A ver, que hay inventos que no sirven para nada y otros que son toda una bendición. La Coca-Cola de vainilla es elixir de los Dioses. Manjar entre manjares. Digna sin duda del más caprichoso desayuno de Roberto Naveiras. ¿Por qué no te he conocido antes? Ahora que solo tomo la Zero, va y me entero de que existe una Coca-Cola de vainilla… Y qué mejor lugar para degustarla que a los pies de un imponente castillo galés que corona una montaña… Pero comencemos por el principio.

Ayer lo dejamos en Aberystwyth, pueblo que nos dejó muy buen sabor de boca. Por la mañana, vueltecita por el muelle de día (que me pareció menos espectacular que en el crepúsculo nocturno de ayer, todo sea dicho…). Después recorrido por la Pembokeshire Coast, que con sus nubes bajas tampoco nos ha dejado ver mucho, excepto en contadas ocasiones. Como en Saint David’s, donde hemos visto una espectacular costa, así como una espectacular catedral. Gratuita, sí. Pero 2 libras por tomar fotos. Te ponían una etiquetita y todo. Y yo, como estoy un poco en contra de estas cosas, como que no pago. Entiendo lo de no usar el flash para preservar las obras de arte. Entiendo (menos) lo de no usar trípode para que no te salgan fotos molonas que después puedas vender. Pero que te cobren por hacer fotos aunque sea con el móvil… como que no. Así que no hay fotos de dentro. Belén también sigue este criterio, pero ella optó por otra solución: no pagar. 

Tenby es un lugar muy turístico, donde no puedes entrar al centro con vehículo. Pero desde fuera de la “zona afectada” ya se ve una buena vista de la playa (enorme) que queda muy abajo, coronada por las casas de colores del pueblo. Porque las playas de por aquí son así, enormes. A lo largo y a lo ancho. Llegan a tener una así en Benidorm y cabrían todas las sombrillas de todos los jubilados y más que vinieran.

El castillo de Laugharne ha sido el lugar escogido para comer hoy. Y ya se nos iba haciendo tarde, buscando un lugar idílico. Y ya creíamos que no lo conseguiríamos y de pronto aparece el castillo en ruinas, con verdes praderas a su alrededor con varias mesas de picnic. Aleluya!

Y por último el Carreg Cennen Castle. Te vas acercando y vas viendo como una “Morella en miniatura”. Un cerro coronado por las ruinas de un férreo castillo. Parada en el parking y sacamos a pasear al drone, porque las cosas desde arriba se suelen ver mucho mejor. Sobre todo saboreando una Coca-Cola de vainilla. ¿Os he hablado de la Coca-Cola de vainilla? Ah, sí.

De camino a Cardiff, donde dormiremos hoy -si los trenes nos dejan- hemos pasado por pequeñas carreteras de la campiña galesa de las que te dejan una sonrisa en la cara. Difícilmente cabían las motos con sus maletas. De pronto, auténticos túneles de vegetación tornaban la tarde en noche. Y subidas y bajadas como si no hubiera un mañana. Rampas del 15-20% que no enseñaban su final. Espectacular. 

Y qué decir de Cardiff? Pues que para envidia de mis amigos madridistas (sí, los merengones también tienen derecho a tener amigos, pobres) estamos alojados a escasos metros del Milenial Stadium… El resto de las calles por donde hemos paseado están llenas de mendigos y homeless de todas las edades, sexo, raza y condición. Un shock después de tantos días de viaje alejados de las grandes ciudades. Ahora, a descansar, si es que los trenes dejan de chirriar sus ruedas metálicas sobre las vías. Bona nit. Click.