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Hay una canción infantil catalana que habla de que cuando llueve y hace sol, las brujas se peinan. Mira que le doy vueltas a la letra, y no le encuentro sentido. Aunque tampoco le encontraba sentido a lo del patio de mi casa, que es particular. Que si llueve se moja como los demás… Nos ha jodido! Pues entonces no será muy “particular”. Es más bien “del montón”, de los que se moja cuando llueve… Pero a lo que íbamos: al peinado de las brujas cuando llueve y hace sol. Pues hoy, las brujas se han reunido en akelarre todo el santo día en un Llongueras. Todas con cardados, mechas o lo que sea que se peinen las brujas. Porque hemos tenido sol y lluvia para aburrir [Inciso: la Bruja Lola no debe entrar en la categoría de las brujas que se peinan, no? ¡Dos velas negras!]

Aunque bien mirado, que llueva y haga sol es bonito por muchas cosas. Los arco iris, por ejemplo. En este viaje tenemos un máster de arco iris. Creo que he visto más arco iris en estas dos últimas semanas que en toda mi vida. Y son bonitos. Coloridos y todo eso. Y a veces hasta quedan bien en las fotos.

Otra ventaja de que llueva y haga sol es que te mojas, pero te secas enseguida. Tampoco tienes una idea clara de qué hacer, si quitarte el chubasquero o ponértelo. Porque siempre suele pasar que en cuanto te lo quitas, comienza a llover. Y en cuanto te lo pones, sale el sol. Al final he optado por dejarlo puesto todo el santo día.

En cuanto a la ruta de hoy, varias cosas destacables. Hemos tomado un atajo para no pasar nuevamente por Hamburgo. Eso nos ha hecho coger un ferry para salvar la parte final del Elba, en Glückstadt. El último ferry del viaje. Hemos tenido suerte, porque lo atravesamos con relativa facilidad, en unos veinte minutos ya estábamos embarcados. En sentido contrario, había una cola que lo menos tardarían dos o tres horas en tomarlo. Además, nada más salir del ferry nos hemos encontrado la carretera cortada porque a unos cuantos habitantes de Wischhaffen les ha dado por montar una cabalgata con cuatro tractores. Alemania profunda.

Después, comida en Bremen. Me encanta la plaza central, con sus edificios regios y su catedral. Ya estuvimos hace dos años, y no podíamos dejar de pasar hoy, ya que estábamos tan cerca. Y continuamos ruta por las carreteras secundarias alemanas. Es un placer circular entre los bosques de árboles altísimos, que forman sobre nosotros una cúpula de un verde intenso, sobre todo cuando sale el sol. Alemania es el país de los túneles verdes, sin duda.

Y nuevo país, Holanda. O mejor, Países Bajos. En cuanto pasas la frontera, se nota el cambio. Carreteras impolutas, con enormes carriles bici a ambos lados. Y su canal correspondiente, frente a casitas bajas con los más cuidados jardines que te puedas imaginar. Se respira paz y tranquilidad en cada uno de los pueblecitos. Me encanta Holanda. O mejor dicho, los Países Bajos.

A poco de llegar a Giethoorn, el final de etapa de hoy, las cosas de la lluvia y el sol nos regalan una postal. A lo lejos, por el oeste, las tormentas aún descargan agua. Los enormes cúmulo-nimbos tienen un color rosado que se refleja en uno de los múltiples lagos de la zona. El sol se adivina entre las cortinas de agua. Hace mucho tiempo que no vemos una puesta de sol. También puede ser porque venimos de la tierra de los días y de las noches perpetuas, pero sea como fuere, tenía ganas de puesta de sol. Y de estrellas. Porque esta noche, el cielo está repleto de estrellas. Ya verás cómo mañana nos mojamos.

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