Hoy el día debería haber sido genial. Y puede que lo fuera. Pero en realidad no tengo ganas de contarlo. No tengo ganas de recordar que esta mañana llovía y que la vista del lago cercano a Amsterdam me daba una tranquilidad casi irreal. No quiero recordar que luego dejó de llover y que incluso salió el sol.

No me apetece pensar en las carreteras holandesas, todas rectas y casi sin tráfico. Holanda es un país de rectas. Rectas en los canales, en las carreteras y en las autopistas. No viene a cuento decir que continuamos fisgoneando en las casas a través de sus enormes ventanales. Casas acogedoras, espaciosas y familiares.

No quiero acordarme de la entrada en Alemania, donde todo cambió en un segundo. Las rectas se tornaron curvas, los pastos campos de cereales y los jardines simples patios. No quiero pensar en las autopistas alemanas, continuamente en obras y con limites de velocidad de 80km/h.

No me gusta pensar el lo relajado que parecía Bremen ese domingo. Ni tampoco en sus tejados de cobre verde que brillaban al sol del mediodía. No tengo ganas de acordarme de las veces que me preguntaron por la moto, de dónde veníamos y hacia dónde íbamos, a pesar de que la BMW había vuelto a su país natal.

Tampoco me apetece contaros el inolvidable encuentro con Coco en Hamburgo. Ni el paseo por el lago, ni la suculenta cena ni las cervezas en compañía de una agradable charla. No tengo ganas de contaros que somos una gran familia y que hacemos por vernos allá donde tengamos ocasión.

Y es que hoy me enteré de lo de JC Nokalkorretant. La pérdida de uno de los nuestros te hace poner los pies en el suelo y darte cuenta de que lo que hacemos es peligroso. La muerte acecha detrás de cada guardarrail. Mañana podría ser yo, es cierto. Viajar en moto es sublime, si. Te da vida. Y también te la puede quitar. Pero quizá en ese riesgo está parte de su placer. No por ser peligroso vamos a dejar de montar en moto. Seguro que a Juan Carlos no les gustaría que dejáramos de hacerlo. Mañana me levantaré, me vestiré de motero, me pondré el casco, miraré al cielo y sonreiré. Porque allá arriba tenemos un ángel más que vela por nosotros. Un ángel que nos hace ráfagas para que veamos el camino con claridad. Y mañana seguiremos disfrutando a pesar del dolor. Va por ti, Juan Carlos. Contrastes.