Como se supone que esto es una crónica y que tengo que contar lo que nos pasa a diario, vamos a ello. Aunque prefiero siempre incidir en alguna anécdota o hecho que me haya llamado la atención durante la jornada. Pero si hoy hago eso, me centraré en que POR FIN HEMOS VISTO EL SOL MÁS DE TREINTA SEGUNDOS SEGUIDOS y no os contaré todo lo demás, que ha sido mucho.

Todo ha empezado en la isla de Skye, poniéndonos los trajes de moto que seguían chorreando del día anterior. Pensábamos durante el desayuno -por cierto, pedazo de desayuno con vistas- que iba a ser un asco, pero mira, tampoco ha sido para tanto. Un poco de fresco, y a esperar que el viento lo seque. Pero no, no se podía secar si seguía lloviendo. Un txirimiri de esos calabobos. A ratos un girón en las nubes nos mostraba cómo de intenso podía ser un verde, pero eso era en contadas ocasiones.

El castillo de Eilean Donan, ahí flotando en el lago es siempre un momento a recordar. Llueva o no. De hecho ni me acuerdo si lo hacía en ese momento. Unas fotillos desde el parking y a seguir, que teníamos ferrys reservados de entrada y salida de la isla de Mull, y no me gusta hacer tarde a estos eventos. 

La isla de Mull nos recibe con más y más agua. Al principio, ni fu ni fa. Pero seguramente era por el agua. Nos hemos parado en su pueblo más turístico, Tobermory. Buah!! ¡Qué preciosidad de colores en sus fachadas! Seguía lloviendo, así que nos hemos refugiado en un restaurante a comer la sopa del día y una hamburguesa de agnus de Aberdeen. Mientras fuera parece que quería dar un respiro.

Hemos seguido rodeando la isla por su parte norte, cuando al parecer quiso parar de llover. De hecho, vimos la porción de cielo azul más grande en lo que llevamos de viaje. Si a todo eso le unimos unas vistas de ensueño, el placer ha sido casi absoluto. Solamente lo empañaban lo malas de las carreteras. Single track y llenas de gravilla. Y mojadas. What else?

Por supuesto, entre tanta borrachera de sol y de colores, se nos iba haciendo tarde para el ferry de salida de la isla, así que los castillos previstos los hemos dejado para otra ocasión. Bueno, el de Duart lo hemos podido ver desde el ferry hacia Oban. 

Y en Oban… Sol!! Una puesta de sol como hacía tiempo que no habíamos visto. Y todo ello mientras dábamos cuenta de un tradicional  con su vinagre y todo. Ha sido un momentazo que hemos compartido con un par o tres de osadas gaviotas que se han empeñado en probar nuestro cod y nuestro haddock

En definitiva, bien está lo que bien acaba. Y hoy nuestros trajes de moto han acabado secos. Ya era hora. Bona nit. Click