12.30 horas. Esa era la hora límite. El ferry que me llevaría a las Lofoten salía a esa hora a 360 kilómetros de donde me encontraba. Calculando con margen de seguridad, con que saliera a las 7.30 habría más que suficiente. Todos estos días el tiempo calculado por el google maps era sensiblemente superior al real. Hoy no tenía por qué ser diferente. Pero lo era. El GPS, mucho más fiable, me indicaba que llegaría al ferry a las… 12.10 siempre y cuando no hiciera ni una sola parada por el camino! Pues teniendo en cuenta que hay que repostar y que estaba lloviendo… muy justo lo veía. Y el siguiente ferry no salía hasta pasadas las 18.00!!

Así que sin más dilación me puse al tema. Arañando segundos al cronómetro, pero sin pasarme mucho de los márgenes legales. Así conseguí bajar hasta una hora de llegada de las 12.06; luego vinieron las obras (kilómetros y kilómetros de pista sin asfaltar… o sea, un auténtico barrizal).

Con muy poco tiempo para parar, pasé por los 66º 33’ de latitud; o lo que es lo mismo, el Círculo Polar Ártico! Solamente me daba para pararme al lado del cartel y hacer una foto testimonio… y a seguir, que aún hay que repostar!!

Los paisajes que rodean el Círculo Polar son extremadamente salvajes. Esas llanuras sin árboles, salpicadas de rocas enverdecidas por el musgo… Realmente un paraje desolador y muy acorde con la entrada al polo. Luego se fue suavizando,

hasta que volvieron a aparecer los árboles.

Y llegué al ferry a eso de las 12.10… con margen suficiente como para incluso tener que esperar un poco en la cola. Ataron la moto -esta vez son dos horas de ferry- y yo me subí a cubierta, donde incluso pude echar alguna cabezadita.

Las islas Lofoten comienzan a entrar en la categoría “SAVNVBA”: “Si Alguna Vez No Vuelvo, Búscame Allí”. Paisajes impresionantes, escarpados. Con montañas que llegan hasta más allá de los 1000 metros y que ascienden a pocos cientos de metros del agua., pero cubiertas por el velo blanco de las nubes que se amodorran entre las cumbres. Tranquilidad… El sitio ideal para perderse una temporada. Hoy solamente hice una pequeña aproximación, ya que la idea es visitarlas más en profundidad al día siguiente.

Me pierdo, conscientemente, por caminos sin asfaltar, en busca del embarcadero o de la casa de madera singular, fuera de las carreteras principales. Así llego a los pies de uno de los inmensos secaderos de bacalao que existen en la isla. Mientras, el sol intenta salir tímidamente, como bostezando y desperezándose, intentando apartar esa sábana de nubes que aún lo cubre.

Mi alojamiento está en una pequeña isla frente a Svolvaer. Es una pequeña habitación, pero para mí ya es mi casa. Y es que a todos nos hace falta tener raíces, no? Y si no las tienes cerca, arrelas donde mejor te sientas. Como en las Lofoten.

Hoy he recorrido 475 kilómetros en 5 horas y 59 minutos, a una media de 79 km/h. El consumo se ha disparado hoy, y ha sido de 4.8 l/100km. Llevamos 6502 kilómetros.

Y la ruta de hoy, aquí:

The Long Way North. Day 11


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