Pues sí, hoy tocaba otra vez Dublín. ¿Para descansar? No creo. Porque nos cansamos más cuanta menos moto tocamos. Y es que andar cansa lo suyo, también. 11 kilómetros dice el relojillo que hemos andado hoy. Y como este es un blog de viajes en moto, no sé yo si debería escribir algo hoy. Porque de moto, poco. Pero para que no decaiga, y por si alguno viene a Dublín un fin de semana con prisas, al menos os cuento qué hemos visto hoy.

Hemos dejado la moto muy cerquita del Trinity College, o lo que es lo mismo, en el mismo centro de Dublín. De allí callejeando un poco, tocaba hacer la típica foto al Temple Bar por la mañana, cuando aún no hay casi nadie y puedes ver su llamativa fachada escarlata. Muy cerca de allí, los sábados como hoy se abre el Temple Bar Food Market, donde pequeños puestecitos venden comida para llevar además de verduras frescas y otros vegetales ecológicos. 

A pocos metros teníamos el Ha’penny Bridge, donde desde hace ya casi un siglo nadie te cobra medio penique para cruzar el río Liffey, pero se sigue llamando así entre los locales y turistas. No creo que nadie le llame Wellington Bridge, que es como se llama. Al otro lado del río nos interesaba el Moore Street Market, un mercado callejero de frutas y verduras. Pero que la verdad me pareció un poco decadente, con  pocos puestos y solamente de fruta. Me esperaba un lugar bullicioso y colorista pero no fue así. 

The Spire. La escultura más alta del mundo, dicen. Una espina. Un palo. Una cucaña. Un poste. Así como metálico y de 120 metros de altura. Te gustará o no. Pero verla la verás seguro.

Y después de este breve recorrido, fuimos a lo importante, lo que tenía ganas de volver a ver: el Trinity College y su magnífica Old Library. La biblioteca antigua, vamos. Allí se guarda el Book of Kells, un libro que para los irlandeses tendrá mucho significado, pero que en España entre códices calixtinos y otras mandangas no nos quedaríamos cortos y no le damos tanto pábulo. Pero lo que es la propia biblioteca te embriaga los sentidos. El de la vista, que te aturde de ver tantas y tantas estantería repletas de libros que agotan el Pantone dedicado a los libros antiguos. El marrón, vamos. El del oído, porque entre tanto libro, y a pesar de la gente que había, se nota una especie de vacío especial. Y sobre todo el del olfato, por esa mezcla alucinante de olor a libro y a madera antigua. 

Las catedrales de Christ Church y de St. Patricks, bueno… Hemos estado, pero hemos renunciado a gastarnos el sueldo en la entrada. Hemos visto mejores y más bonitas. Y mira que me fastidia, pero solo pago en iglesias cuando realmente creo que merece la pena. 

Y por supuesto, otro paseo agradable por Grafton Street, viendo tiendas y más tiendas. Y músicos callejeros, la mayoría muy buenos. Aquí desde Bono y U2, hay nivel. Y por último y gracias a la insistencia de Belén, por lo que le doy gracias, nos pusimos a cazar las famosas puertas de colores de Dublín que puedes ver en cualquier postal. Una collage bien chulo que ha salido. 

Y ahora a dormir, que mañana a eso de las 8 y pico sale un ferry destino Gales. Que hay que pensar en comenzar a volver. Con unos regresos de esos que nos gustan a nosotros: que no sabes si vuelves o si vas. Bona nit. Click.