Para ser un blog de viajes en moto, hoy de viaje en moto, poco. O mucho, según se mire. Porque han sido 380 kilómetros de viaje, que para lo que vamos haciendo a diario ya son. A partir de ahora, incluso aumentaremos esa cifra. Que agosto se nos echa encima. Pero a lo que iba, que me disperso: viaje en moto no es que hoy haya habido. Más bien “desplazamiento entre dos puntos montados en una motocicleta”. O sea, mucha autopista. Y cuando no, caravanas. O caravana en la autopista, que de todo hemos tenido. Y es que es lo que tiene acercarse a Londres. Aunque sea a más de 60 kilómetros, tienen todo colapsado estos ingleses.

Pero también nos ha dado tiempo de hacer algo de turismo. Bibury, el típico pueblito donde vivían 4 ingleses mal contados bien a gusto en sus casitas de piedra y sus jardines bien cuidados hasta que a alguno se le ocurrió nombrarlos en un blog como uno de los pueblos con más encanto de Inglaterra. Desde entonces, huestes de japoneses invaden el pueblo cada día. ¡Hasta los carteles de “jardín privado” o “prohibido el paso” los han puesto en japonés! Lo cierto es que si quitas a los japoneses de la foto, el pueblo mola. 

Y a poco menos de una hora de allí, Oxford. Si habíamos pasado por Cambridge a la ida, y el Trinity de Dublín durante el viaje, no podíamos dejar de ver el otro baluarte universitario británico. ¡Qué cantidad de edificios señoriales! ¡Colleges a punta pala! Solo con pasear por sus estancias debería convalidar un máster entero. 

Y eso ha sido todo el día. Caravana, más caravana, y eso. Al final hemos acabado en Eastbourne, un pueblo decadente a orillas del Canal de La Mancha con un pier, uno de estos muelles de madera que se adentran en el mar, donde aún persisten locales con vetustas máquinas recreativas. De hecho, todo el frente marítimo es muy rancio. Hoteles que debían ser muy chics en los años cincuenta, con clientela a juego. Pero viajar es lo que tiene, que a veces lo haces en la distancia y otras veces en el tiempo. Bona nit. Click.