es tan Europa. La imagen de la última frontera dentro de la civilización. La imagen perfecta para valorar lo que tienes.

Un cambio de hora y una equivocación en la salida de la autopista nos dejan en el hotel de Kalampaka (Grecia), a los pies de los Monasterios de Meteora, a las once y cuarto de la noche, tras casi nueve horas de una dura jornada de moto para hacer menos de quinientos kilómetros. Y ya llevamos más de 4500.

La ruta de hoy la tenéis aquí:

 

Etapa 9: El sur de Albania y Meteora


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