Un día tremendo. A las miles y miles de curvas hay que añadirle la lluvia y el viento. Un clima típicamente norteño, donde el sol y la lluvia se iban alternando e incluso solapando. Salí de Pamplona medio lloviznando, pero con el asfalto totalmente mojado de las incesantes lluvias nocturnas. La idea era hacerlo todo por carretera, así que tras el primer repostaje del día me dirijo a la carretera de San Sebastián. Ya a los pocos kilómetros me doy cuenta de lo especial que resulta viajar en moto: los olores están muy presentes en el trayecto, ya sea leña recién cortada, el olor a tierra mojada, el potaje preparándose en los caseríos o el olor al cantábrico cuando te vas acercando a su costa.

La carretera N-121a serpentea  entre las colinas donde los colores primaverales van sustituyendo a los del invierno. Los verdes lo comienzan a invadir todo, dejando a los ocres y marrones ya moribundos. Para disfrutar de esta ruta en moto es indispensable seguir las indicaciones que desvían a los camiones de materias peligrosas, y así saltarse los túneles que le quitan todo el encanto. En un momento de despiste, seguí la N-121b en lugar de la N-121a y acabé sin saber cómo en Francia. Durante varios kilómetros fui jugando con la frontera, ahora aquí, ahora allí, hasta que me topé con el Cantábrico de bruces, cerca de San Juan de Luz. Desde allí a Hendaya por la costa, con un viento casi huracanado que me hacía ir muy despacio y que inclinaba peligrosamente la moto con cada ráfaga. En un momento de desespero, y pensando que todo el camino por la costa cantábrica podría ser así, pensé en volver hacia el resguardo de las tierras de interior y modificar la ruta. Pero finalmente pensé que los planes están hechos para cumplirlos, así que seguiría adelante.
Cerca de San Sebastián, ya fuera de Francia, me crucé con el único motero que he visto hoy. Afortunadamente el viento ya comenzaba a amainar, y pude soltar el manillar y saludarle con la mano izquierda, al tiempo que él asentía con la cabeza. En ese momento me embargó la emoción y me di cuenta de que lo que estaba haciendo era lo que realmente quería hacer, y lo que quería seguir haciendo durante muchos años más: disfrutar de la moto.
Los grandes atascos en San Sebastián no me impidieron llegar hasta la Playa de La Concha a hacer las pertinentes fotografías. Desde allí me dirigía a Zarautz, Deba , Ondarroa y Lekeitio, preocupado por el asfalto mojado, agravado por una gran cantidad de pinaza que se acumulaba en alguna curva. El peso de la moto, que aligera demasiado el tren delantero, hace que entre en las curvas con muy poca seguridad.
Magistral la comida vasca. Y ya sé que es un tópico. Pero que te pares a comer en una taberna de mala muerte de Lekeitio, pidas un menú de 11€ y disfrutes como un enano de unos espárragos de un calibre considerable -y de un sabor incluso más grande que el calibre-, o de un bacalao con salsa de puerros que merece al menos una punta de alguna estrella Michelín, no tiene precio.
Después de reponer fuerzas, sigo costeando por Bermeo, pero la BI-3110 está cortada antes de llegar a Bakio. Toca recular y buscar alguna otra alternativa para llegar a Bilbao, aunque los últimos 10 km sean por autovía. En Bilbao -que no tenía pensado ni parar- me entra curiosidad por ver el Guggenheim, y me acerco con la moto. Durante la preceptiva parada para fotografiarlo, un grupo de animadas ancianas conversan alegremente debajo de unos soportales cercanos. Veo que una de ellas se separa del grupo y mira mi BMW con admiración. Yo ya estaba toqueteando el GPS y no le presto demasiada atención, pero la señora cada vez se acerca más, por lo que acabo levantando la vista y sonriendo.
-Si mi marido hubiese tenido una moto así hace 40 años, la habríamos disfrutado mucho- me dice. -Nos fuimos desde Vitoria hasta los Picos de Europa en una Lambretta!!
-Eso sí que es una aventura- le respondo. -Yo también voy a los Picos de Europa, pero desde Barcelona.
-¿Desde Barcelona vienes?- me pregunta. -Claro que con esta moto… Debe de correr mucho, no?- Y entonces me acordé de mi abuela, que disfrutaba mucho viendo los saltos del Free Style de motocross cuando lo daban por la tele, a pesar de sus setentaymuchos años.
La N-634 me lleva de Bilbao a Santander. Muy recomendable, con muy buen asfalto y, salvando algún tramo lleno de rotondas y de travesías de pueblos, con unas curvas rápidas muy apetecibles, después del historial de virajes de montaña que llevo hoy. Llego a Santander casi de noche, y al entrar al hotel comienzo a oír las trompetas y tambores que señalan alguna procesión cercana de la Semana Santa cántabra. Yo por mi parte inicio mi particular via crucis ascendiendo las maletas por la escalera del hotel.
Puedes descargarte mi ruta para verla en Google Earth aquí.
Y si no tienes Google Earth, también la puedes ver aquí.
DATOS DE LA RUTA:
449km
8h26m en movimiento
Velocidad media: 52km/h
Consumo medio: 4,3 l/100km