Escocia para mi son carreteras estrechas, serpenteantes y rodeadas de enormes colinas verdes. Acabamos de entrar y ya nos la hemos encontrado de bruces. Una muy buena antesala de lo que nos espera, es la A708, entre Moffat y Bowhill. Unos 40 kilómetros que hemos disfrutado mucho. Había que negociar las curvas con cuidado, porque en cualquier momento te encuentras unas ovejas en medio del camino que te miran perplejas mientras rumían moviendo sus mandíbulas rumiando como si mascaras chicle. “Mira, otros locos de las motos”, parecen decirse mientras pasábamos a su lado. 

Porque por esa carretera seguro que pasan muchos moteros. De hecho, nos hemos encontrado unos cuantos. Cosa curiosa es saludarse. Porque cuando conduces por la izquierda es difícil levantar la mano derecha dejando el gas. Así que te limitas a hacer un gesto de asentimiento con la cabeza. Al parecer, es el típico saludo motero británico. 

Y es que conducir por la izquierda al final se asimila. Aún tenemos que tener cuidado en los cruces y rotondas solitarias, pero es cuestión de práctica. Aunque hoy me he dado un par de sustos. Uno, por no saber dónde mirar en un cruce y sorprenderme al ver aparecer ese enorme camión. Pero el más grande ha sido en una rotonda, cuando hemos oído un estruendo. Lo primero que he pensado es que me había equivocado al girar y algún vehículo se acercaba chirriando rueda. O a tenor del fuerte ruido, dando vueltas de campana. Hasta he encogido los hombros esperando el impacto. Pero no era nada más ni nada menos que un Panavia Tornado de la RAF haciendo una espectacular pasada baja sobre la autopista. Quizá ha sido la primera vez que he sufrido una pasada de un caza, más que disfrutarla.

¿El resto de día? Pues comenzando por la espectacular campiña inglesa donde hemos comido, sobre todo vista desde el aire, ha sido un cúmulo de luces y sombras. Claro, seguro que te interesan las sombras, que da más morbo… Pues fracaso de las ruinas de Fountains Abbey, demasiado cara la entrada solo para hacer un par de fotos. Y estrepitoso fracaso del Sayme Ling Victory Stupa. Porque a ver… ¿para qué se me ha ocurrido visitar un templo nepalí en medio de las montañas escocesas? Muy típico no parece, no. Pero es que en mi descargo, el templo sale en la guía turística que compramos, así que pensé que no estaría mal… Pues eso. Un fracaso. 

Y el final del día, en Jedburgh Abbey, para quitarnos el gusanillo de visitar una abadía en ruinas. Y todo ello amenizado por un regimiento de gaiteros tocando marchas escocesas de fondo. Una flipada.

En definitiva lo mejor de todo es que se acabó el “viaje de puro traslado”. Hemos atravesado media Europa para llegar donde queríamos empezar. Ya estamos en Escocia. Y eso, querido amigo viajero, es garantía de éxito. Mañana empezaremos a disfrutarla al máximo.