Tras el cambio de planes de ayer para llevar la moto de Belén a Cork, a uno de los dos únicos concesionarios BMW de toda Irlanda, hoy debíamos pasar la mañana de alguna forma mientras esperábamos a mediodía para recogerla. Una fuga de líquido refrigerante proveniente de la bomba de agua. Nada serio pero que nos podía fastidiar el viaje si no se arreglaba. 

–Hemos cambiado la junta, pero no hemos podido cambiar la bomba– dijo Marc, el encardado de taller. –Las piezas llegarán en una semana– agregó. Era una mala noticia. En una semana ya debíamos estar en Gran Bretaña camino del Eurotunnel. 

–Pero hemos sellado el orificio de drenaje, por donde perdía líquido. Ya no lo hace– dijo intentando cambiar de cara a otra menos funesta. Y es que a Belén, sin entenderle lo que decía, hacía ya un rato que su cara le estaba asustando.

–¿Y con eso podremos seguir viaje?– pregunté.

–Es un apaño provisional– dijo. –Si fuera mi moto la dejaría en el taller esperando las piezas– añadió. –Pero ya me habéis comentado que no tenéis esa opción. 

Vale, la situación es esta: la moto ya no pierde líquido, aunque la bomba “no funciona correctamente”, según sus palabras. Peor estábamos ayer. 

–¿Y cuánto tenemos que pagar?– pregunté para dejar ya cerrado el tema.

–Nada– contestó. No hemos podido arreglar el problema, así que no os podemos cobrar nada–. Sea en España o en Irlanda, me siguen sorprendiendo para bien los talleres oficiales BMW. 

La cosa es que después de consultarlo con mi mecánico online de confianza me desaconsejó encarecidamente que dejara ese orificio de drenaje tapado, ya que si no había un lugar por donde aliviar la presión, la cosa podría ir a peor. A muy peor. Así que en la primera parada que pude, intenté quitar el tapón de una especie de resina que le habían puesto al drenaje. Lo conseguí en parte. La moto seguía sin perder líquido refrigerante, y el tapón estaba tan debilitado que un aumento de presión seguramente lo rompería del todo. Si eso pasara, solamente tendríamos que seguir reponiendo el refrigerante y listos. Supongo…

Pero vamos al tema. Ayer dormimos en Cobh, el último puerto donde recaló el Titanic antes de ponerse a chocar con icebergs. Y todo el pueblo está volcado con el tema. Memoriales ahí, pubs temáticos allá… Además, su catedral tiene el campanario más alto de toda Irlanda. Y es un encanto de pueblo. Un acierto. Luego hemos ido a dar un garbeo por pequeños pueblecitos del West Cork, donde las ensenadas y los pequeños cabos se van sucediendo, dejando a su lado pequeños pueblos de coloristas fachadas como Kinsale

Hoy hemos descubierto la R575, otra carretera que entra dentro de mi lista de mejores carreteras que he recorrido. Es la parte final del Ring of Beara, justo desde donde sale el desvío a la isla de Dursey (donde si vas, deberás meter el vehículo en un teleférico), cerca de Lambs Head. No me lo esperaba, después de recorrer la parte sur de la península, que mola pero tampoco era para tanto Así que esperaba que la parte norte sería más o menos igual. Craso error. Hay un momento en el que las peninsulillas, los cabos y las pequeñas ensenadas se van sucediendo mientras la estrecha carretera serpentea adquiriendo algo de altura para después bajarla, como jugueteando con la orografía. Espectacular. Ah! Y todo eso aderezado con los más verdes colores irlandeses. 
Y luego, el Healy Pass. Lo cogimos en dirección norte. Y al principio no parece un pass. Va zigzagueando en el llano verde esquivando grandes rocas rosáceas. Las curvas de radio insinuante te van dotando de altura y perspectiva finalmente, para observar su dibujo caprichoso desde arriba. En la cima un gran crucifijo de un blanco que contrasta con el fondo verde (¿os he dicho ya que Irlanda es verde?) te da la bienvenida a la cara norte. Allí, sin tanta floritura, la carretera te abofetea con unas vistas espectaculares de la península de Beara, con un fotogénico lago a tu izquierda. 

Y con todo eso llegamos a Tahilla, un no-pueblo (o sea, que tiene nombre y eso, pero no son más que cuatro casas desperdigadas) donde dormiremos hoy con el repiquetear de la lluvia sobre nuestras cabezas. Mañana, si la autoridad, el tiempo o el líquido refrigerante no lo impiden, conquistaremos el Ring of Kerry. Bonanit. Click.